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jueves, 1 de noviembre de 2012

Ideas de bombero - Andreu Martín

Esta vez me he fijado en la banda de color en la portada, que lo sepáis; Ideas de bombero fue finalista del premio Edebé de literatura juvenil. Así que no me explayaré más (por ahora) con su catalogación por edades.

Mi portada es mucho más coñera, con el trío de ases del mal caricaturizados, pero solo la encontré en calidad lamentable.

Carmen Mallofré y Guillermo Reynal son dos bromistas de tomo y lomo. Lo peor de lo peor. Son compañeros de clase y les gusta hacer bromas divertidas, no reírse de la gente conste, sino hacer bromas, bromas de verdad, increíbles y divertidas y que no ofendan (en el fondo) a nadie en particular. El caso es que un día Carmen se pasa con Guillermo, cruza esa fina línea, y decide que debe pedirle perdón... con una broma, por supuesto. Y entonces hace como que la persigue la mafia por un collar de un millón de pesetas. Y todo saldría a las mil maravillas si la casa de Guillermo no hubiera sido tomada por tres atracadores de bancos un poco torpones que van a por todas.


Contado así podría parecer que nos encontramos ante un libro juvenil-juvenil, pero la verdad es que el libro tiene muchos toques infantiles que lo hacen estar siempre a caballo entre ambas catalogaciones. El libro puede leerse de tres maneras, todo seguido, como un libro normal, leyendo los capítulos con numeración arábiga o leyendo los capítulos con numeración romana. Un sistema nos cuenta el libro tal como lo vivió Carmen y otro tal como lo hizo Guillermo. Admito que estuve a punto de leer solo los capítulos de Guillermo porque la voz narrativa de Carmen me parecía horrible. No me gustaba cómo se expresaba, cómo se repetía ni nada. Me parecía algo tediosa, la verdad. Pero al final, como el libro, al fin y al cabo, tiene 180 páginas de letra generosa e interlineado cómodo... lo leí entero.


El libro trata fundamentalmente el tema de la amistad. Podríamos decir que también trata el amor o el respeto a los padres, pero siendo sinceros, eso son líneas completamente tangenciales de lo que el libro nos cuenta. Todo es amistad y bromas, lealtad y humor. Y es que los villanos de Ideas de bombero, míster Ideas de Bombero, el Gorila y el Chapuzas no dejan de ser caricaturas de villano; caricaturas además dignas de Mortadelo y Filemón. Son malos, sí; de eso no queda duda, pero son malos tontísimos; divertidos por su simple estupidez, a veces retorcida como si buscasen algo parecido a un atisbo de inteligencia.

Los diálogos son realmente muy ágiles y el tono, en general, muy divertido y, de algún modo, muy español. Y eso, tono y ritmo son todo cuanto tiene de potente esta novela. Los personajes nunca acaban de despegar; los define muy bien al principio, ciertamente, quedan claros, pero en todo momento parecen marionetas en manos del escritor, en manos de la historia y no... bueno, y no personas. Ni los niños, ni sus padres, ni los villanos. Todos títeres.


Por último, quiero aclarar que como escogí la opción omnisciente de leer todos los capítulos, no había ningún misterio. Desde el principio estaba claro cómo se iban a encontrar y, siendo sinceros, también estaba claro cómo iba a terminar. Por el medio, Andreu Martín se ocupa de especiar todo con ocasionales chistes que son de lo mejor (y más imprevisible) de la novela y, de repente, todo acaba. El final, para más inri, es como un machetazo. La historia, ¡la tensión!, se muere repentinamente. Muerte súbita. Uno presencia los hechos y de repente ¡zas! Todo ha terminado, los personajes se despiden, te cuentan un epílogo en dos líneas y se acabó.



Nota: 5,5. Puede que el libro tenga algo más de interés si el lector elige a uno de los personajes y solo lee sus capítulos. No sabría decirlo. El caso es que leído todo seguido el libro se defiende únicamente gracias a su sentido del humor, generalmente salvable, y a un ritmo que pisotea a su propia madre si es necesario.