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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Braveheart - Mel Gibson

Dijeron los de la Academia del Cine estadounidense, los tipos esos que dan los Oscar, que era la Mejor Película de 1995. No pongo en duda que sean personillas con mucha más idea de cine de la que yo tendré jamás, creo que todos somos conscientes de que este blog es, en esencia, un fiel reflejo de la política mundial y española en particular, una dictadministradura, vaya. Y, lo siento, amigo Mel, mi opinión sobre tu película es bastante negativa. Bastante, bastante negativa.


No recuerdo cuándo fue la primera vez que vi Braveheart, supongo que fue durante el año 96, porque la vi directamente en vídeo. En aquel entonces era un crío de 8 o 9 años, dependiendo del momento exacto, y las películas «de hostias» me gustaban como al que más. Braveheart no era una película «de hostias», o si lo era... flaqueaba. La película de Mel era, en esencia, aburrida. Supongo que de aquella no desgrané cada uno de los pequeños detalles que me echaban atrás de la película, pero aprovechando que El País ha sacado una colección de las películas más relevantes desde 1976, que Laulau tenía ganas de volver a verla, y que esos 15 años entre mi anterior visionado y el momento presente habían difuminado mucho mi claridad de opinión sobre la película; le di otra oportunidad.

Craso error.


Bueno, creo que esto ya lo he comentado otras veces, pero me parece notar cierta predilección de la gente que da los Oscar por las películas largas. Cerca de las tres horas parece que es la duración perfecta. Braveheart, pues, dura sus increíbles 2:50 horas, de lo que para mí es, en gran parte, hastío inenarrable.

Braveheart nos cuenta la historia de un valiente William Wallace que tras que su familia sea asesinada a mano de los sucios perros que son los ingleses, se va a vivir lejos con unos parientes; y cuando vuelve, viendo la oprimida situación de su pueblo, consigue alzarlo en guerra contra la tiranía del sur.

Bueno, ya aclaro que no me voy a meter con su rigor histórico, que por lo que sé es bastante escaso en los detalles. Eso me importa poco, así que si buscabais un discurso encarnizado a ese respecto... esta no es vuestra entrada.

Braveheart cuenta con unos paisajes increíbles (de hecho fue enteramente grabada en Escocia e Irlanda), una horda de extras y una sencillísima —a veces demasiado sencilla— historia épica.

La película empieza situando al William Wallace niño y a esa familia que, como ya he dicho, va a caer asesinada ante los ingleses. Los primeros minutos avanzan a ritmo normal, hasta el minuto 8 o 9, en el que cae la primera escena súper ñoña de la película, en la que la niña adorable, Murron, que tiene evidente química con el pequeño William que, como todos sabemos, se resolverá cuando William sea adulto —al fin y al cabo, de mayor será Mel Gibson, y mojar en caliente es una obligación para todo machote en una película— le regala un cardo. El símbolo nacional de Escocia.

«Tu corazón es libre, ten el valor de seguirlo».

El director, que también es Mel Gibson, aprovecha para presentarnos a los ingleses, al afeminado (y claramente homosexual) príncipe sin valor ni resolución, a su eficiente y valiente esposa y al rey, que es el implacable, férreo y capaz estratega militar y social. Es Tywin Lannister, vaya, pero con más pelo. En el bando de los enkiltados escoceses tenemos a William y a Hamish (el siempre grande Brendan Gleeson, al que podéis recordar de Troya y Gangs of New York, por ejemplo) y Murron (Catherine McCormack).


Luego, como en el minuto 40, muere Murron y ya se lía. William Wallace se adentra entre las garras de los ingleses mal nacidos que han matado a su esposa (se han casado en secreto para que el noble inglés no disfrute del derecho de pernada del que dispone), entra tranquilo y a caballo ante la atónita vista de todo el mundo, que lo ven inerme, pues cabalga mostrando las palmas de las manos. Con toda la calma del mundo, estilo cámara lenta, echa las manos detrás de su muy poco escocesa cabeza como rindiéndose; y entonces saca un nunchaku (WTF?), se hace con una espada, reparte a diestro y siniestro, lanzamiento de espada voladora incluido (vamos, que lo ve Obi Wan y se caga de miedo); luego agarra un martillo, luego con sus propias manos... luego con un ¿palo? y finalmente un cuchillo con el corta la garganta al que cortó la de Murron. Aunque en el caso de la muchacha no se vio la herida, porque era una mujer y estaba buena, supongo; como el caballero inglés es un viejales sí se ve, sucia y horrible. Total... no ponía cachondo a nadie, parafilias raras (no mainstream) aparte.

