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lunes, 12 de noviembre de 2012

Downton Abbey (3ª temporada) - ITV

Con Downton Abbey ha pasado algo muy extraño, y es que se nos traspapeló la reseña de la segunda temporada, que es quizá la más mediocre, y no tenemos en previsión volver a verlas próximamente (yo no tengo la intención, al menos), así que por lo pronto daremos El palacio de los sueños seguirá sin contar con reseña de la segunda, y dará un salto de un año hasta la tercera.


La tercera temporada ha recuperado el tono fuertemente costumbrista, más basado en la familia y sus dramas propios que en la guerra y otros conflictos de mayor rango. El resumen es claro, Downton Abbey ha vuelto al terreno que controla y esto ha jugado en beneficio de la serie.

De vuelta a los orígenes

La segunda temporada de la serie fue, creo, más ambiciosa que la primera y que la tercera. Las tramas se pisaban unas a otras, avanzaban a toda prisa y lo cierto es que apenas dejaban respirar. Además, lidiaron con ciertas cosas que producían verdadero pasmo (Matthew Crawley con la amnesia, el trauma de la guerra y demás; el desarrollo de la historia del infame Thomas Barrow, las escenas en las trincheras, la señorial mansión de Downton transformada en un hospital de campaña... Locura, vamos); pero a una gran parte de los espectadores ese endiablado ritmo y esa retahíla de cambios sobre el esquema original de la serie pareció no caerle especialmente en gracia y Julian Fellowis y su equipo parece que han decidido devolver la serie a un cauce más costumbrista, más cercano, en el que el tema culebronesco sigue siendo la principal baza y una de las mejor trabajadas.

Matthew Crawley y los siempre hipnóticos ojos de Lady Mary.

De todos modos, la estructura de la temporada es un poco (o un mucho, en realidad) rara, con tramas que acaban en el capítulo cuatro, tramas que acaban en el 6 y tramas que acaban en el 8, mientras que casi continuamente aparecen otras nuevas, con lo que es difícil hacer una presentación sin ningún spoiler. Es por eso que voy a sombrear este párrafo, aunque aclaro que no entraré en detalles de las tramas:

La familia Crawley (Lord y Lady Grantham) sufre verdaderos apuros financieros (bueno, apuros para mantener Downton Abbey, claro) y deben buscar solución al problema. El señor Bates va a la cárcel por el presunto asesinato de su mujer y Anna quiere sacarlo de allí y casarse con él. A Mrs. Hughes le detectan un posible cáncer. Thomas Barrow trata de forma llamativa a un nuevo criado de Downton. Lady Sybil se casa y queda embarazada de Tom Branson (que hasta hace dos telediarios era el chófer) y Lady Mary disfruta de su casamiento con Matthew Crawley.

Sí, esas son las tramas principales para 8 capítulos.

Dramón

Para mí el dramón es un género en sí mismo, pero sin la connotación peyorativa que se le suele dar. Downton Abbey muy en la línea de otras producciones inglesas es un culebrón increíble en el que los detalles se cuidan al milímetro y en el que el vestuario, los escenarios y el reparto han sido elegidos con verdadero esmero. Nada de eso ha cambiado.

Para mantener el tono ultradramonesco hay ciertos elementos que siempre deben estar presentes. Para conseguir esto, o damos vueltas y revueltas al mismo tema (y entonces, seguramente, consigamos uno de esos dramones que dan sentido peyorativo al término) o repartimos una mano entera de dramas. Con el anterior párrafo sombreado supongo que podemos aceptar que la segunda opción es la elección del señor Fellowis. ¿Qué consigue con esto? Que el espectador siempre tenga algo que ver, algo en lo que interesarse y, sobre todo, algo con lo que empatizar.

Al menos, esta subtrama consiguió uno de los momentos más memorables de la promoción de la tercera temporada...

Y es que como todos los dramones, Downton Abbey (que puede ser uno de los mejores, no discutiré eso, pero no planea exactamente revolucionar el mundo de las series) juega con el interés del espectador. Las tramas se cortan siempre en un momento gancho (en un cliffhanger) y nos dejan con ganas de matar a todo el equipo de guionistas, y de repente otra, y cuando cortan esa ponen otra; y de repente vuelven a la primera o a la segunda, y así constantemente. Con esa estructura uno aprecia cómo va evolucionando todo a la vez y, si los guionistas consiguen que todas las tramas tengan un alcance, desarrollo y brillo similar, que todas enganchen al espectador.

Las pequeñas máculas

Y es que esta temporada, para mi gusto, tuvo algunos detalles que, personalmente, habría eliminado o reducido drásticamente. Esto puede sonar raro, o terriblemente incendiario, en una temporada de 8 episodios de 50 minutos, pero el caso es que hay tramas que acabaron resultándome soporíferas.

Casi toda la trama del señor Bates, por ejemplo, me parece que sobra. Se cuenta de forma aburrida, el personaje no interesa en absoluto, su situación da todo lo que tiene que dar en muy poco tiempo y luego pasan capítulos y capítulos sin aparentes avances hasta que por harte de magia todo se resuelve y son felices, y vuelven a Downton Abbey y todo el mundo les da un abrazo, les estrecha la mano y tal y cual.

No sé si le pasaba a alguien más, pero de verdad que cada vez que centraban la historia en Bates, me entraban ganas de quitar la serie. Menos mal que con esa forma de saltar de personaje en personaje casi nunca tenía que sufrir a Bates durante demasiado tiempo continuado.

Lady Sybil, tan adorable como siempre.

La otra, es un caso algo más peliagudo. Lo cierto es que me parece que en cierta medida era una buena decisión, pero quizá se equivocaron de personaje. La muerte de Lady Sybil en el parto era una idea interesante. Matar a un personaje importante de la serie era una buena idea y una buena forma de conseguir implicación emocional de los espectadores. Pero precisamente Lady Sybil ya era un personaje que se había ido a Irlanda, que había vuelto para actuar unos cuantos capítulos porque iba a tener a su hija y ya está. Pero cae ella. Y sí, es un momento triste (bien), Sybil era una persona encantadora y muy progresista que resultaba fácil apreciar (bien), pero su muerte a efectos prácticos es la menos relevante de casi todos los personajes posibles. Aunque, al menos, ahora la serie aprovechará a Tom para algo, que siempre me pareció un personaje secundario sobrante y que ahora, tras la muerte de Sybil parece que puede conseguir cierta relevancia más allá de dónde enchufa su miembro. Además, la serie tuvo su momento de «lo conocido es mejor que lo nuevo». Me resultó chocante que en una serie en la que insisten tanto en que Robert Crawley es un hombre obsoleto que no ha sabido adaptarse a los tiempos, hayan tomado la decisión de que el médico de toda la vida que conoce a sus pacientes tuviese razón sobre el especialista a la última. Ese momento casi paternalista de «en ningún sitio como en casa» y de que «lo de siempre es mejor» me pareció un poco... un poco decepcionante.


Nota: 8,5. Downton ha recuperado su estilo, su ritmo y sus formas y una vez más ha conseguido una de las temporadas más vistosas y visibles del otoño correspondiente.

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Y este fue el momento promocional que os comentaba antes, Hugh Bonneville mostrando la camiseta ante los periodistas reunidos. Muy grande: