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martes, 23 de octubre de 2012

West Side Story - Robert Wise y Jerome Robbins

West Side Story es una película que me costó mucho ver entera. En 2003 o 2004 intenté verla por primera vez porque tenía que aprenderme dos de los bailes de Bernardo, uno de los protagonistas, y ya de aquella me di cuenta de que lo que es la parte puramente musical y coregráfica de la película er completamente genial. El problema era... bueno, todo lo demás. La segunda vez que intenté ver esta película fue en el verano de 2011, creo que en la Sexta 3, en un hotel en Albacete. Aquella vez tampoco acabé de verla, pero no por aburrimiento, supongo que sencillamente tuve que salir del hotel. No lo recuerdo con exactitud. Y ahora, en este ciclo que estamos haciendo de musicales (algo más espaciado en el tiempo que el atracón de sangre y vísceras) decidí que había llegado la hora: había que ver West Side Story.


West Side Story es una adaptación de Romeo y Julieta en el West Side de Nueva York en la que las bandas son (o se creen) las dueñas de la calle. Las bandas enfrentadas son los Sharks, de origen puertorriqueño, y los Jets, de origen europeo. Los Sharks están liderados por Bernardo (George Chakiris), chulesco y gran bailarín. Los Jets estaban liderados por Riff (Russ Tamblyn) y Tony (Richard Beymer), pero este ha dejado la banda y se ha puesto a trabajar. Una noche se reúnen todos para un baile y Tony y la hermana de Bernardo, María (Natalie Wood), bailan y se enamoran el uno del otro. Eran otros tiempos.

Correcto Robert Wise, gran Jerome Robbins...

La película tiene dos cuerpos casi completamente diferenciados. Uno es el cuerpo musical y dancístico de la película, dirigido por el coreógrafo Jerome Robbins, y el otro es la adaptación que se hace de Romeo y Julieta, la historia de la película, dirigida por Robert Wise. El primero es soberbio. El segundo es como es. Lo cierto es que la adaptación, conceptualmente, está muy bien pensada: el ambiente oscuro y sucio, el ajuste temporal, la actitud de familia de las bandas. Muy bien, sí. Pero se queda ahí. Los personajes enzarzados en el romance (y los actores que los encarnan) no acaban de convencer (sobre todo Tony), a pesar de que, por ejemplo, Chakiris y Rita Moreno, que interpreta a la novia de Bernardo, Anita, realizan un buen trabajo. La historia, tal como se cuenta, resulta a menudo demasiado empalagosa y demasiado lenta. Y el final me dejó con la sensación de encontrarme ante una Julieta sin redaños, sin el valor suficiente para ser Julieta... una Julieta edulcorada.

Una vez combinadas las dos partes el resultado es vistoso y adecuado, aunque personalmente sigo pensando que la parte musical queda oscurecida por el resto de la película, incapaz de enfrentarse a cualquiera de esas peleas casi circenses de movimientos rápidos, exagerados y perfectamente sincronizados.


Puede verse un ejemplo de esto a partir del minuto 5:34.

Un mérito, en cualquier caso, es el retrato de un ambiente tan sucio y tan violento como en el que se centra la película desde la óptica del musical; por una parte magistralmente acercado desde esas peleas de las que hablaba, pero por otro por la elección de los decorados y el manejo de la tensión desde el mismo principio de la película, que siendo increíblemente lenta es capaz de controlar en todo momento la tensión que subyace. Los chasquidos de los dedos, los silbidos, las persecuciones y encontronazos entre bandas, las discusiones intrabanda... todo ayuda a mantener la tensión que ya existe en las lentas dos horas y media que dura la película.

... y perfecto Bernstein

Pero si hay algo que consigue que la película brille, si hay algo que la caracteriza (bueno, aparte de las magníficas bailuchas) es la increíble banda sonora de Leonard Bernstein que usa variedad de voces, mucha percusión, mucho viento y mucha cuerda. 30 instrumentistas de los cuales algunos tienen que encargarse de varios instrumentos dentro de la misma canción.

La música de West Side Story juguetea como ninguna con la alegría, con la tristeza, con la sencillez y con la complejidad. Toda la película está llena de contradicciones y la música no podía ser menos.

Entre las que más rápido y fácilmente gustan nos topamos de frente con America, que es una de las canciones que más suele calar entre el público. Tiene una sonoridad divertida que entra por el oído y no se va. Es una canción pegadiza, es potente, rápida y muy divertida en la que las mujeres puertorriqueñas se posicionan a favor de las ventajas que les da Estados Unidos respecto a una mucho más restrictiva (para ellas) Puerto Rico; mientras que los hombres dan una visión mucho más pesimista sobre el país, sobre las dificultades, sobre que cualquier hijo de europeos nacido en Estados Unidos se considere más americano que ellos que son de familias puertorriqueñas. Hay otras canciones como I feel pretty, que es otra de las canciones más conocidas, también muy alegre con toques muy latinos; como Tonight (yo diría que repopularizada, si es que tal cosa es posible, por Glee) o con Maria (que aunque en el fondo es empalagosa hasta dar arcadas, suena fantástica).

Las piezas puramente musicales, sin una sola voz, en cambio, resultan por momentos muy áridas, frenéticas y alocadas; e intercambian momentos muy tranquilos con arranques puramente histéricos. Y son largas, muy largas. 5, 6, ¡y hasta 9 minutos! Por lo que leí en internet a mucha gente se le atragantan. En realidad no me parece raro, pero sí un poquito triste, porque son unas piezas increíbles. Os dejo con dos de ellas: West Side OvertureWest Side Prologue.

Por otra parte, la canción más larga, la de Dance at the gym, no me parece de las mejores, la verdad, aunque tiene momentos puntuales muy lucidos. Y creo que uno de los mashup con dos de las canciones de la película queda un tanto torpe, como se puede oír al final de Quintet.


Nota: 7. Algunos de los aspectos de West Side Story son realmente magníficos, pero me pareció que la película sufría constantes altibajos que empañaban muchos de los logros que iba mostrando. Los verdaderos aciertos de las contraposiciones (baile-lucha, inmigrantes-nativos), los trucos de dirección y la impresionante banda sonora se enfrentan a ciertas crisis de ritmo, un final que parece extenderse durante demasiado tiempo y, finalmente, una cierta edulcoración que, a mí, al menos, me decepcionó ligeramente. Si tuviera que elegir, no obstante, un único momento estelar, elegiría el de cuando los Jets y los Sharks discuten con la policía e ironizan sobre cómo el mundo los ha hecho ser cómo son. Solo que no hay verdadera ironía, sino solo un disfraz. Un momento increíble.


Y como añadidos os dejamos con
—el homenaje de Coca-Cola cuando anunció Zero

—el momento Scrubs