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martes, 22 de mayo de 2012

Doctora en Alabama (Hart of Dixie) - CW

No suelo fiarme demasiado de las series de la CW. Me gustó Supernatural, aunque la dejé tras la quinta temporada, pero el resto de su producción me parece, en general, aburridamente adolescente. Y Doctora en Alabama podría haber estado mejor, es verdad, pero me parece, sin duda, una de las producciones más interesantes de la cadena de Supernatural, Smallville, The Vampire Diaries y Gossip Girl.


Doctora en Alabama juega unas bazas muy sencillas y, en general, ni siquiera lo hace con una gracia asombrosa. La serie cumple en todo momento, pero tampoco intenta ir mucho más allá. Con todo, el resultado es entretenido y, generalmente, divertidillo. Los personajes son bastante tópicos pero apoyan el alegre transcurso de los capítulos, que en realidad son poco más que una excusa para contarnos dos cosas: por un lado, el choque cultural de una prometedora cirujana de la gran ciudad, Zoe Hart, a la que le condicionan la beca a que mejore su trato con los pacientes ejerciendo de médico de cabecera en una pequeña población (la elegida será un pueblecito de Alabama llamado Blue Bell) y por otro lado, las tensiones amorosas entre tres hombres y dos mujeres que forman un misterioso dutriángulo amoroso al que a veces se añaden otros vértices claramente más pasajeros.

Los personajes:
—Zoe Hart (Rachel Bilson) es la protagonista, la cirujana que se va a Blue Bell. Allí tendrá que lidiar con... con el Sur. Con un médico que no la quiere en su consulta, con la celosa novia de George Tucker que ve en Zoe a un demonio encarnado y aun peor, neoyorquino, con el choque de culturas, con Burt Reynolds (la mascota del pueblo, que es un cocodrilo) y con la evidente tensión sexual con George Tucker y con Wade Kinsella. Vive en una casa alquilada por Lavon Hayes, alcalde de la ciudad y exjugador profesional de la liga de fútbol americano.
—George Tucker (Scott Porter) es abogado, y nos dejan claro que uno bastante bueno. Ha tenido la opción de quedarse en Nueva York, pero ha vuelto a Blue Bell por su novia Lemon Breeland. Hace del hombre bueno de la serie y, en fin, supongo que también hace de tío bueno. Laura, aquí a mi lado, confirma mis sospechas de que sí, lo hace, pero no está especialmente bueno.
—Wade Kinsella (Wilson Bethel) es el tirado del pueblo. Trabaja de camarero en el bar de Blue Bell, el Rammer Jammer y vive en una de las casas que alquila Lavon Hayes. Tiene una banda de música y parece ser algo reticente a dejar atrás su adolescencia. Es el típico personaje algo tontín pero claramente bien intencionado tras sus payasadas y su fachada de no-me-importa-nada.
—Lemon Breeland (Jaime King) es la novia de George e hija de Brick, el médico que queda en el pueblo cuando llega Zoe. Es hostil con ella desde el principio, lo que ayuda a generar la sensación de que es digna hija de su padre
—Lavon Hayes (Cress Wiliams) es el alcalde de la ciudad. Es un hombre enorme y respetado. En los primeros capítulos las mujeres más mayores del pueblo hacen algún comentario sobre el hecho de que sea negro (que es lo que cabe esperar en esa población) pero es un tema que se deja pronto a un lado. Es amigo de Wade y de George y, rápidamente, se hace amigo de Zoe.
—Brick Breeland (Tim Matheson) es el médico de Blue Bell y el mayor enemigo de Zoe cuando esta llega. Es un hombreserio y despiadado con aquellos que le caen mal y un buen apoyo para los que considera amigos.


Los triángulos:
Wade - Zoe - George: este es el más evidente y el más tópico. El buen tío (que tiene novia y tal) y el tío macarroide (que sigue anclado en unos eternos 17) se sienten interesados por la protagonista, que tiene más conversación que las lugareñas, que viene de Nueva York y que lleva una ropa siempre que deja ver bastante de lo que oculta debajo. No es que sea una ropa ultraputesca, pero bueno, si se compara con la ropa del resto de mujeres de Blue Bell, la verdad es que... ¡Uf!

George - Lemon - Lavon: mientras George se fue a la gran ciudad, Lemon tuvo una aventura con Lavon. Y ahora pasa lo que pasa, tensión estándar, conflicto de lealtades y esas cosas.


La serie es capaz de resultar entretenida a pesar de tirar constantemente de los mismos recursos. El plantel de actores se defiende (unos mejor, otros peor, todo sea dicho; aunque uno de los más sosos, Scott Porter, demuestra destacar algo más con personajes más movidos en los capítulos en los que se aleja de los hilos de Lemon Breeland), a excepción de Cress Williams, que, sintiéndolo mucho, y aunque el personaje me cae bien, me parece que tiene expresividad cero. No sé si es parte de la idea de que haya sido jugador de la NFL, pero en principio, lo admito, no me convence nada.


El uso de la música es, generalmente, magnífico. Las canciones no solo se ajustan bien, sino que el volumen se integra a la perfección y envuelve la escena sin devorarla, con cierto aire a sur. Se intercalan a la perfección con las voces y proporcionan una sensación muy grata. La verdad es que con el tratamiento de la música, sea esta mejor o peor, me siento muy satisfecho con muchas de las series que he visto últimamente. Y, además, desprovistas de imagen, de contexto, estas canciones parecen algo mutiladas, si queréis oír una pequeña muestra de las canciones os dejo el siguiente enlace a tunefind.


Y con todo, el gran protagonista de la serie es el pueblo; Blue Bell, con su cocodrilo, con sus jovencitas con vestidos de color pastel, acento sureño hasta la médula y toda una galería de miradas para expresar desagrado, hostilidad y rencor. Con sus fiestas tradicionales, su decoración, su música. La verdad es que la representación de lo sureño es, tal vez, lo más destacable de la serie. Junto al manejo de la música.

Lemon y Magnolia Breeland.


El final de temporada fue correcto. Tal vez seguir tan a rajatabla el desarrollo de una comedia romántica prototípica, contando que ellos mismos bromean a lo largo del capítulo con ello, jugó ligeramente en perjuicio del propio capítulo. La forzadísima temporización de acontecimientos, las tensiones triangulares... Bueno, es lo que es. El capítulo fue divertidillo de todos modos. Y la serie no intenta ofrecer más.

Curiosidades:
—Desde los años 50 el estado de Alabama obliga a que en todas las matrículas que emiten ponga "Hart of Dixie".
—El Rammer Jammer es el mismo lugar en el que se ruedan las escenas del Bar Merlotte de True Blood.


Nota: 6,5. La serie se deja ver. No es especialmente original y no tiene grandes bazas, pero es una serie agradecida, que no suele caer en capítulos excesivamente aburridos y que no admite grandes improvisaciones argumentales. Los ingredientes son típicos y lo mejor que aporta la serie es el acento sureño de Jaime King, que es épico todo él; pero los capítulos pasan, siempre, con algún que otro momento divertido y el resultado es, como mínimo, aceptable.