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viernes, 12 de octubre de 2012

El último trabajo del señor Luna - César Mallorquí

Este libro forma parte de una pequeña pila que Cris (de la que os hablé en Momo) me trajo un día como «libros de infancia que debería haber leído». Leí varios en aquel momento, luego los aparqué porque sí, sin ninguna razón aparente y ahora los he retomado en parte porque La Ilíada mermó mi interés por una lectura más densa y en parte porque tampoco era plan usurpar sus libros más tiempo. Comprensible, ¿no?


Infantil, lo que se dice infantil... pues no

Y en este regreso a sus recomendaciones empecé por este El último trabajo del señor Luna. Mi amiga no me lo vendió muy bien, es decir; me dijo que este libro le encantaba, que debería leerlo de los primeros y que me iba a gustar mucho, sí; pero yo tenía en mente que se trataba de un libro puramente infantil (de hecho, a mí el título me sugiere libro infantil de manual; disculpad mis prejuicios), así que podéis imaginar mi cara de extrañeza cuando empiezo el libro con: «1. El asesino». Ese título de capítulo parecía insinuar que el libro no iba a ser como me esperaba. El hecho de que en ese capítulo se nos contase como el feroz líder de un cartel de drogas boliviano, Aurelio Coronado, contrataba a este asesino (que esta vez responde al nombre de Luna) para matar a una sudamericana en Madrid... no disipó mi sorpresa. El libro acababa de autodefinirse como literatura juvenil (claro que podría haber prestado atención a la portada, donde sobre una banda roja pone en mayúsculas: «GANADOR PREMIO EDEBÉ LITERATURA JUVENIL». La verdad es que salvo que el diseño me atraiga especialmente... no suelo prestar especial atención a las portadas).

Esa es la historia, el señor Luna viaja a Madrid para acabar con doña Flor Huanaco, trabajo por el que cobrará medio millón de dólares. Doña Flor trabaja como empleada del hogar en casa de los Sousa, que tienen un hijo superdotado, Pablo, que forma parte de un programa de educación especial en el colegio Alberto Magno. Pablo es un chico extremadamente inteligente y con enorme aptitud para las matemáticas pero con una gran fragilidad emocional. Poco a poco, por supuesto, Luna se va a acercando a su objetivo y la vida de Pablo se hace cada vez más difícil. La de doña Flor, cuya gran ambición es vengarse del líder del señor Coronado, por supuesto, también.


Ritmo, ritmo, ritmo

El último trabajo del señor Luna luce un ritmo imparable. «Ritmo, ritmo, ritmo», es como un mantra. Es una novela veloz, ágil y muy bien contada. Los personajes se perfilan a toda velocidad pero dejando siempre matices para ir conociéndolos un poco más. Tienen personalidades muy marcadas que los contrasta mucho y los hace fácilmente reconocibles: Luna es sobrio, eficaz, comedido y profesional; Tachito es gilipollas perdido y un despiadado mequetrefe con ínfulas de grandeza; Víctor es el típico malote; Pablo tiene el complejo de protagonista inteligente (en serio, seguro que hay un problema psicológico real que haga referencia a este arquetipo) y doña Flor es una mujer fuerte, cariñosa, firme y deseosa de venganza. El resto de personajes están mucho menos definidos y son poco más que un esbozo de sí mismos. Esto permite que la novela sobrevuele los hechos. Así, a vista de pájaro, esta historia de venganzas enfrentadas, del bien, el mal, el dinero y las drogas transcurre a toda velocidad entre aventuras, descubrimientos y una sucesión imparable de acciones y reacciones.

César Mallorquí no consiente que sus lectores se aburran con esta novela. Si en algún momento parece que el ritmo va a decaer... es mentira. Hay una gran máxima para esta novela, y es el mantra, es el «ritmo, ritmo, ritmo».


Los destellos

Este libro tiene algunas cosas que están magníficamente pensadas o, al menos, magníficamente plasmadas. Como el ritmo es atroz y no da tregua, por supuesto, estos detalles se encasquetan en la historia, se disparan contra la misma y quedan incrustados. Por ejemplo, algo que me gustó bastante, conceptualmente es «La República de los Sabios», tal como el resto del colegio se refiere peyorativamente a los alumnos del programa especial. Ya ese trato despectivo está bien conseguido, relativamente inocente pero fiel a lo que uno podría esperar encontrarse. Los problemas de todos esos niños que intelectualmente se encuentran tan por encima de la media pero que se topan con un trato muchas veces demasiado difícil y distante por parte de otras personas. El intento de suicidio de uno de ellos con el que empieza la historia, la metedura de pata del psicólogo Mendizábal. Esa parte está increíblemente bien plasmada. Esa mezcla de lo bueno y lo malo de ser «mejor».

También me gustó especialmente el intento de Víctor Muñoz por entrar en el grupo de neonazis y la actitud de Fote. Creo que todos esos ingredientes están muy bien llevados. Tienen una presencia algo escasa en el libro, es verdad; pero siempre que aparecen me dejaron con la sensación de que eran como debían ser.

La caída

Pero este libro tiene un momento en el que, realmente, la cosa decae. No voy a decir que el final sea malo, ojo; pero sí voy a destacar que no está a la altura, que esta loca sucesión de acontecimientos merecía otra cosa. ¿Qué se merecía? Es una pregunta justa, pero lo cierto es que no tengo una respuesta clara. Quizá un final más desencantado e imprevisible fuese una buena opción. En realidad podríamos argumentar que Luna es un asesino infame, que se queda libre y que eso tiene su desencanto; pero desengañémonos, los lectores (y me incluyo) adoramos a Luna. Luna es uno de esos personajes que conquistan. Su actitud fría, su meticulosidad, su paciencia... incluso la forma en que estalla es puro carisma. No queremos que le pase nada a Luna y mucho menos que vaya a la cárcel por los horribles crímenes que seguro que ha cometido. Luna es Darth Vader, Luna es Moriarty, Luna es cualquiera de esos villanos a los que uno antepone al bien y a los mismos héroes. Luna es El Personaje.

En cualquier caso, decía, el libro acaba decayendo en sus últimas páginas, que por una parte pecan de excesivamente peliculeras y por otra, una vez llegadas al epílogo, parecen cerrar todo un poco de mala manera. Lo cierto es que creo que el libro dejaría mejor impresión obviando el epílogo, que parece atar las cosas a machetazos.



Nota: 8. Como novela de aventuras juvenil El último trabajo del señor Luna es difícilmente mejorable, aunque un final que parece abandonar el sobrio realismo que ha cultivado el resto del libro y un epílogo, en mi opinión, algo descuidado, empañan el recuerdo de una, hasta entonces, vertiginosa lectura.