Google+

martes, 18 de enero de 2011

El manantial de la doncella - Ingmar Bergman

El manantial de la doncella es una película de 1960 del maestro sueco Ingmar Bergman. Y es grandiosa. Porque es de Bergman.






La película premia a los cristianos, porque son buenos y puros y maravillosos, mientras que la que cree en los dioses nórdicos es una zorra de cuidado a la que no quieren ni los perros. Una preñada por un cualquiera, abandonada; la sierva de la familia, Ingeri, una criatura que me sigo preguntando si era mujer o bestia. Luego haré una reinterpretación de este párrafo, porque —en realidad, en términos de pérfida moral, premia ampliamente a los no cristianos.


El caso es que esta familia tiene una hija rubita, monísima-estúpida (o exageradamente inocente, para los más políticamente correctos y Lau), Karin, que actúa de manera invitadoramente seductora incluso con su propio padre. Me pareció muy difícil obviar un matiz tirando a incestuoso en su relación: cómo aproxima su cara a la del padre, como tuerce la cabeza, mira de reojo y entreabre los labios para conseguir lo que quiere. En fin, paranoia mía, por supuesto. Esta hija consigue, pues, vestirse con sus mejores galas para ir a la iglesia, ella sola, porque ya se ha perdido la misa y va a hacer una ofrenda, acompañada de esa chica-bestezuela que es la criada, quien le desea el mayor de los males.


Spoiler.
Por el camino, tras separarse de la criada que finge estar mal para quedarse atrás y dejarla sola, la joven noble es abordada por tres pastores que la violan y la matan después, en una escena impactante, cruda y repugnante. Una gran escena, de hecho; ya que consigue el absoluto rechazo de los espectadores. Luego, por casualidades del destino, estos hombres acaban hospedados en el hogar del noble para pasar la noche y cuando los pastores intentan vender el vestido de la chica a la que acaban de violar, con lo que el padre se ve obligado a tomar cartas en el asunto.
fin de spoiler.




Lo cierto es que la película combina puntos fuertes y puntos débiles, en mi opinión —en realidad se trata de una película casi mundialmente reconocida y que gusta a justos y pecadores por igual—: la imagen es increíble, el juego de luces y sombras (es en blanco y negro) que permite una narración prácticamente verbal —hay largos momentos carentes de todo diálogo—, sin desmerecer por ello las intervenciones de los personajes, que tienen bastante fuerza, o el resalte verbal de los colores por parte de Karin para que todos sepamos cómo era su vestido me pareció adecuado y, a su manera, ingenioso. No obstante, el ritmo prácticamente inexistente, el toque místico —que me pareció un poco vacío, pero muy apropiado para la época— y la sobreactuación de algunos actores —salvo que mi primer juicio sobre la aparente falta de un hervor (o dos) de Karin sea cierto— me decepcionaron ligeramente.


Una posible interpretación, sobre el silencio de Dios y blablablá, es que no se quiso entender el mensaje de Bergman. Sueco. Aviso de nuevo porque esto vuelve a contener un spoiler.


Es el Dios cristiano el injusto. Es el Dios único y todopoderoso el cruel e indiferente a los dolores humanos, o tal vez el inexistente y figurado. Ingeri pide un castigo a Odín, pide ayuda (venganza, más bien) y le es concedida. Odín escucha y da. Dios Todopoderoso no. Esto, y volvemos a lo de antes, me parece bastante claro contando el enfrentamiento de las escenas. Se ve a Ingeri pidiendo ayuda a Odín a oscuras, en secreto, con fuego y demás; y la siguiente escena es la de los padres de Karin rezando a Dios Padre.






Nota:6. Una imagen terriblemente poderosa con una iluminación increíble y una buena narración visual.