Y aquí empieza la parte guay de la peli. Quedan dos horas de guerra, largas conversaciones y algunos de los extras que menos lo viven de la historia del cine. Como los muchachos que gritan «Wallace, Wallace» cerca del minuto 45. Nobles ingleses ruines y malvados y nobles escoceses judas-traicioneros completan el pastel.


Personajes:
William Wallace (Mel Gibson): valiente, noble, fuerte, ágil. El Puto Héroe, vamos. Un gran líder y un gran combatiente, un buen estratega y el hombre que consigue que los desharrapados escoceses visualicen un mundo mejor y se lancen a morir como perros.
Robert the Bruce (Angus Macfadyen): el legítimo rey de Escocia, un hombre de buenas intenciones, pero sin la resolución necesaria para echarle pelotas con sus propias ideas. Y muy mal aconsejada por el leproso (Ian Bannen).
Longshanks (Patrick McGoohan): despiadado e implacable rey de los ingleses. Frío, calculador y, por momentos inhumano. Un rey ha de hacer lo que ha de hacer.
Princesa Isabelle (Sophie Marceau): la mujer del incapaz hijo de Longshanks, el príncipe Edward. Fuerte, capaz y con voluntad propia... aunque claramente moja braguitas con William Wallace. Es una mujer y él es Mel Gibson; Marge Simpson la entiende perfectamente.
Aunque, el personaje que más me gusta (pese a tener una importancia más bien escasa), cómo no, es el irlandés Stephen (David O'Hara), que parece constantemente ido y absolutamente loco. Su mirada, su risa... me encanta.


Una escena: hay varias que son realmente grandes, aunque voy a destacar la de «Hijos de Escocia, soy William Wallace (...) y veo un ejército de compatriotas reunidos para desafiar a la tiranía. Habéis venido a luchar como hombres libres, ¡y hombres libres sois! (...) Puede que nos quiten la vida, ¡pero jamás nos quitarán... la libertad!», en parte por lo memorable y referencial que se ha vuelto. Está claro que la escena ha conseguido su propósito. Mel puede sentirse orgulloso.


Así, aunque la película no me gusta, me parece que va siendo soportable. Larga, un poco tediosa, pero soportable. Pero entonces llegamos a ese momento ¿épico? final en el que se condena a Wallace, en el que lo torturan a la vista de todos y se le exige perdón; pero él aguanta, todo estoicismo; y cuando ya termina todo, cuando lo están eviscerando miserablemente, cuando solo le piden el grito de clemencia, él, todo pelotas, grita: «¡Libertad!». Quizá a muchos esta escena les parezca épica... o súper viril, a mí me pareció eterna, aburrida, heroicamente estúpida y muy de novelucha.

Todos los ingleses son pintados como unos cerdos sin escrúpulos, con un toque que en general roza el de villano de opereta, lo que acaba siendo gracioso. Y en versión original la película cuenta con el divertimento añadido de Mel Gibson hablando raro entre todos los escoceses con sus acentos cerrados. Eso me parece grande, grande.

Premios
Oscar: fotografía, edición de sonido, maquillaje, director y película. Otras 5 nominaciones.
Bafta: escenografía, vestuario y sonido.
Globos de oro: director. Otras 3 nominaciones.

Curiosidades:
-La mujer de William Wallace se llamaba Marian, pero como la de Robin Hood también, decidieron llamarla Murron para no confundir al público. ¿En serio? Qué mala opinión tienen del público...
-Mel Gibson tuvo que pactar con la Paramount que él haría de Wallace para poder hacer la película. ¡Esto explica tantas cosas!


Por último, añadir que el comentario sobre la película que trae la colección de El País, a cargo de un tal Andrew Sim (escocés y redactor del Herald Tribune)... es un horror que se va de tema de lo lindo y justifica ciertas carencias de la película en el hecho de que otras veces se ha caído en esa misma carencia. Una maravilla, vamos.


Nota: 3,5. Me parece que ciertos factores técnicos de la película están muy conseguidos y que la dirección es más que buena. El resto, hay muchas actuaciones que no me gustan; el guión me parece planísimo, salvo un par de puntos, y excesivamente previsible, la música me empieza gustando mucho pero acaba pareciendo muy poco presente y muy poco importante. La búsqueda del heroismo cae, en mi opinión, en momentos de puro absurdo hiper hormonado que solo puede ser defendible en una película de Van Damme, Schwarzenegger o Chuck Norris. La elección del reparto es aceptable, aunque creo que justo el personaje de William Wallace y el de Murron... podrían haber parecido más escoceses.


Ni cuando la vi hace años, ni ahora puedo entender la fama y fantásticas críticas que Braveheart levantó y levanta a su paso.