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jueves, 20 de junio de 2013

Rebelde - Kim Nguyen

Rebelde es una película canadiense que consiguió unas cuantas nominaciones a mejor película extranjera (de hecho consiguió la nominación en lengua no inglesa en los Oscar, bajo el título de War witch, que no solo somos ocurrentísimos con los títulos en España, no vayamos a pensar eso) pero de la que no sabíamos nada en absoluto aparte de que había cosechado (muy) buenas críticas a su paso.


Komona, la bruja, y Magicien

Komona es una chica de 14 años le cuenta a su futuro hijo cómo ha sido su vida. Le cuenta cómo la obligaron a unirse con 11 años al ejército rebelde y cómo se embarcó en una aventura llena de muerte y dolor a través de la geografía africana.

Dentro de esta terrible historia de niños soldados, de tiros y muertos, de emboscadas, trampas y pobreza, Kim Nguyen, que también es el guionista de la película, deja caer una historia más tierna, un alocado e imposible romance adolescente entre Komona, que se ha alzado como la bruja del ejército rebelde y es, por tanto, muy valorada; y Magicien, un muchacho albino. Esa parte de la historia tiene mucho de cuento clásico (salvando las distancias del escenario) con la búsqueda de un gallo blanco para poder casarse y consumar su relación (bruja sí, pero conservadora un rato, que luego la llamarán pelandusca o algo peor).

Los muertos aparecen ante la bruja, le advierten... o quizá solo están en su mente.

El tono de la película deja claro desde el principio que Rebelde no va a ser una película bonita, que estamos ante un producto duro y bastante crudo en el que el desagrado y la brutalidad van a ser una solución recurrente. Nguyen solo salpica ese atroz relato con escenas algo más amables, dosifica mucho, y bien, lo escabroso y lo tierno y hace avanzar la historia con estilo, sin caer en ñoñerías pero suavizando puntualmente una historia de una dureza avasalladora.

La mano de cartas

Como todo buen director, Nguyen tiene unos cuantos ases en la manga. Supongo que se podría considerar que esa encantadora pareja que forman la bruja y el mago es uno de ellos, sobre todo por cómo se enfrenta tan directamente con la dureza más explícita de cómo adiestran —esa es la palabra— a los niños para convertirlos en soldados sádicos, en perros de caza.

La frialdad con la que se definen los personajes es, sin duda, otro de los ases de la película. Esos jóvenes actores entregados absolutamente a la película en la que están participando, esa fidelidad con la que recrean a las bestias en las que se han convertido.


La música, ese folk africano que lo impregna todo, que se fusiona con todo con pasmosa facilidad y que remite a su vez al más puro exotismo... la hermosa diversidad musical. Un estilo de grabar que recuerda, por momentos, al documental, con mucha cámara al hombro y con un tratamiento de imagen que intenta resultar lo menos intrusivo posible.




Nota: 8. Rebelde es una buena película, fuerte, desagradable y deprimente, con escenas salpicadas para separar los golpes y que, directamente, no resulte demasiado hostil con el espectador. Su estilo de documental, el no circunscribir la historia a un lugar en concreto (creo que a todos se nos ocurren a bote pronto varios lugares en los que Rebelde podría pasar perfectamente) y unos actores completamente entregados a la causa, dan alas a una película muy recomendable que pasó desapercibida para el gran público. Hay cosas, supongo, de las que es mejor no hablar mucho.