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miércoles, 17 de octubre de 2012

Boss (1ª temporada) - Starz

Es una serie del 2011 creada por Farhad Safinia, guionista de Apocalypto. Empecé a verla en su momento y aunque el piloto me llamó bastante la atención, al final, debido a exámenes, entregas de proyecto y demás acabé dándola de lado. Y no volví a interesarme por ella hasta que un excompañero de facultad empezó a hablar de Boss en twitter con bastante frecuencia. Y al final me decidí a verla entera.


El primer vistazo

Boss nos pone cerca del alcalde de Chicago, Tom Kane (el increíble Kelsey Grammer), un hombre poderoso e influyente que sufre una enfermedad cerebral degenerativa, demencia con cuerpos de Lewy, que acabará con él completamente imposibilitado. Para reducir o ralentizar el efecto empieza a tomar una serie de medicamentos que le provocan alucinaciones, lo dejan confuso y demás; lo que en su caso puede ser especialmente problemático.

El alcalde tiene una familia destrozada. Su esposa, Meredith (Connie Nielsen) sigue con él por su destino político, aunque nada tienen ya que ver el uno con el otro. Ambos son padres de una hija, Emma (Hannah Ware), a la que rechazaron cuando se metió en el mundo de las drogas, pues seguir a su lado les traería mala imagen. Una hija que ayuda a los enfermos sin seguro en una iglesia. Uno de los personajes más torturados y tristes dentro de esta historia profundamente depresiva y desencantada.

El alcalde, decíamos, es un hombre poderoso y mueve sus fichas en el ajedrez político del estado, apoyando a diversos candidatos al senado. Y ahora se respiran tiempos de cambio. Es hora de buscar sangre joven, como la del tesorero Ben Zajac (Jeff Hephner). Mientras se aprovecha para enseñarnos el lado sucio de la alcaldía, los negocios turbios, los contactos oscuros que se dominan con amenazas y medias verdades.


La fórmula

La dirección de esta serie es una de sus características más peculiares, realmente obsesionada por unos primeros planos que rozan un punto algo enfermo, obsesionado por las bocas y los ojos. Unos primeros planos centrados en los ojos y en el borde del globo ocular, que a veces se ve ante la cámara como una especie de eclipse. Si unimos a esos primerísimos planos las secuencias desenfocadas, como las luces de los coches en el tercer capítulo o como la escena sexual del episodio piloto, tenemos ya bastantes de las claves visuales de esta serie en sus momentos más identificativos. Contextualización lejana, primeros planos de las caras, planos más cercanos de ojos y bocas y una gran parte de la imagen desenfocada, sin nitidez. Esto ayuda a configurar un sello particular, es la forma de Boss, y es extraña, algo desagradable y muy humana, como toda la serie. Sin duda, un acierto.

Con el paso de los capítulos se abandona bastante esta tendencia aunque se recupera para el episodio que cierra la temporada. Sinceramente, espero que en la segunda temporada hayan optado por mantener esta forma de hacer las cosas.

Toda la fotografía está bastante cuidada, pese a la apariencia casi de documental que tiene normalmente. La serie es muy realista, huye de las grandes cosas y eso le permite centrarse en una fotografía muy contrastada, muy oscura. Los exteriores diurnos tienen una luz poco intensa (salvo excepciones, generalmente relacionadas con otros personajes), aunque lo parece mucho si lo comparamos a la asombrosa oscuridad de los interiores, en los que un puñado de luces muy anaranjadas y pobres parecen ser muchas veces la única iluminación disponible. Lo que contribuye al aspecto fundamentalmente triste y desencantado de la serie.

Luz para Ben y Kitty

Luz para el señor Kane

Y quizá los tiros vayan efectivamente por ahí y por eso la redacción periodística, pese a que funciona como funciona esté especialmente iluminada. Es la verdad, la investigación y la buena labor periodística. Es la luz, supongo. Lo cierto es que las escenas en las que aparece el periodista son tan brillantes que solo pueden ser comparadas a las del púlpito de la iglesia. Supongo, pues, que es algo completamente intencional.

La música de la serie guía el capítulo pero lo hace sin ningún tipo de brillo. Generalmente basado en piano suave, que suena muy de fondo y muy por debajo de las voces y los ruidos del entorno, como los motores, los móviles, etc. Aunque las largas secuencias de final de temporada sobre el Claro de Luna de Beethoven son realmente majestuosas.


