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jueves, 12 de abril de 2012

Caperucita Roja (¿A quién tienes miedo?) - Catherine Hardwicke

He de admitir que vi esta peli sobre aviso. Las dos personas que me habían hablado de ella me habían dicho que era muy, muy mala.Y de verdad que me la esperaba mala, pero no me esperaba... eso.


Caperucita Roja no empieza mal. Bueno, hay cosas que están mal-mal desde el principio de la película, pero la sensación general es... aceptable. ¿La segunda mitad? Pues la segunda mitad ya se ha entregado a todos los fallos y no aporta nada que intente disimular lo que en realidad es el filme: una historia con fotografía recargada y escenas adolescentemente sexuales (es decir, poco sexuales y de forma algo infantil pero que parece que intentan ser súper guarras, ¿sabéis?).

Argumento.
La peli va sobre la Caperucita Roja... pero en esta versión no es una niña; es una jovencita con un rollete leñador (sí, de verdad). Y son malos, y jóvenes, y él tiene esa pinta algo afeminada del hombre lobo de Crepúsculo (en serio, es difícil no pensar al principio que ese tío va a ser el Lobo Feroz). El caso es que cada 13 años (creo recordar) la Luna pasa una semana teñida de rojo, es la Luna de Sangre, y el Lobo Feroz sale y mata pueblerinos. Entonces llega Solomon (Gary Oldman) que viene a matar al Lobo, y nos cuenta su triste historia, y se ve que mola mil; y llega al lado de dos negros de acento gracioso. La película avanza y pronto el Lobo es una historietita de fondo y lo que importa es el triángulo amoroso entre Caperucita, su rollete leñador-malote-que-da-asco-hasta-a-las-cabras y su prometido-sosainas-y-cobarde-pero-aparentemente-buen-tío. Y... bueno, en realidad ya acaba ahí.


El reparto.
—Caperucita roja es Amanda Seyfried, a la que conocí por ser la hija de los mormones de Big Love. Esa serie me gustó tanto que lo cierto es que guardaba un recuerdo amable con la señorita Seyfried. Quizá sean exigencias de guión, pero lo cierto es que como Caperucita Roja es una persona soso-putesca, dentro de esa insinuación preclara y aburrida de muchas películas que buscan cierta clase de reclamos. Los labios siempre echados, el maquillaje intenso y la aburrida y cansina expresión de incontenible deseo. Pues nada.
—Sujeto adolescente-masculino uno, interpretado por Shiloh Fernandez es el noviete (o lo que sea) de Caperucita. Desde la primera escena tiene un aire al niño-lobo-depilado de Crepúsculo. Y ahí se queda. Plano, aburrido. El único favor que podría haber hecho a la película este personaje era automutilarse periódicamente (y satisfacer a un público) o fornicar una y otra vez en diversos momentos (para satisfacer al resto). Horrible el personaje e impersonal el actor.
—Sujeto adolescente-masculino dos, a cargo de Max Irons. El prometido de Caperucita. Aburrido también, pero tiene pinta de majete. Soso, sí, es verdad, pero una notable mejoría respecto al sujeto uno.
—Solomon, Gary Oldman. Carismático, arrollador... pero descontrolado. Oldman se come la película. Él mola tanto (y el resto taaaan poco) que con cada aparición deja en evidencia a lo que lo rodea. Oldman mola y es lo único realmente salvable del filme, es verdad; pero lo es a costa de rematar la cinta.


Valoración.
La película es mala. Pero mala-mala. No tiene medias tintas. Es aburrida, es predecible, es absurda y los jovencitos tienen unas interpretaciones bastante-bastante sosas. Oldman destaca (el actor no suele —o solía, visto lo visto— gustarme demasiado, aunque en las Batman de Nolan y aquí me parece que lo hace muy bien). ¿Y la música? Ay, señores, la música es para darle de comer a parte. No sé qué clase de subhumanos estuvieron al cargo de esta afrenta auditiva, de este escupitajo a los huesecillos del oído medio, pero lo cierto es que desde la primera vez que la música aparece pletórica dispuesta a insultar al espectador hasta la última miserable y nimia nota, el trabajo de estos señores dibuja nuevas cotas de horror. Cthulhu les selló las partituras de puro deleite, no os digo más.

La fotografía, al menos, es bonita. David, un amigo, la describió como «de anuncio de colonia» y tiene razón. Pero es bonita; aburrida, saturante, vacía... pero bonita. Visto lo visto no es como para quejarse, ¿no?


Curiosidades.
—En el tráiler se decía que los hechos acaecían en el siglo XIV, en la peli no se dice nada.
—Salvo Amanda Seyfried todos los actores tienen los ojos marrones o lentillas de ese color para la película.


Escenas para la posteridad.
—Uhhh, puta, monstruo, te odiamos. Buuuh. Pero ahora no, pobre, pobre Caperucita. Ven que te queremos. Me imagino tan claramente la sala de guionistas llena de drogas...
—El polvo adolescente en la nieve. «¡Lume!», que dicen algunos por aquí. Putin asentiría satisfecho. Muy bien, chicos.
—Es de la misma directora que Crepúsculo. Sí, en serio, ha vuelto a encontrar trabajo.



Por cierto, por si alguien vive cerca y quiere hablar con ellos sobre cómo varía el concepto de música entre distintos seres (tal vez entre distintas especies, yo no descarto nada...), los villanos que trajeron ese monstruo infernal que es la música son Alex Heffes y Brian Reitzell. Espero que hayáis cobrado bien por esto, señores; hay gente que ha ido al Infierno por menos. Como Dean Winchester.

Nota: 3. No, no merece la pena. Corred, huid lejos. Run to the hills.