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miércoles, 7 de noviembre de 2012

La importancia de llamarse Ernesto - Oscar Wilde

Nunca había leído nada de Oscar Wilde (sí, ya, culpable) y este libro llegó a mí de pura casualidad, tras que una amiga lo leyese y llegase a la conclusión de que era, precisamente, mi tipo de humor. Qué acertada estuvo, por cierto.


La importancia de llamarse Ernesto (titulado originalmente The Importance Of Being Earnest, jugando así con los homófonos «Ernest» —el nombre propio, Ernesto— y «Earnest» —serio, formal—) es una comedia arreglada en tres actos (aunque Wilde la escribió con cuatro. Este cuarto acto se puede encontrar en diversas ediciones como un añadido al término de la obra, aunque en realidad se situaría entre el segundo y el tercero) sobre la importancia de ser formal y de llamarse Ernesto.

La historia se centra en cinco personajes: Juan (John), Archibaldo (Algernon), Gwendolin (Gwendolen), Cecilia (Cecily) y Lady Bracknell. Aunque hay otros cuatro participantes en la obra que no tienen la relevancia de estos: Lane, Merriman, el reverendo canónigo Chasuble y la señorita Prism. Juan vive una vida en la ciudad y otra en el campo. En el campo es un caballero respetable, el tutor de Cecilia; pero cuando necesita algo de marcha se va a Londres, donde vive bajo la piel de su supuesto hermano, Ernesto Worthing. Esta vez viaja a Londres con un propósito muy concreto, va a pedir la mano de la señorita Gwendolin.

Ernesto

Toda la obra gira en torno a la importancia de este nombre y de su homófono en inglés. Juan es un nombre sin musicalidad, llega a decir Gwendolin, tras explicar que ella sabía que se casaría con un hombre llamado Ernesto, como su apuesto Worthing. La comedia gira alrededor de varios puntos, pero uno de los más importantes es el nombre mismo, ese «Ernesto» tan cargado de significados. El otro punto clave es la sátira que se hace de la alta sociedad inglesa, unos individuos finamente arrogantes y completamente superficiales (podría citar como ejemplo la pelotera que se traen las señoritas con el nombre de sus posibles maridos, pero voy a citar una frase del principio del libro para dar otro ejemplo:«Si las clases inferiores no nos dan un buen ejemplo, ¿para qué demonios sirven?»). Así, desde el principio, los nobles ingleses son presentados como unos personajes (visto desde fuera, al menos) algo desagradables pero muy divertidos.

Un dulce veneno

Y es que está claro que Wilde era un hombre perverso que buscaba criticar sin piedad, pero hay que reconocerle dos cosas: la primera es su increíble talento para no ganarse enemistades por ello, la segunda es que con la increíble calidad de sus textos... ¿quién le iba a echar nada en cara? A los textos en sí, me refiero (supongo que ya sabréis que otras cosas sí se le echaron en cara, ¡y de qué manera!).

Pero el caso, volviendo a La importancia de llamarse Ernesto, es que Wilde es una fuente de frases para la posteridad. En esta obra hay varios momentos que desarman por completo y que ponen de manifiesto la agudeza verbal del dramaturgo. Mis momentos favoritos atañen, en general, a Archibaldo; aunque el mejor de todos los momentos sucede sin estar él presente. Gwendolin parece un buen personaje desde el principio, pero no es hasta su conversación con Cecilia (Acto segundo) cuando el personaje despliega su potencial. Esta conversación entre las señoritas es, quizá, el momento más brillante del libro (aunque escoger uno es un poco arriesgado contando las agudas réplicas que se dirigen, en ocasiones, John y Archibaldo).

Una buena edición

Las 40 primeras páginas del libro detallan la vida de Oscar Wilde y dan pinceladas sobre las decisiones que se han tomado a la hora de traducir las obras, aunque personalmente solo leí las notas sobre la traducción de La importancia de llamarse Ernesto, dado que no iba a leer todavía El abanico de Lady Windermere. En estas notas explican qué han respetado de la traducción original de Ricardo Baeza y qué han cambiado y por qué (resumidamente, por si a alguien le interesa, porque el señor Baeza anuló frases, algunos diálogos enteros, algunas acotaciones y seguramente había hecho la traducción desde la traducción francesa de la obra).

Muchos elementos de Baeza, como la traducción de varios de los nombres (de otros no, también explican por qué), se mantienen (Juan, Archibaldo...) para dejar el aire de la traducción de época.

El texto contiene bastantes notas a pie de página en las que se explican aspectos culturales, geográficos o sociales de la época a los que referencian los diálogos de los personajes. Unas veces se hacen más necesarios que otros, pero no sobran.


Nota: 10. 81 páginas intachables.