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viernes, 12 de agosto de 2011

El guardián entre el centeno - J. D. Salinger

Cuando llevaba la mitad del libro, me planteé muchas cosas. Quizá yo hubiera llegado tarde a su lectura, es decir, quizá, sencillamente, fuese viejo para una primera toma de contacto. Quizá la traducción era tan horrenda que lo que el libro pudiera tener de interés o gracia... desaparecía en las brumas de aquella redacción terriblemente repetitiva, fea y monótona. Quizá, tal y como estaba viendo, fuese uno de los objetivos de la obra, quizá lo más gracioso del libro fuese que el autor se llamase "JD". Me costó bastante decidirme, la verdad. Mucho "quizá" y muy pocas nueces.



La novela nos presenta al señorito Holden Caulfield al que acaban de expulsar de su nuevo colegio (tras otras previas expulsiones de anteriores centros educativos), un tío sin gracia, sin espíritu y sin ninguna cualidad que lo convierta en un buen protagonista. Ni siquiera en uno normalito. Lo único bueno que tiene es que insiste una y otra vez en que se quiere suicidar, con lo que al lector le queda un brillo de esperanza. "Quizá lo haga". Así va, un "quizá" tras otro. Pero no, en realidad asistimos a su existencia emo anodina de principio a fin.

Holden empieza siendo... miento, empieza pareciendo un jovencito tirando a estúpido y acaba siendo de un infantil insoportable sin más. En serio, hasta tal punto es así, que personajes que en general me darían asco (como Stradlater, por ejemplo) acababan despertándome cierta simpatía aunque fuese en un ámbito tan limitado como su trato con Holden. Creo que nunca, nunca, nunca me encontré con un protagonista tan... exasperante. Odia las mentiras, la obsesión por el sexo que tienen el resto de adolescentes, la hipocresía, la estupidez... en realidad juraría que en uno u otro momento dice que odia todo lo que aparece en el libro; aunque se le pase un instante después.

El lenguaje barriobajero, de malote (no sé si malote se usa en el resto de España, pero me gusta más que cani, por ejemplo), supongo que buscaba ocupar un nicho ecológico. Esa gente está claro que existe y, la verdad, ocupan más bien un espectro marginal en los libros que se ven normalmente. No obstante, lejos de sentirme ofendido, me aburría soberanamente, sobre todo algunas de sus expresiones como "pegar la hebra", que en mi mente acabó traduciéndose como "darle el coñazo a alguien", o "tener la vena" que esa sí parecía ser más claramente "estar de humor". Pero entre venas y hebras, la verdad, se van la mitad de los diálogos del muchacho.

No obstante, a pesar de todo, reconozco que en la segunda mitad del libro hubo dos o tres escenas que me gustaron. Fueron momentos puntuales y ni siquiera me gusta cómo encajan en el libro, sino solo como escenas descontextualizadas. El momento en el que se explica a qué viene el título del libro me parece bastante interesante; cuando Holden es cruel con Sally porque sí, porque es un cretino sobrevalorado que lo único que merece es una mano de hostias; cuando habla de cómo uno de sus profesores recogió hace años a un alumno que se había tirado por la ventana, tras taparlo con su abrigo "sin importarle que se llenase de sangre" y toda, toda la parte con la hermana (un encanto la joven Phoebe Caulfield, la verdad).

Supongo que, en parte, mi problema con el libro viene de que intenta reflejar la adolescencia, pero es mentira. No sé cómo la gente puede pensar otra cosa. Holden tiene 17 años y actúa como un crío de 9. En realidad notamos que todo su mundo gira en torno al sexo (sí, bien, eso sí que es apropiado para sus 17 años), aunque no a él exactamente, solo a todo su entorno; pero luego podemos apreciar que habla como si tuviese 10, repite las cosas una y otra vez y actúa de forma súper infantil. No es un representante válido, me pareció un outlier en la muestra.

Nota: 4. Las últimas 80 páginas, de 280, están bien. El resto, entre aburrido y absurdo, dependiendo del momento. Es un libro corto y no resulta difícil de leer, pero tampoco va más allá. Si lo leéis, que sea bajo vuestra cuenta y riesgo, y no por recomendación mía.


¿A vosotros, qué os pareció Caulfield? ¿Fuisteis capaces de empatizar con él? ¿Comprendíais sus motivaciones? ¿Y qué tal la redacción del libro? Es que había momentos en que me gustaba, pero quedaban eclipsados por paja y repeticiones horribles del chavalín. ¡Ay!