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viernes, 22 de junio de 2012

Los juegos del hambre - Suzanne Collins

Este es el libro con el que estrené el Kindle (quizá en otra ocasión hable del cacharro, por si a alguien le interesa tener datos de primera mano sobre el aparatito). Me ha llevado bastante tiempo leerlo, la verdad es que con las prácticas en empresa, tras esas 8 horazas de ordenador no me apetecía nada ponerme a leer al llegar a casa. Ver una peli sí, tirarme en el sofá y no hacer nada también; leer o jugar a la consola no.

El caso es que Los juegos del hambre me ha gustado mucho más de lo que esperaba; y eso que confío plenamente en la persona que me lo recomendó y me lo hizo llegar. Coincidimos bastante y, en cualquier caso, sabe cuando algo que le gustó va a gustarme a mí y cuando no; pero admito que Los juegos del hambre... no sé, me echaba para atrás: tal vez los prejuicios asociados al fenómeno adolescente-juvenil, tal vez la pinta del tráiler (ya lo he comentado por aquí, no me gusta; aunque ahora, tras leer la novela me disgusta menos, todo sea dicho). En cualquier caso, mis sospechas eran infundadas, Irati tenía razón y el libro me ha gustado mucho.


Los juegos del hambre es una distopía juvenil, al menos en su forma (personalmente considero que tiene detalles bastante adultos, pero a grandes rasgos podemos admitir «pulpo» como animal de compañía y categorizarla en distopía juvenil), y plantea un escenario en el que Estados Unidos está dividido en un Capitolio y 13 distritos subyugados. Un día los distritos se rebelan y el Capitolio los aplasta como a bichos y para que no se vuelvan a rebelar instaura Los Juegos del Hambre, un recordatorio de «a nosotros, queridos ciudadanos de los Distritos, NO se nos tocan las pelotas». Los Juegos del Hambre se celebran una vez al año, el proceso es siempre el mismo, cada distrito (ahora son 12, porque cuando el Capitolio los aplastó como a bichos, al decimotercero lo exterminó por completo) envía a un chico y a una chica de entre 12 y 18 años de edad a algún lugar y allí luchan a muerte, en un programa televisivo que se emite en todos los Distritos. El que sobrevive se convierte en una celebridad y vive una vida de lujo y oropel. El resto mueren, claro; era una lucha «a muerte» de verdad, no rollo de mentirijillas.

El distrito 12 se especializa en la minería y se le llama La Veta (si no es así, quejas a Wikipedia; que mi lectura, esta vez, fue en el original inglés) y sus tributos para la septuagésimo cuarta celebración de estos juegos son Katniss Everdeen y Peeta Mellark. La historia nos la cuenta Katniss y, a decir verdad, es una gran voz narrativa. Esta chica de 16 años es un personaje muy directo, franco y creíble. Su historia alcanza, su tristeza es triste, sus dudas son emotivas y su épica es trepidante. Katniss es una gran protagonista y la señora Collins la explota a la perfección. El hecho de que la muchacha hable en primera persona, a decir verdad, consigue que todo sea demasiado cercano con ella, con lo que facilita la aproximación y la empatía con su personaje, que aunque a veces parezca algo frío y descorazonado, es el personaje que nos está hablando, casi, cara a cara.


El desarrollo en sí es bastante normalito. Tampoco os voy a llevar a engaño. Los puntos fuertes de este libro son otros: es el planteamiento, el universo narrativo, es El Capitolio, los distritos y, por supuesto, los macabros Juegos, ese reality show terrible. Y Katniss y su forma de transmitirnos las cosas. De hecho, a pesar de la escasísima presencia de los otros participantes, yo llegué a empatizar mucho con Rue, por poner un ejemplo. Tímida sombra, pícaro de nivel medio entre el hatajo de patanes que eran gran parte de los contendientes.


También es cierto que algunas cosas sí que no me han gustado. Creo que los Directores de Juego (no sé cómo habrán llamado a los Gamemakers , la verdad, yo elijo «Directores de Juego», en un guiño a mis lectores roleros) a veces toman unas decisiones que aburren y estropean el interés del juego. Lesionar terriblemente a alguien es una puta mierda, así de claro lo expongo. Incluso dentro de la idea de ver cómo unos adolescentes se matan de forma terrible con lanzas, piedras, espadas, hachas y arcos; incluso aceptando esa premisa... lesionarlos de forma pseudodivina es horrible, aburrido y lesivo para el juego. Es mi opinión por supuesto. Otra cosa que no me gusta se deriva directamente del tipo de narración elegida, y es todo lo que pasa de espaldas a la cámara. Como la historia la cuenta Katniss hay muchas cosas que pasan sin más, porque ella no se entera de cómo o cuándo pasaron exactamente. Esto, para Collins es una ventaja increíble porque hay muchos momentos que los apaña con que pasaron y ya está, pero a veces sí eché de menos cierta explicación al respecto. No es una gran queja, que conste, comprendo que las bondades que obtuvo con esta narración compensan con creces a lo que tuvo que renunciar.




Nota: 7. Los Juegos del Hambre es una obra entretenida, amena y de ánimo hostil. Es bastante flamígera y protestona y, sinceramente, creo que va mucho más allá de la historia que cuenta dentro de la arena. Lo importante es todo lo demás, es lo que pasa de fondo, y creo, sinceramente, que consigue transmitirlo desde su increíble sencillez. Bastante recomendable.