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miércoles, 19 de diciembre de 2012

El gato del rabino - Antoine Delesvaux y Joann Sfar

No sabía nada de esta película. Me enteré de su existencia por su nominación a los premios Annie. Y aun entonces no se me dio por ver de quién era la película. No hablo de Antoine Delesvaux, cuyo primer acercamiento al cine ha sido esta película, sino del famoso guionista y dibujante de cómics Joann Sfar, del que os hablé por su adaptación de El Principito.


El gato del rabino recoge el testigo del cine francés de dibujos del año pasado, de película con una animación muy artesana y de diseño que no se avergüenza de sus orígenes de cómic europeo (¡gracias!), y recoge el testigo también del cine gatuno, que el año pasado guiaron magistralmente con Un gato en París, aunque hubo un intento americano de liderar este felino acercamiento con El gato con botas.


El gato del rabino se marca como madeja de lana el tratamiento de las religiones desde el peculiar punto de vista del gato que protagoniza la película. Y es que un día, este peculiar protagonista adquiere la capacidad de hablar tras un incidente con un loro. Pero este es un gato curioso, como el del dicho, y no le llega con comunicarse con su amo y la preciosa hija de este, a la que adora casi obsesivamente, y empieza a estudiar la Torah. Y la película podría quedarse ahí, pero la historia transcurre entre cristianos e islamistas y los personajes intercambian sus opiniones, se cuestionan aspectos de la fe de los demás y de la propia y acaban inmersos en una loca aventura en busca del origen de todos los hombres.


El argumento discurre en una dirección, pero lo importante de esta película, más que la aventura que se genera, es el intercambio, es el diálogo, es esa sátira y esa ironía que huyen, en general, de la broma fácil o del discurso fundamentalista. A través de unos personajes detallados y divertidos, que ganan mucho de la interrelación que mantienen entre ellos, que hacen sinergia, se nos cuenta una historia que en argumento es bastante sencilla, pero que es en su forma, en sus pequeños detalles y en cómo se engarzan los personajes entre sí, cuando cobra fuerza.


La fuerza, en cualquier caso, de El gato del rabino es algo sutil, es más una brisa agradable, más un diálogo calmado que gritos o acción, aunque los haya también. Los personajes discuten, contrastan sus puntos de vista con inteligencia y moderación. No hay cruzados de ningún bando (bueno, ehem), y los personajes son, en esencia, educados y mesurados. El grupo y su múltiple punto de vista sobre la vida y la fe son la piedra angular a partir de la que se estructura todo y, realmente, se nota bien pensada.

Pero la película tiene fallos que consiguen empañarla. Uno de ellos, probablemente el más grave, sea que se hace «demasiado larga». Quizá no mucho, ciertamente, pero hay quizá 10 o 15 minutos que resultan excesivos; sobre todo si tenemos en cuenta que hay varios momentos que parecen prácticamente repetidos. En ese aspecto la película podría haberse aligerado mínimamente para conseguir un resultado más redondo. Otro de los mayores problemas de la película es el aparente machetazo con el que se cierran algunas de las tramas. Quizá si hubiesen utilizado esos minutos de repetición sin sentido y hubieran profundizado en las tramas de esos personajes medio abandonados... el resultado también habría sido más satisfactorio.


Supongo que la forma del dibujo, tan tradicional, tan de cómic animado, es parte del estilo del señor Sfar. En general, aunque su forma de dibujar se reconoce perfectamente a lo largo de la película, hay un momento en el que una escena se desarrolla, entera, con un aspecto muy de caricatura (como el de El Principito), con las narices triangulares y los ojos enormes, con las sombras rayadas a trazos largos y unos personajes que se mueven de forma muy extraña. Esa escena irradia estilo, elegancia y amor por los cómics clásicos europeos en cada fotograma.


Además, se permiten otra escena con tintes rusos, en una escena de las que más fuerza propia tienen, y unos créditos finales llenos de bocetos, muchos de ellos no utilizados finalmente para ninguna escena de la película, que consiguen un efecto, aunque sencillo, digno como cierre de esta peculiar producción francesa.


Nota: 7. A El gato del rabino le faltan cosas, sin duda. Le falta algo de mesura y algo de sinceridad a la hora de cortar algunas tramas, le falta una mano que diese un par de tijeretazos de escenas que parecen clónicas de otras escenas de las película y que no consiguen aportar nada en su repetición salvo la sensación de «esto ya lo he visto hace un rato», pero sacando sus pequeñas sombras, la película es entretenida, los diálogos tienen momentos brillantes y la elegante dirección de la película es, por momentos, un placer para los sentidos.

Otras obras de Joann Sfar:
El Principito.

Otras nominadas a los Annie 2013:
¡Piratas!