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domingo, 20 de marzo de 2011

Seven (Se7en) - David Fincher

David Fincher nos sitúa en un plano sádico de cierto suspense, con guión de Andrew Kevin Walker, en el que David Mills (Brad Pitt) y William Sommerset (Morgan Freeman) se entregarán a la búsqueda de un extraño y obsesionado psicópata que se está dedicando a castigar los pecados capitales.


«Largo y escabroso es el camino que del infierno conduce a la luz».


Desde el principio, desde los créditos de inicio, precedidos de un monótono metrónomo que Sommerset se pone para dormir; las  imágenes salteadas, caóticas, llenas de sombras, alternadas con los nombres, que figuran como manuscritos, débiles, quebradizos sobre las sombras de las imágenes, mientras una música inquietante, antinatural y estridente que se introduce incómodamente en los oídos activa algo en el cerebro, la sensación de que Seven no será uno más entre todos los thriller del mundo resulta ineludible.

Durante toda la película Fincher demuestra el buen director que es y ha sido siempre y de la gente tan capaz de la que le gusta rodearse. El gran uso de la oscuridad, de la lluvia; lo elegante y cuidado del movimiento de las cámaras, suave, pausado, que sólo se mueve algo más frenéticamente durante una persecución en el segundo tercio de la película como si llevasen la cámara a hombros. Algunos ángulos muy extraños le dan ciertos aires momentáneos de artificialidad, de distanciamiento de la realidad, como cuando Freeman entra en la comisaría en torno al minuto 24. En esa escena, la cámara, distante, muestra una diagonal inferior, la luz, de un tono extraño y broncíneo, altera los colores dándole a todo un ligero matiz de irrealidad, y todo ello se deja envolver por la dulce y magnífica música de Bach; mientras la vista del teniente Sommerset recorre los lomos de los libros de la biblioteca. Todo esto contribuye a dar un incómodo respiro al, en general, brutal ritmo de la película. Y es que si algo han milimetrado, es el ritmo. Rápido, sin agobiar, intercalando acción, reflexión, calma y miedo con total naturalidad, guiado por las talentosas manos del equipo que había detrás.

Los escenarios están increíblemente detallados, la posición de las luces, la decoración, la suciedad, las notas, los cuadros, los muebles... todo destaca y merece esa atención. Un gran trabajo también de dirección artística que consigue impregnar de horror casi todo el visionado.

¿Qué decir de los actores? Admito que Pitt y Freeman son dos actores que me gustan mucho. Siempre lo han hecho. Pitt, ese actor odiado por muchísima gente (envidia de que sea guapo, supongo), consigue un detective que aspira a comerse el mundo, que aspira a ser Sommerset, un hombre al que le queda una semana para jubilarse; un policía que ya ha vivido todo lo que le tocaba de servicio y al que ahora le llega un gran caso para despedirse. El misterioso psicópata cuyo actor no figura en los créditos de inicio. La esposa de Mills, (Gwyneth Paltrow) es un personaje increíble, aunque no lo suficientemente importante ni elaborada como para empatizar demasiado con ella.

La aparición del asesino (Kevin Spacey), como un asesino frío, convencido de lo que hace. El heredero de la segunda mitad de los 90 de Hannibal Lecter, entregándose pacíficamente rompe, de repente, con todo lo que uno espera. En un minuto, todo lo que uno sabe sobre thrillers se desmorona, y es que el personaje de Spacey no es uno más. No es del montón. Spacey conquista y arrasa, como siempre, con un personaje al que hace brillar con su carisma.

Unos diálogos magníficos corolan a esos personajazos que son Mills, Sommerset y el grandísimo John Doe, como muestra, una frase que incluso sirve de inicio para una también buena, canción de rap español.
MILLS: «Pero la cuestión es: ¿tan especial te crees para que te escuche la gente?»
JOHN DOE: «No soy especial. Nunca me he creído excepcional. Aunque esto sí lo es; lo que hago, mi trabajo.»

El vídeo es spoiler, así que si no habéis visto la película absteneos por completo:



El final, muy conocido, intrigante, inquietante, magnético: una victoria y, a la vez, una derrota para todos. Fantástico, no le cambiaría nada. Impecable y emotivo, a mí aún me pone los pelos de punta.
Y esta vez sí, mis felicitaciones a los actores de doblaje, que me parece que hacen un gran trabajo.


Nota: 8. Una película que todo el mundo debería ver, al menos, una vez, para encontrarse con una de las mejores muestras de suspense que nos ha dado el cine contemporáneo.