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miércoles, 23 de marzo de 2011

Motín en la Bounty - John Boyne

En esta ocasión leí el libro en gallego, así que desconozco por completo qué tal estará en castellano. Suelo leer en castellano porque lo hago más rápida y eficientemente, pero en esta ocasión me dejaron el libro y estaba en gallego.




¿Qué decir? Admito que me ha parecido un libro terriblemente divertido. No lo imaginaba así, imaginaba una narración más densa, más agobiante y oscura, pero la frescura, el ritmo y los puntos negramente divertidos con los que están contados hasta los hechos más lúgubres le da al libro un espíritu propio, un aire de novela de aventuras impagable.



Boyne nos presenta a un jovenzuelo, John Jacob Turnstile, que se gana la vida como carterista en la pérfida Inglaterra y que oculta un oscuro y triste pasado. Un día, por suerte o por desgracia, a gusto del consumidor, aunque puede que su opinión varíe a lo largo de la novela, habla con un caballero francés al que roba y así, sin comerlo ni beberlo, se ve embarcado en la Bounty como paje del capitán Bligh en vez de preso durante años. El mar, el terrible e ignoto mar, coprotagonista de esta novela junto al jovenzuelo y en general apocado Turnstile.


John Jacob es un personaje desgarbado lleno de mentiras absurdas y victimismos grandiosos. Y es su mente la que lo describe todo, a veces uno duda de si todo es tan horrible como lo pinta o es parte de la exageración del personaje. La hijoputez del juez Henderson, la repugnancia física y actitudinal de Heywood —al que, realmente, es imposible no despreciar nada más aparece—, la bipolaridad del capitán Bligh, la molonidad estoica y cortés de Fryer —el primer piloto, al que Turnstile sí presenta, en mi opinión, de forma injusta— y la lameculosidad petulante de Christian. ¿Es todo así, o John Jacob nos seduce con sus palabras, nos convence, nos lleva al huerto y juega con nosotros? Pues me queda la duda, la verdad.

Y es que este libro es el tono en el que está contando (mérito, sin duda, compartido por el traductor): el toque gracioso y divertido, la profusión e increíble variedad de insultos (sobre todo los que hablan sobre lo invertidos que son los personajes), el punto aventurero, el fuerte contraste entre los momentos más ligeros y los más dramáticos, cuya profundidad se va incrementando por momentos; y es que la historia de John Jacob llega a ser realmente triste. Deprimente. Contrastando con esto tenemos la llegada a Haití, el objetivo de la Bounty. Tierra otra vez bajo los pies e indígenas que se follan todo lo que se mueve. La tripulación parece otra, pero uno ve la catástrofe. Supongo que el título del libro adelante los acontecimientos, pero incluso sin él, algo en esa fantástica y brillante perfección anuncia la tragedia, el caos y la traición. Algo permite saborear la ponzoña que empieza a envolverlo todo con cuidado. Con esmero.

Aparte de ese aire general, muy cumplidor, nos encontramos con algunos momentos que, sencillamente son increíbles. Casi toda la relación entre el capitán y Turnstile, ese trato casi paternal alternado con los momentos más oscuros del trastorno de personalidad del oficial. Con todo, las indagaciones sucesivas del capitán Bligh sobre el pasado de su paje recrean los momentos, a mi entender, más hermosos del libro.

Enfrentado a esto —parece que definitivamente sí he entendido el libro como una exhibición de contrastes— tenemos el motín propiamente dicho, en el que cada personaje se presenta como de verdad es. Ya no hay tiempo para mentiras y actuaciones, almas desnudas delante del lector. Dad un paso al frente, hijos de puta. De pronto todo se vuelve muy oscuro, belicoso y ofensivo, el aire se carga de insultos y amenazas en un pasaje glorioso.

Ya sólo queda la deriva. La terrible deriva. 48 desesperados y locos días de navegación mareante, triste y perdida, que culminan en un final que, si bien peca de previsible, es un buen broche y está bien muy bien presentado. Tal y como cabía esperar.


Nota: 8. Un buen libro, aunque por momentos le falta algo de definición en las escenas, que resultan escasamente concluyentes. Las partes que quizá sean las más difíciles en cuanto a diálogo, de hecho, las omite haciendo que Turnstile no las oiga, y aunque esto al principio es un recurso interesante, acaba resultando más frustrante que otra cosa.


Edición: por cierto, un aplauso a Factoría K por poner al traductor en la portada. Nunca había visto tal cosa y me parece que se merecen el reconocimiento, dado que son ellos quienes reescriben el libro bajo su criterio.