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lunes, 29 de octubre de 2012

Los mercenarios - Sylvester Stallone

Los mercenarios es una película que, pese a todas sus carencias (que son prácticamente incontables), tiene un gran mérito, una gran verdad que la ampara de casi cualquier crítica: Los mercenarios no intenta engañar a nadie. Es una película vacía de todo cuanto no sean tiros, explosiones, hostias y otras manifestaciones de testosterona importada del cine de acción de aquellos locos 80.


La peli es mala. Hay quien dirá que es «mala pero...», quizá «mala pero te ríes» o «mala pero un guiño al género» o lo que sea. Pero no, lo siento, solo es mala. ¿Tiene momentos que valen la pena? Sí, sin duda. Tiene momentos puntuales que sí son pura representación y puro guiño, pero el culto que parece haber surgido en torno a este subproducto, a esta fantasía húmeda de viejas glorias, casi todas venidos a menos, es absoluta, completa e innegablemente inmerecido.


Barney Ross (Sylvester Stallone) dirige a un equipo de mercenarios que toman las misiones que a todos los demás les parecen una locura. Y si ven que es posible llevarlas a cabo (o hay suficiente recompensa), allá van. Esta vez les tocará ir a pararle los pies a un caudillo militar sudamericano, aunque quizá las cosas no sean tan sencillas como parecen a simple vista. Y eso que a simple vista ya parece un acto suicida hasta la médula.

Sylvestrito, Sylvestrito, ¿quién es el peor director del mundo entero?

Y es que el trabajo de dirección de Stallone es... estoy buscando una palabra que suavice el golpe, pero no la encuentro, la verdad. Stallone como director es inmundo, así, a sacopaco. Es insoportable. Sí, incluso para ser una peli «del género». Hay escenas que tal vez merecieran la pena estando bien grabadas, pero así no. Sin más. Cámaras en mano caóticas y temblequeantes, seguimientos demasiado rápidos y primeros planos que, aparte de no tener actores que los soporten con profesionalidad, parecen no venir a cuento de nada. Todo falla. Todo.


Es que Los mercenarios es una película de acción y solo importa la acción, ¿no? Eso es la excusa barata. Terminator 2 es una película de acción y no hay que defenderla diciendo que «para ser de acción es buena». Es buena y ya, como esta película es mala. Mala y ya. Ni «es que es de acción» ni leches.

Hay un par de actores que se defienden ligeramente (en cuanto a su interpretación, me refiero) pero el resultado es, casi de forma constante, horrible. Stallone está muy mayor para estas lides, otros se conservan algo mejor, pero en general la sensación es de estar presenciando «violencia geriátrica» y la magia que pudiera ver se rompe por completo.


Destellos de lucidez de una mente maculada

En algunos momentos muy concretos y escasos la película parece que ha tenido algo de trabajo guionístico detrás. Es posible que la dirección sea la cosa más esperpéntica de los últimos años, pero hay un par de escenas que bien por el humor o por la calidad del diálogo (que a poco que no sea horrible se contará entre los mejores momentos del filme) destacan bastante sobre el resto:

—en primer lugar tenemos la contratación de los Mercenarios. Un tipo de la CIA (Bruce Willis) reúne a los jefes de dos agrupaciones de ancianos psicópatas, Ross y Trench (Arnold Schwarzenegger, quien ostenta el dudoso honor de ser el mejor intérprete de dos malas películas con muchos actores a cada cual más lamentable: Batman y Robin y esta que ocupa la reseña de hoy) y les ofrece la misión. Trench la rechaza y dice que es un suicidio y que solo un imbécil aceptaría ese trabajo. ¿Y quién es ese imbécil? Bueno, aparte de eso, que tiene gracia por sí mismo, Chuache se aleja y sale del punto de reunión, que era una iglesia, y se permiten hacer un chiste con que «es que quiere ser presidente...». El guiño queda completo y divertido.


Os dejo con el tráiler, si os gusta, probablemente, os gustará la película.

—la otra es una escena de Tool (Mickey Rourke) en la que se articula el monólogo más largo de la película, que para más inri resulta ser la aportación más interesante de toda la película (explosiones aparte), por mucho que sea un tópico algo ridículo y bastante reduccionista. Tampoco es que tenga mucha competencia dentro de la película, claro.



Nota: 3. La película se deja ver. Pero eso es todo lo que tiene, porque la dirección quizá sea la peor que he visto nunca, los actores son infames en su mayor parte y el trabajo de guión es... digamos que muy escaso. ¿La recomiendo dentro de su género? No, hay pelis «de machos» mucho mejores que Los mercenarios... y mucho más divertidas. ¿Su fama? Ni idea, sinceramente. Quizá si se hubiesen centrado en la parte divertida del asunto la cosa mejorase, pero tal como está no creo que funcione ni como mero espectáculo de tiros y explosiones que, al menos, huyen de los efectos digitales con lo que en el futuro no se verán más cutres (a Dios gracias).