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martes, 5 de junio de 2012

John Carter - Andrew Stanton

La verdad es que he tardado en decidirme a ver John Carter, basada en Una Princesa de Marte, de Edgar Rice Burroughs (más conocido por ser el creador de Tarzán, las decenas de adaptaciones al cine se han encargado de que así sea), debido, sobre todo, a las horribles críticas que cosechó a su paso. Los carteles no me prometían mucho, la verdad, y las críticas tan malas que tuvo minaron por completo mi intención de verla.

El caso es que uno de mis amigos, una de esas personas de las que, personalmente, creo que tienen buen criterio, dijo que la película estaba «bien», en su intención de ser correcta sin más y un agradable pasatiempo. Sus palabras no fueron esas, pero la intención estaba ahí. Y el caso es que al final vi la película y, sincera y simplemente, la película está bien. Sí, en su intención de ser una correcta película de aventuras y hacer pasar al espectador un rato entretenido. Tal cual.


Andrew Stanton, director y guionista de la casi perfecta Wall-E y de Buscando a Nemo y únicamente guionista de las películas de Toy Story, entre otras, (vamos, que el hombre es la mitad de Pixar) se introduce en el mundo de la imagen real con pies cautos (esto es, dejando un gran porcentaje al mundo del ordenador) y proporcionando una sencilla historia de aventuras y descubrimientos, con tiempo para la acción (que es un poco... mediocre), para el romance y para sacarse una segunda historia que, para mí, es lo mejor de la película. Con mucho. Up tiene la historia de amor, ¿sabéis? Esa que en 10 minutos hunde a Crepúsculo en la fosa oceánica de la que nunca debió haber salido: R'lyeh, o algo así; y John Carter tiene la historia de Carter y Burroughs, la herencia y la paranoia. Y es grande. También tiene poca presencia respecto a los 130 minutos de la película, pero es una guinda perfecta para la película.

John Carter trata sobre las aventuras y desventuras que un hombre así llamado, un hombre de mal vivir que busca una mina de oro mientras la caballería y los indios se sacan los ojos unos a otros, vive en Marte, adonde ha sido teleportado. Allí lo esperan aventuras, una gravedad inferior, civilizaciones con superficie corporal de color verde, pseudogriegos a bordo de barcazas voladoras impulsadas por energía solar y, por supuesto, la princesa de Marte.


John Carter es... tópico. Es lo que cabe esperar de una adaptación no ridícula de una aventura pulp: tiene escenarios muy evocadores, un diseño de vestuario asombroso lleno de complicados y coloridos ropajes y ornamentadas armaduras, tiene infinidad de lugares que explorar, vastísimos yermos desolados en los que cualquier peligro puede surgir de repente. Sí. La verdad es que la película, en ese sentido (no sé el relato original, lo cierto es que no lo he leído) no creo que vaya a sorprender a nadie. Ya hemos tomado esa sopa antes, pero era una sopa rica.


Puntos fuertes:
—La música, obra de un casi siempre genial Michael Giacchino, al que le empecé a seguir la pista con Perdidos y casi nunca me ha defraudado. Tira un poco de ese sonido algo mecánico del que abusó todo cuanto quiso en la serie antes mencionada, en Fringe y en Super 8, pero en general tira a algo mucho más sobrecargado, con una gama de sonido mucho más amplia de lo que es habitual en él:



A partir de 1:22 y hasta 2:08 la combinación de sonidos me parece increíble.

—Los secundarios:
Dominic West (McNulty en The Wire), James Purefoy (Marco Antonio en Roma) y Bryan Cranston (Eisenberg en Breaking Bad) son razón suficiente para destacar este apartado, pero es que además añado al siempre asombroso Willem Dafoe y a Polly Walker (Atia en Roma) que aunque solo pongan voz a sus personajes ultradigitales, son épicos como siempre. Los protagonistas cumplen sin más, ¡pero menudos secundarios!


«No podía soportar eso sobre mi conciencia. Y sí, tengo una»


—Los primeros pasos en gravedad anómala. No sabría explicar por qué, pero a mí esa escena me pareció maravillosa. Sé que no tiene nada, pero... no sé, grande y punto.

Nota: 6,5. John Carter no va a revolucionar el mundo del cine y ni siquiera va a suponer un pilar para el cine de aventuras contemporáneo (un género que, personalmente, considero que está de capa —y espada— caída), pero en cualquier caso supone un entretenimiento digno, siempre que uno consiga hacer la suspensión de la incredulidad necesaria para no preguntarse por qué lo hace tan especial saltar como un loco cuando hay teleportaciones. Pero vaya...