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viernes, 4 de marzo de 2011

Stalingrado - Joseph Vilsmaier

Stalingrado es una película de 1993, la película —en su momento— más cara del cine alemán.

Hasta la imagen de la carátula es grandiosa.

La verdad es que el cine bélico alemán... me parece magnífico. Das boot, El hundimiento y ésta así lo afirman. Stalingrado es una película magnífica, cruda, realista y desprovista de todo heroismo sobre la batalla de Stalingrado.

Un grupo de soldados, condecorados por su actuación en el Alamein, pasa un tiempo de reposo en Puerto Ciervo (Italia) hasta que es asignado a Stalingrado, la que sería una de las batallas más sangrientas de la IIGM. A través de los ojos de estos soldados, personas normales asustadas y con ganas de volver a sus casas, la película sigue el brutal desarrollo de la guerra y de la tragedia.

Es el principio un inicio extraño e inesperado. Para empezar, las personas parecen verse muy bien contra el fondo, tal vez sea parte de la remasterización para DVD, o algo así, pero llama la atención cómo se ve. Como gran parte del resto de la película es de iluminación sucia, oscurecida por el humo, la nieve o las cenizas, esto no se notará tanto en adelante, pero como entrada se hace raro. Le da una bonita artificialidad, que se compagina de mil maravillas con el tono tranquilo que la película tiene en Puerto Ciervo. También desde el mismo principio queda claro que la música, sin ningún tipo de lucimiento, se integra a la perfección siendo un buen acompañamiento para la imagen.

La guerra está retratada al margen del heroísmo que se le duele dar al otro lado del Atlántico. Supongo que se debe, en parte, a la orgullosa participación de unos en todas cuantas guerras pillan por banda, y a la actuación alemana en la IIGM. Quizá no sea más que cierta vergüenza humilde, pero la guerra se muestra asquerosa —algunas escenas son realmente repugnantes— y antiheroica: los soldados tienen miedo al dolor y a la muerte, están tristes y desesperados.

La nieve y el hielo le dan el último toque visual a la película. A su endiablada sobriedad se le unen los paisajes abiertos, nevados y salpicados de coníferas, en la que los tanques, cuando llega su momento, lucen como pocas veces antes, en una secuencia tensa, impactante y, tal vez, la parte más épica de la película. Una gran secuencia, toda ella, con los alemanes agazapados en sus heladas trincheras, mientras las orugas de los tanques saltan la estrecha y casi invisible hendidura en la nieve. Además, Vilmaier juega especialmente los pocos ases visuales que tiene Stalingrado: la oscuridad en el camión, esas personas que se ven sólo fragmentadamente según se mueven; la tenue luz parpadeante de las llamas y la terrible desesperanza de los soldados, que toca techo con la huida de Stalingrado del último avión nazi. Seguro que todos los que hayan visto la película saben de qué escena hablo, un momento increíble grabado con toda la frialdad necesaria. De lo mejor de la película.

Un gran maquillaje y vestuario, magníficamente lucidos por un reparto intachable, y un final completamente desmoralizante —y totalmente acorde con la tónica de la película— ponen el punto final a las cosas buenas que nos dio Vilsmaier en esta magnífica muestra de cine bélico.

Entre sus cosas malas destaco que el doblaje castellano no me gustó especialmente y que los subtítulos tenían una cantidad de faltas intolerable. Tonterías como «a tí», «éso» o «iros», pero ya que la gente paga por el producto, podían escribirlos bien, digo yo.

Nota: 8,5. Una muy buena película, un reparto impresionante y unas cuantas escenas sencillamente perfectas.



Como curiosidad, el primer guión era de Cristoph Fromm, pero no gustó su mayor realismo y se reescribió. Fromm quitó su nombre de los créditos.