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martes, 9 de abril de 2013

Ser o no ser - Ernst Lubitsch

Ernst Lubitsch, cómico judío de origen ruso nacido en Alemania y emigrado a Estados Unidos en 1922 (no se fue in extremis) tuvo una dilatada carrera como guionista, director, actor y productor; pero lo cierto es que para mí pasó completamente disimulado hasta hace muy poco. En una de nuestras sesiones de cine de salón, y siguiendo nuestra serie de películas «de humor nazi», Juampa (uno de los participantes, evidentemente) aportó esta maravillosa perla del año 42.

Una historia de personajes

Los Tura conforman un famoso matrimonio de grandes actores de teatro polacos. Joseph Tura (Jack Benny) es un histriónico, petulante y engreidísimo actor que se cree la cima del mundo de la actuación teatral. Su esposa es Maria (Carole Lombard), gran actriz y apasionada del romance (aunque ama a su marido) que comienza una pequeña aventura con el teniente Stanislav Sobinski (Robert Stack), un admirador. Pronto, no obstante, estalla la guerra con Alemania. Comienza ahora una alocada historia de espías, traiciones, enredos y chutes de hilaridad a raudales en el que los gags recurrentes, el humor absurdo y la enferma prepotencia de los Tura lo devoran todo a su paso.


Ser o no ser tiene un reparto increíble en el que destacan tanto los protagonistas como los secundarios, tanto los buenos como los malos. Aunque el guión de Lubitsch y Edwin Justus Mayer da más pie al lucimiento de unos pocos («Campo de Concentración» Ehrhardt, por ejemplo, tiene verdaderos momentazos y Joseph y Maria Tura los tienen infinitos), personajes como Greenberg (Felix Bressart), el capitán Schultz (Henry Victor) destacan también de forma muy divertida. El toque humorístico y teatrero sienta especialmente bien tanto a la película como a sus actores, que se notan cómodos y fluidos.

¿Y si rizamos el rizo una vez más?

Lubitsch debía de ser un hombre valiente. O arriesgado, al menos. O un loco, si no. En Ser o no ser riza el rizo, una y otra vez. Constantemente. El gag parece haberse agotado, pero no lo deja, y lo retuerce, lo exprime, lo tortura... con éxito. Esta es la gran baza de la película. Lubitsch arriesga y... ¡le sale bien! Siempre. Parece tener las ideas muy claras desde la primera escena, con ese paseo inocente de Hitler por las calles de Varsovia, hasta ese recurrente gag con el monólogo de Hamlet, con ese recurrente aunque a primera vista inocente gag del «campo de concentración» Ehrhardt.

—Así que me llaman «Campo de concentración» Ehrhardt, ¿eh? Ja ja ja.

Esa frescura, esa capacidad para sorprender, para renovarse y para recuperar lo ya mostrado y darle una nueva vuelta de tuerca es lo que más aire da a la película. El duelo entre Ehrhardt, el verdadero, y el falso profesor Siletsky, por ejemplo, en el que la situación se retuerce más y más con cada frase, en el que el enfrentamiento parece terminado cada vez que uno replica al otro y sin embargo sigue y sigue. Magnífico.

Osadas son también algunas ideas sobre cómo se va a presentar la escena. Lubitsh realiza un gran trabajo entremezclando mundo exterior y decorados y mezclando ambos constantemente. Algunos recursos sobre el manejo de cámaras y cambios de plano (y de escena) se han quedado bastante obsoletos, seguramente debido a la aparición de directores como Hitchcock y Kubrick, que marcaron en gran parte la forma de hacer cine que los seguiría; pero el resultado es bastante digno de todos modos.


Nota: 10. En mi opinión se trata de una comedia inmejorable. Siempre he tenido un gusto peculiar en lo que a humor se refiere, pero Ser o no ser me ha parecido hilarante, inteligente y osada. Imprescindible. ¡Muchas gracias, Juampa!