Google+

miércoles, 21 de marzo de 2012

Bayonetta

Los juegos de sajarrajeo puro y duro llevaban bastante sin despertar mi interés. Desde Devil May Cry (el uno), que por cierto pertenece al mismo estudio, Platinum Games. Y es que desde el principio salta a la vista que Bayonetta sigue su estela.

Es la portada japonesa, que conste. Considero que refleja mejor el estilo del juego.

Argumento.
En términos argumentales nos encontramos ante un juego sencillísimo. En un mundo en el que los ángeles y los demonios son una realidad, existen dos organizaciones que se mantienen en perfecto equilibrio: las Brujas de Umbra y los Sabios de Lumen. Bayonetta es una Bruja... aunque su historia tiene ciertos problemillas subyacentes que se van descubriendo a lo largo de los capítulos del juego. La señorita en cuestión ha pasado el último medio siglo durmiendo en el fondo de un lago y se ha despertado con unos grandes vacíos memorísticos; y decidida a volver a rellenarlos, emprende una cruzada por el mundo que la llevará a asesinar ángeles y otras categorías celestiales a diestro y siniestro. A tiros, patadas, espadazos, garrazos y todo lo que sea necesario.

«Pero mira que soy zorr... bruja»

Gráficos.
Bayonetta es una pasada. Las animaciones son de una fluidez impresionante, los movimientos tienden un detalle exquisito, y el abanico de golpes a nuestra disposición (que varían según las armas que se lleven equipadas) resulta casi apabullante. El detalle en el juego alcanza su punto álgido en Paradiso. Allí, aparte de las mencionadas animaciones, nos encontramos con unos paisajes preciosistas, oníricos e increíbles que son, sencillamente, asombrosos. En ellos, casi, la sombra de mariposa que proyecta Bayonetta o los numerosos lepidópteros que alzan el vuelo cuando la Bruja cae de un salto parecen casi normales. Sencillamente precioso.

Ahí la tenéis, con sus Scarborough Fair y sus gafas de bibliotecaria sexy y todo.

Un ejemplo de escenario: la ciudad de Vigrid.

Y aquí un ejemplo del asombroso Paradiso.

En un juego que cuida muchísimo este apartado (sí, vale, muchos juegos cuidan su apartado gráfico; pero opino que aquí, esa máxima, juega a otro nivel), el cuidado visual de las cinemáticas, de la presentación de los enemigos e incluso de las conversaciones, quizá pudiera darse por sentado; pero aquí la gente de Platinum juega una nueva baza: un estilazo increíble. Las cinemáticas, como si fuesen fotogramas de gesto estático y detalles dinámicos; la tienda de Rodin y su obtención de los objetos que adquieres a cambio de los discos que encuentras en tus paseos por Purgatorio y Paradiso; las secuencias de tiroteos y leches que parecen sacadas del sueño más húmedo de John Woo. Todo magnífico. Y lo mejor, la presentación de los ángeles cuando uno de ellos aparece por primera vez, con esa repentina impresión del personaje en un dibujo para el libro de los ángeles. ¿Se os ocurre una presentación mejor?

Tío, molas.

Control.
Lo más increíble de todo es lo cómodo y líquido que resulta, jugar a Bayonetta (hasta que aparece un enemigo que no conocemos y nos mata un par de veces) es una maravilla: saltar entre los enemigos salpicando hostias a un lado y a otro, esquivando en el momento justo para aprovechar al máximo el tiempo-brujo (tiempo bala marca de la casa) y encadenando combos sin parar. Carreras, golpes, transformaciones, esquivas, cambios de arma, objetos... Bayonetta es un juego de acción, sí; y los recursos a nuestra disposición como jugadores lo convierten en una muy grata experiencia; en un mortífero baile en el que damos contundentes pasos de dolor, humillación y sensualidad. Uno detrás de otro.

¡Mata...!

Fases.
La estructura es siempre la misma. Tenemos un punto inicial de fase y un punto final.Y en medio, monstruos. Cuando estos aparecen, el lugar se bloquea, de forma que tenemos que darles matarile antes de seguir nuestro camino. Esto es así siempre (o casi, en realidad hay un par de momentos en los que podemos ignorar tranquilamente a esos aburridos y feos ángeles).

¡Y pavonéate!

Jefes.
Los jefes son enemigos particularmente duros (evidentemente) que aparecen dispuestos a enseñarnos un par de cosas nuevas. Diferentes tipos de ataque, varias barras de vida, grandes cantidades de daño. Son máquinas de matar, menos mal que tenemos a esa pedazo Bruja con nosotros para repartir hostias, porque algunos de esos ángeles son realmente temibles.

Hay que decir que la mayoría de estos jefes son difíciles hasta que conocemos sus movimientos y entonces podemos darles caña hasta que nos duelan los dedos. Cuando nos acercamos al final de sus barras de vida (a veces también en algún momento entre medias, pero es lo menos común) tendremos un momento machaca-botones en el que haremos nuestro ataque de finalización y nos despediremos del Celestial de marras.

¡Hola, pequeñíiin! Pero qué majo es.

Música.
De lo mejorcito. Y punto. Los himnos angelicales (como Fly me to the Moon, Claro de Luna de Bethoven o Fantasie impromptu de Chopin) y algunas creadas para la ocasión, como Misterious destiny o la carismática The gates of Hell, por poner unos ejemplos. La fantástica Fly me to the Moon, además, está versionada de diversas formas y todas ellas se ajustan perfectamente al juego. Un aprovechamiento fantástico de esta maravillosa canción.



Nota: 9. Bayonetta es un juego casi perfecto. Es divertido, bruto, bonito y digno de verse (y no hablo solo del abuso de Bayonetta desnuda, algo tapada por el humo de su demonio-pelo-vestido) y de jugarse. La única pega es la monotonía del sistema, al fin y al cabo este es un juego de avance-a-golpes, pero la perfecta respuesta de su sistema de apaleamiento, la hermosura de música e imagen y los divertidos detalles que salpican todo el juego lo convierten en un must have de su género. Aprende, The force unleashed.