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martes, 16 de abril de 2013

Crematorio - Canal +

Su fama la precedía. «HBO a la española» me habían dicho muchos de mis conocidos, además de ser una frase bastante habitual en internet para referirse a la serie de los hermanos Sánchez-Cabezudo. No sabía si realmente, una vez metidos en harina, compartiría la afirmación. Suponía que me parecería buena, pero sonaba, también, a que se se estaban excediendo un poco en la comparación. HBO son, para mí, palabras mayores.


La dualidad familia-trabajo

El protagonista de Crematorio es Rubén Bertomeu (José Sancho), un constructor poco escrupuloso que ha amasado una impresionante fortuna con sus edificios de apartamentos, sus tierras... y otros negocios. Su hija, Silvia (Alicia Borrachero) posee y dirige una galería de arte y se mantiene al margen, en la medida de los posible, de los negocios de su padre. Silvia tiene una hija, Miriam (Aura Garrido), una jovencita de 18 años que estudia (bueno... en realidad vive en una perpetua juerga) en una carísima universidad inglesa. Rubén tiene, además, una novia de 29 años, Mónica (Juana Acosta), una mujer preciosa y muy atractiva tan interesada en Rubén como en su dinero. El resto de los personajes que rodean al señor Bertomeu son aquellos que le ayudan en su día a día profesional: Emilio Zarrategui (Pau Durà), su abogado, el hombre que hace malabarismos con todos los cabos sueltos y mantiene en pie el equilibrio imposible del gigantesco sistema (hasta que demuestra ser como todos los demás, menudo final el suyo, quizá de lo mejor de una serie magnífica); Sarcós (Vicente Romero), el músculo, el perro de presa del señor Bertomeu, fiel hasta la médula pero de recursos limitados; Ramón Collado (Pep Tosar) fue el viejo hombre de confianza de Bertomeu, ahora es un empresario independiente, aunque subyugado, pero tiene la impredecibilidad de estar enamorado; y Traian (Vlad Ivanov) un ruso metido en asuntos turbios que ha hecho dinero con Rubén (y ha ayudado a que la cantidad sea mayor de la esperada), un tipo fuerte, intimidante y carismático.


Esta dualidad lo es todo en Crematorio en lo que a Bertomeu se refiere: familia y negocio. Es consciente de que su modo de vida lo ha distanciado de todo y de todos, pero se puede distinguir la cálida forma de ser con Mónica, el cariño que desprende por Silvia y esa forma tan abuelesca de malcriar a su nieta. Crematorio humaniza al hombre que se esconde tras el turbio entramado, no intenta santificarlo pero evita demonizarlo. Tiene un lado implacable y miserable y ansía aumentar su poder porque considera que nunca se ha ganado suficiente, que nunca se tiene suficiente; pero por otra parte, recalcan el hecho de que es un ser humano y que no es completamente impasible a todo.

Pero qué atractiva se mantiene esta mujer a sus 45 años... ¡y qué gran personaje el suyo!

Pero el personaje de José Sancho protagoniza la serie y tiene mucho tiempo para desarrollarse, es normal que se le matice y se le dé volumen. Tienen casi ocho horas para hacerlo, al fin y al cabo. Quizá, por eso, lo verdaderamente sorprendente es el detalle y la credibilidad con la que se tratan los personajes secundarios. Silvia, que se distancia de su padre acercándose involuntariamente a este, como llegado un momento le recrimina su marido (y el final de la serie le insinúa un futuro bastante oscuro a los mandos de la parte superviviente de los negocios de Rubén). Mónica, que combina a la perfección el estar enamorada con el estar interesada en el dinero, rizando ligeramente el rizo de esta clase de personajes que suelen estar en uno u otro peldaño, pero no pisando en ambos; la pobre Mónica que ha crecido lejos de este tipo de ambientes y que muchas veces no sabe cómo reaccionar y qué hacer, la adorable Mónica a la que todos toman por tontita. Collado, un hombre al que solo le falta citar a Jaime Lannister y decir con una sonrisita «Qué cosas hago por amor...» (aunque en este caso sea más bien recibir una paliza brutal, por tonto, y perderlo todo, por imbécil). Traian, que quizá sea el personaje (junto con Rubén) que más debe a su actor: esas miradas, esos silencios incómodos, esa chulería amenazadora, el acento y, por otra parte, sus momentos de ira y las decepciones... qué personaje tan rico pese a lo puntual de su papel. ¡Qué gustazo!

El carismático y lacónico abogado.

El placer de un trabajo bien hecho

Lo cierto es que no se necesita más de una escena para darse cuenta de que estamos ante un producto bastante anómalo para la producción española. Una fotografía cuidada y detallista, el esmerado vestuario y el increíble reparto se entremezclan desde un primer momento con un argumento que parece encorsetarse en seriedad. Crematorio es una serie sincera y directa, como su protagonista. No se lía más de lo necesario, no se precipita y no estira lo inestirable. Es una respuesta, casi, a todas las críticas sobre la forma de hacer televisión en España. Los capítulos duran 50 merecidos minutos, los personajes están trabajados y no son prototipos vacíos, el reparto es muy profesional, las localizaciones son preciosas y están muy detalladas y la producción de las escenas finales es muy buena y consigue un resultado que, muchas veces, se define como «de cine», pero personalmente prefiero definirlo como «de calidad», que creo que hay ya una gran cantidad de cadenas que han demostrado que se pueden trabajar de verdad los detalles en televisión.

A esto hay que sumar unos créditos iniciales a la altura, un aspecto que se da mucho de lado pero que cuando cumple es bastante apreciado por los espectadores. Buenas las imágenes elegidas y buena también la canción de Loquillo, «Cruzando el paraíso»:



Pero lo que importa, al fin y al cabo, es sentarse y disfrutar de un buen producto. Compré la serie en Blu-Ray en Amazon al impresionante precio de 9,49 € (y a ese precio sigue, por cierto; yo no lo dudaría, soñadores...), y me sigue sorprendiendo que en DVD cueste más del doble. Una bonita edición y bastantes extras que incluyen alguna cosa muy interesante de dirección artística y de actores.

Eso sí, Crematorio no fue una serie especialmente seguida. Una media de 33 000 espectadores en Canal + y, ya habiendo cosechado reconocimiento en forma de precios y múltiples halagos de la crítica, cerca de un millón de espectadores la siguieron en La Sexta. Quizá esto no augure un gran futuro a nuevas producciones de Canal + España. Quizá Canal + quiera seguir en esa línea, pero lo cierto es que no parece que el público esté especialmente interesado si emitiéndola en abierto fue tan poco notable la cantidad de espectadores (aunque uno de los capítulos fue el espacio más visto de La Sexta aquel día).

Nota: 9. Crematorio es una serie cuidada en la que los elementos funcionan a la perfección, entregándose a tiempo, sin cansar. Podría pulirse más algún aspecto, sin duda, pero el salto cualitativo es de impresión y, sinceramente, casi toda la producción de cualquier otro país tiene muchas lecciones que aprender de esta imprescindible serie. Nuestra más sincera recomendación.

Pero en esto de ser atractiva, Juana Acosta se lleva la palma. Y su personaje, adorable, creíble y cercano a partes iguales. Genial.