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jueves, 4 de abril de 2013

2001: una odisea en el espacio - Stanley Kubrick

2001 es una película que me ha gustado siempre. No sé por qué, recuerdo que de pequeño me aburría... pero de todas formas me gustaba. Me encantaba la música y cómo se fusionaba con la imagen... y desde luego me seducía la imagen. He vuelto a ver la película recientemente y he de decir que esta es la primera vez que no me ha aburrido. Me ha gustado como siempre, o quizá más, pero encima me ha tenido completamente absorbido. No sé si tenía el día o qué, pero de nuevo atraído por las evocadoras imágenes de Kubrick, por la música, la muerte, por los círculos que traza la humanidad y por el monolito, me encontré completamente absorbido. Interesado como nunca.


Peldaño tras peldaño

2001 es la fuerza de ese monolito. Es el origen y la meta. Todo empieza y acaba en él. Es un peldaño de una escalera inmensa, de la evolución, quizá; es ese salto del equilibrio puntuado, ese momento en que la especie cambia de verdad abandonando el periodo de estasis.


Ese primer peldaño lo dan unos primates prehumanos hace mucho mucho tiempo. La escena es probablemente de lo más conocido de la película, ese «amanecer del hombre», esa lucha por el agua basada en gritos y número hasta que... hasta que saltan, hasta que una facción sube el peldaño; encuentra el monolito, lo toca y encuentran el cálido cobijo de una idea, un atisbo de humanidad, de inteligencia. El monolito les ¿da? el raciocinio, que muy humanamente destinan en primera instancia a imponerse gracias a las primeras herramientas, las primeras armas.


El segundo salto lo da en la Luna, en una escena que alimentó (y algunos dicen que todavía alimenta) las ideas de los conspiranoicos que creen que el hombre nunca alcanzó nuestro satélite natural por lo fielmente que reflejó Kubrick la superficie lunar y su exploración antes de que el hombre supiera realmente cómo sería (y el año escaso que separó la publicación de la película con la llegada del hombre a la Luna, claro). Ese monolito envía un aviso a algún lugar. El hombre ha llegado a él. Como el prehombre ya había tocado el monolito y descartando el azar puro como motivo, este monolito alerta de que aquel inocente simio que casi pierde el dominio de la charca, ha salido al espacio. No está nada mal para quienes se impusieron a los demás a huesazos de tapir, ¿no?

El tercer monolito aparece ante Dave y este lo toca y comienza la escena, en mi opinión, más críptica de todo el filme. Dave aparece en una especie de ensoñación, una lujosa habitación de hotel. Mientras come un poquito de lo que hay en la mesita de la habitación, Dave tira la copa de vino al suelo y se rompe desparramando el vino. Dave envejece rapidísimamente ante el monolito y, finalmente, lo toca. Y ya no hay Dave, ya no hay nada, solo un extraño feto de luz en el espacio.


Esta última parte me parece muy osada y completamente subjetiva. Uno ve lo que ve pero es difícil no sacar ninguna conclusión. Personalmente lo vi como el primer monolito, un nuevo salto hacia ese feto estelar, el ser humano ha pasado a ser otra cosa, ha derivado en otra forma de vida. Sin más.

Poco importa, en realidad, qué es exactamente el monolito o quién lo puso ahí; qué es la habitación o el feto luminoso. Fue un viaje del hombre a través del espacio y la evolución, un viaje hermoso a través de la fotografía, la música, la filosofía y la evolución y estamos donde estamos, observando el universo como una criatura que es, quizá, energía y no masa. Llegados a ese punto, de hecho, ¿por qué va a tener toda forma de vida que ser como la que ya conocemos? Un poco tierricentrista, ¿no?

HAL y Kubrick desatado

Curiosamente, el personaje que más habla, el personaje más humano de la película es una IA que gobierna la nave que guía, en la sombra, desde el segundo monolito hasta el tercero. HAL-9000, un ser artificial ya icónico tanto para los defensores como para los detractores de la película, un símbolo del cine y de la ciencia-ficción. Esa cámara... ese ojo rojo a través del que lo observa todo. HAL, al que tanto deben los robots de Alien, sus pequeños equívocos y su maniobrabilidad mentirosa, su argumentación falaz en ocasiones. Qué humano, qué completo es HAL, tan increíble, tan redondo ahora como en el 68.

Hola, Dave.

Y es que, en mi opinión, Kubrick estuvo muy desatado en esta película. Todo lo que pone ante los ojos y oídos del espectador es increíble. Supongo que las primeras veces que vi la película (¡y de aquella no había internet!) no entendí gran cosa, pero no es necesario para disfrutar de la película. Es esa cuidadísima imagen con la formación y destrucción de las estrellas, gotas de barniz bailando en el agua según explican en los extras (lo que explica que la calidad de imagen nos siga pareciendo la misma que hace décadas), es esa magnífica banda sonora en la que destacan Así hablo Zaratustra (toda una declaración de intenciones y una clave más para interpretar la película) y El Danubio azul que resultan ya inolvidables y que portan, casi inevitablemente, evocaciones de las imágenes de la película.

Es un Kubrick alegórico, un conjunto de escenas soberbiamente filmadas e hiladas a partir de las que cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Quizá Kubrick quiso, precisamente, que todo el mundo pudiese reconstruir a su gusto la evolución humana, quizá Clarke quiso dejar las cosas algo más atadas, pero lo cierto es que nos encontramos ante una película muy abierta y muy evocadora y, sin duda, ante una obra de arte de tomo y lomo, de las que hace historia, ante una (esta sí) obra maestra.

La misma claustrofobia que años después recordaría Ridley Scott para su Alien.

Nota: 10. No sé qué habría pasado si osase hacer esto alguien peor que Kubrick, pero con él a los mandos, esta magnífica experiencia audiovisual trasciende a dar lo mejor que ha dado de sí el cine moderno. Impecable, impresionante e imprescindible.

Otras películas de Kubrick:
Lolita.
El resplandor.
La naranja mecánica.
La chaqueta metálica.
¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú.
Barry Lyndon.
Senderos de gloria.
Espartaco