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lunes, 22 de octubre de 2012

Gladiator - Ridley Scott

Pocas cosas recordaba ya de esta película más que un par de momentos épicos completamente descontextualizados, seguramente por repetición y referencias múltiples durante estos años. Recordaba la vistosa dirección de Ridley Scott, la profusión de peleas en la arena, mucha sangre y una correcta película de acción. Unos cuantos años dejando que respire y que no se qué de los taninos no han hecho que la película mejore, la verdad.


Soy Máximo Décimo Meridio

Gladiator nos presenta a Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe), comandante de las tropas del norte. Un machote y el favorito del emperador Marco Aurelio, que lo adora más que a su propio hijo, un indigno, cobarde y mezquino jovencito llamado Cómodo (Joaquin Phoenix). Cuando Marco Aurelio pone al corriente a su hijo de su intención de dejar a Máximo como Emperador de Roma para que reinstaure la república, el joven explota, asesina a su padre y se mete entre ceja y ceja hundir a Máximo.


La película no tiene más que lo que parece tener a primera vista. Tiene sangre, muertes y odio visceral. Y ya está. En el apartado técnico, insisto, tiene una dirección magnífica y un reparto competente, en el que destacan Phoenix y Crowe, que soportan muy bien el peso de sus personajes. Alguno podría destacar también la música, pero la banda sonora de Gladiator siempre me ha parecido, sencillamente, aburrida. El revisionado no ha cambiado esa impresión. Hay una pieza que me gusta mucho y la repiten varias veces, así que por momentos casi me da la impresión de que en realidad me gusta, pero es mentira, es solo que han vuelto a poner la misma pieza épica (que, con todo, entera me parece igualmente aburrida).

Los personajes de la película son bastante toscos. Que sí, que van a lo que van, pero es que eso peca de exceso (o de carencia, en realidad no sabría decirlo). Máximo es el héroe, sí, claro que sí, es el héroe todoterreno que vale para roto y descosido, es el favorito del emperador, un titán moreno y curtido, el mejor general del ejército, el mejor combatiente, es carismático y se zumbaba a la hija de Marco Aurelio. Vale. ¿Podemos aceptar barco? Bueno, venga, va; somos buenos, aceptamos barco. Cómodo, hijo de Marco Aurelio, es El Otro Lado de Máximo, es un joven rubio de aspecto algo afeminado que evita participar en la guerra porque es un cobarde, es ladino, es cruel y... se quiere zumbar a su hermana. Con lo caprichoso que es, imagináos la pelotera de que esta, como todo el mundo —que claramente conspira en su contra— también prefiera a Máximo. Lucilla (Connie Nielsen) es la mujer de marras, siempre intentando que todo el mundo esté a bien con ella. Máximo nos la presenta como una zorra despiadada, pero la verdad es que durante la peli siempre transmite la sensación de ser una persona muy puteada por la vida. El resto de personajes son apenas un boceto, la mayoría de ellos están ahí para que Máximo les dé órdenes en la arena, para fundamentar que siga habiendo escenas sangrientas de estas chulas y para que Cómodo pueda demostrar cómo es de malo. Que está muy loco, ¿eh?


El valor seguro de Ridley Scott

Pero lo cierto es que el señor Scott, para bien o para mal, tiene un valor (casi) seguro y es que se trata de un gran director. Cada película que estrena tiene esa especie de sello de garantía. Dirige películas y está clarísimo que lo hace muy bien. Las escenas de Gladiator son pura delicia, la fotografía es muy buena y el montaje es espectacular; las coreografías de lucha, algunas, están muy bien pensadas (aunque a veces se pasan de intentar lucirse y caen en el saco de «Por Dios, que acabe ya») y la sensación que deja la sucesión de imágenes es muy recreativa. Scott trabaja muy bien y, en cuanto al apartado técnico de sus películas, hay que reconocerlo, se rodea de gente que trabaja genial.

Pero también es cierto que Ridley Scott parece rehuir de los grandes guionistas. Alguno podrá decir que Gladiator no tiene los problemas de guión de Prometheus, pues sí, es verdad, no hay ningún científico que parezca demasiado imbécil ni hay una recién abortada haciendo cabriolas; pero lo cierto es que el villano (que es demasiado villano) es demasiado imbécil y la lucha tras ser vilmente apuñalado de Máximo también se las trae. Y el hecho de que caiga justo a continuación, en plan teleserie noventera... eso sí es un poco imperdonable, un guiño a todos esos personajes que mueren justo cuando le han dicho a sus hijos, que los abrazan llenándose de sangre, que los quieren. No es que eso me estropee especialmente la sensación de la película, pero me parece destacable que en Gladiator, esas cosas, no parezcan importar a nadie y en otras películas sean motivo de drama.

Curiosamente, una de las partes que más me gustaba de la película está muy poco explotada. Hay una serie de pasajes semioníricos-semiinconscientes en los que Máximo ve cosas. Se abandona la luz amarillento-anaranjada de la película y se pone una iluminación mucho más blanca y más intensa, con cierta sobreexposición, que aumenta el contraste de los elementos. Pero tiene una presencia muy escasa, suspongo que había que decidir, o ponemos la enésima lucha a muerte o estiramos esto un poco más, y ganó la lucha a muerte. Hay otras escenas, rememorando el hogar de Máximo, con su mujer y su hijo, todo muy gris, que también son una preciosidad. Los contrastes entre la parte más normal de la película y estas dos ¿ensoñaciones? crea un efecto visual maravilloso que es, con mucho, de lo mejor de la película.


La dificultad de llenar dos horas y media

Y es que 150 minutos no se pueden llenar con cualquier cosa. Gladiator parece tocar a su fin al cabo de 90 minutos exactos, si os digo la verdad. Máximo, cubierto con un casco, ha llegado al coliseo y ha triunfado, el emperador, la cobardía personificada que es Cómodo ha bajado a saludar al misterioso luchador, al que desarman para recibirlo pero que tiene una flecha en el suelo al alcance de la mano, y la coge. Y ese era un momento perfecto. Zas, en el ojo y hasta el cerebro. Pero no, aparece el niñito y entonces la película dura una hora más en la que se repiten las peleas, la pieza épica de la banda sonora y las miradas húmedas entre Máximo y Lucilla.



Bajo mi punto de vista, la película ganaba mucho con ese tijeretazo brutal y despiadado a más de un tercio de su metraje. Magia enana, vamos, de enanos cineastas.



Nota: 6,5. La película es cumplidora, que conste; Crowe y Phoenix se lucen, las luchas son muy vistosas y el sonido de la película es muy bueno (el ruido de las armas, los pasos, los golpes, los vítores, el público del coliseo...), pero la duración de la película me acaba resultando excesiva, la música aburrida y los personajes algo insoportables. Por supuesto no es de lo peor de Scott, pero de lo mejor tampoco.


Otras películas de Ridley Scott:
El octavo pasajero.
Los duelistas.
Prometheus.