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lunes, 10 de junio de 2013

Luces rojas - Rodrigo Cortés

Tras la genial Enterrado, que demostraba que Rodrigo Cortés era un hombre de recursos, tenía muchas ganas de ver qué había sacado de ese increíble reparto con Robert De Niro, Cillian Murphy y Sigourney Weaver: un thriller sobre prestidigitadores y parapsicología.


El mago, Simon Silver

Humo y espejos. Lo dicen al principio de la película: el truco de un mago es hacerte mirar a otro sitio mientras ellos hacen la magia. Toda la historia, los personajes y la película en sí giran alrededor de esta máxima, un poco Shyamalanescamente. Atentos a las luces rojas.

La película enfrenta a este mago, Simon Silver (De Niro), con dos científicos que viven de desvelar los trucos de farsantes que dicen tener poderes, Margaret Matheson (Weaver) y su mejor alumno, Tom Buckley (Murphy). Así, siguiendo el duelo mental de estas dos facciones se suceden los trucos, las insinuaciones y la magia.

La verdad es que la caracterización, que está hecha para molar, mola un puñao.

Todos los personajes se dibujan de forma muy clara desde el principio y los actores los interpretan con gran acierto. No cabía esperar otra cosa de un Robert De Niro que como actor nunca defrauda. Podemos criticar que su personaje está hecho para molar, para resultar exagerado e increíble: su ceguera, su vestuario, sus gestos. Murphy y Weaver tienen que conformarse con personajes más modestos, pero a la vez mucho más completos. Quizá se pueda decir que Weaver se queda solo en fachada de personaje completo y que a Murphy, que quizá tenga el mejor personaje de este trío, le afea un poco el papel la malsana obsesión (que roza la ridiculez) por pillar a Silver en un renuncio.

Al otro lado de la cámara...

Al otro lado, Rodrigo Cortés y su equipo realizan un gran trabajo... aunque con algunos peros.

La dirección de Rodrigo Cortés es muy efectiva y vistosa. Es menos imaginativa que la de Enterrado, algo más canon-Hollywood, pero es buena. Tiene algunas escenas, no obstante, que fallan un poquito, sirva como ejemplo la presentación de Simon Silver, con ese momento «me quito las gafas para que veáis que soy ciego, sonrío y me las vuelvo a poner». No tiene ningún sentido, salvo mostrar al espectador que el mago es ciego. Mal. Que la información llegue al espectador nunca puede ser una excusa, hay que buscarse la forma de que la información fluya sin que parezca que uno la ha encasquetado a golpes.

Sigourney Weaver y Cillian Murphy.

El ritmo de la película es adecuado y esta no llega a aburrir, pero lo cierto es que no se profundiza suficiente en los personajes como para que estos dejen de ser peleles movidos por la trama (aunque con bastante lógica, eso no vamos a quitárselo). No interesan, a mí como espectador me daba igual que se muriesen todos de la forma más cutre del mundo. Mal. Si solo hay tres personajes, deberían tener volumen, deberían significar algo (¡lo que sea!) para el espectador.

El final tiene un giro brutal y aunque explica muchas cosas me decepcionó bastante. Lo cierto es que las cosas que van pasando, a menudo, son lógicas... pero no le sientan especialmente bien a la película. El argumento parece ir neutralizándose a pocos y nos acaba quedando una sustancia que no sabe a nada, que no huele a nada, que no tiene color. Cada pedazo de información que se da al espectador lo aparta un poco más de la película. Toda una rareza esto de que ser lógico desmotive a uno.

La verdad es que los carteles de Luces rojas iban muy bien encaminados.


Nota: 6,5. No hay nada realmente malo en la película... salvo esa misteriosa sensación de que tampoco hay nada realmente bueno. Es interesante, sí, pero... Pero.

Otras películas de Rodrigo Cortés:
Enterrado.