Los temas

Me gusta especialmente cómo juega la serie con los matices de la personalidad de Kane. Me encantó el juego que se trae entre manos desde que nos lo presentan como un hombre implacable, en ese primer capítulo en el que castiga brutalmente la oreja del concejal Lalo Mata (Ricardo Gutiérrez) hasta la increíble conversación que mantiene a punto de cerrar la temporada con su jefe de gabinete, Ezra Stone (un impresionante Martin Donovan). Y por supuesto la falsa relación con su esposa, los intentos de que nadie descubra su enfermedad y la desesperada forma en que intenta volver a acercarse a su hija. ¿Puede sentir algo Tom Kane?


Y es que quizá los puntos más dramáticos de la serie sean sobre los sentimientos de Tom Kane, un hombre implacable y duro. Alguien que antepone el fin a cualquier traba moral, económica o de cualquier otro tipo. Kane, con Ezra, ha llevado a cabo un gobierno duro por el bien mayor de Chicago. Eso piensan, al menos. Para ello, en realidad, ha renunciado a todo, convirtiéndose en un personaje con el que resulta difícil empatizar y al que resulta difícil apreciar. Es una persona poco humana, o así se muestra; por eso mismo, quizá, los momentos centrados en los sentimientos del alcalde ganan tanto peso y se muestran tan brillantes. Personalmente me voy a centrar en tres momentos que voy a marcar como spoiler porque se producen, todos, en los dos últimos capítulos.
  • La traición de Ben Zajac. Zajac, así de simple, es un nadie. Es un tesorero del estado venido a más, un hombre que se cree un león siendo un perrito un poco baboso. Siempre ha sido un pelele (de Kane, de la oposición o de su esposa) y lo único que consigue por sí mismo es seducir a Kitty. Con Kitty en el saco y la oposición a Kane más envalentonada que nunca, la traición cobra cuerpo. Y es un duro golpe para Kane,  sobre todo por la participación de su propia esposa, Meredith Kane, que vemos que en primer lugar reacciona de forma triste, algo desolada. El titán ha sido tocado, y le duele. Pero el titán es un hombre vengativo, un hombre con recursos. Un hombre sin piedad.
  • La solución. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Me pasé casi toda la serie creyendo que Tom se había acercado a su hija por su relación con las drogas, porque sospechaba que podía conseguirle los medicamentos que necesitaba sin llamar la atención. Pero la solución que plantea a su crisis, una traición a su amor (el fin justifica los medios, supongo que pensó Tom), se muestra increíblemente dramática. Tom parece realmente destrozado cuando le dice a su hija: «Te quiero. Pero no hace falta que...», y parece sufrir una nueva herida cuando esta contesta «y yo a ti, papá». ¿Cómo sospechar que Tom va a destrozar ese pilar recién arreglado? Grande.
  • Acciones y reacciones. Hace mucho que el señor Kane ha perdido su, por llamarlo de algún modo, brújula moral. El fin justifica los medios, sí; pero cuando el fin lo vale. O eso piensa Ezra Stone, quien en una perfecta conversación con Kane le explica por qué hizo todo lo que hizo, por qué lo traicionó completamente. Kane ha perdido el norte y hará cualquier cosa para mantenerse en el poder. Y debe abandonarlo. El cierre de la conversación, en la que Ezra filosofa sobre qué es un castigo, algo más que una venganza, una lección para los que puedan pensar en lo mismo... es sencillamente espectacular. Ezra Stone, elegante y coherente hasta el final. Perfecto.

Una de las cosas que menos me ha gustado, en cualquier caso, es el tratamiento del sexo en general de la serie. Hay unas cuantas ocasiones que son bastante expresivas o que consiguen transmitir mucho gracias a la forma en que se graban o a las circunstancias, gracias a los diálogos o al lugar; pero muchas veces parecen escenas completamente gratuitas destinadas a lucir los cuerpos de las actrices, sobre todo el de la impresionante y sexy Kitty (Kathleen Robertson, de quien cuesta mucho aceptar que vaya a cumplir 40 años); otros, en cambio, que venían mucho más a cuento y serían brutales para la trama se quedan en mera insinuación para ¿no herir sensibilidades? No sé, no le vi la coherencia, sinceramente.



Nota: 8,5. La serie tiene un arranque que puede pecar de lento y, a la vez, de complicarse a sí mismo. El número de personajes secundarios, las pequeñas y grandes tensiones entre ellos y la forma de ir desgranando la historia me recordaron mucho a la forma en que David Simmons nos llevaba al narcotráfico de Baltimore en The Wire. Boss falla en pequeños puntos concretos que se dejan caer sobre la serie, pero la sensación general es la de encontrarse ante una serie sólida, poderosa y muy dura, que mejora mucho en sus capítulos finales.

Y os dejamos con la intro, que es preciosa:
Boss opening credits from Julio C. Piñeiro on Vimeo.