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jueves, 5 de mayo de 2011

Matilda - Roald Dahl

Cuarto capítulo de mi ciclo de lecturas infantiles. Esta famosa obra de Roadl Dahl (más conocido, probablemente, por Charlie y la fábrica de chocolate; tanto más desde que el espantapájaros oscurillo hizo una película al respecto) nos cuenta la historia de una niña prodigio inmersa en una familia repugnante.


Matilda es una niña portentosa que vive con sus padres, unos inútiles a los que nunca deberían haber permitido tener hijos (aunque aún haya gestos escandalizados cuando alguien propone tal) y su hermano, un joven que sigue la estela del padre.

Ante la total falta de atención que le dedican, la niña aprende a leer y a trabajar con números por sí misma y así, al llegar al colegio, sorprende a una adorable y maravillosa señorita Honey, su profesora.







El talento del señor Dahl (no pude resistirme a referirme así a él) es indudable, su forma de contar la historia, atrapando e interesando, apelando al humor y al ingenio nos presenta un libro para niños perfectamente disfrutable por todo el mundo. A este talento innegable se une el de un virtuoso Quentin Blake que a ritmo de un dibujo cada dos páginas ilustra a la perfección un cuento que no sería todo lo grande que es sin esos dibujos que irradian encanto en cada uno de sus trazos, caóticos, poco más que rayazos que conforman un fantástico todo dulce y absorbente.

El tono en el que se cuenta es, por supuesto, sencillo. Un ritmo rápido nos permite apreciar a una Matilda igualmente veloz que se adapta a todo, que se adhiere a todo, que con 5 a años lee a Dickens, que se aburre en clase pero que quiere ser una más, que quiere ayudar a su adorable profesora a la que ve abatida... y todas esas situaciones, Dahl las plantea con una facilidad y una soltura pasmosas, a la vez que va repartiendo pinceladas a los personajes, bastante ricos para un cuento como este: los terribles Wormwood, los padres de Matilda, mentirosos, aprovechados y estafadores; la monstruosa directora Trunchbull, un troll maligno salido del averno; la maravillosa señorita Honey, uno de los personajes más adorables que he visto nunca, corolado a la perfección por el fantástico dibujo de Blake; y, por supuesto, la propia Matilda, la niña soñadora con un casi infinito potencial y fan de Dickens que se guarda, tras sus ojos de pilluela, una última sorpresa.

Nota: 9. Un gran cuento de un gran autor, una historia interesante y bien contada y unos personajes sólidos y carismáticos. Probablemente, el mejor de los libros infantiles que he leído.