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martes, 2 de agosto de 2011

Crimen y castigo - Fiodor M. Dostoievski

Crimen y castigo, la que para probablemente es la novela más conocida del ruso F. M. Dostoievski (de quien hay una muy buena entrada en Wikipedia, que me sorprendió muy gratamente), nos presenta a los personajes con una profundidad psicológica asombrosa. Los personajes son todo motivaciones y creencias, impulsos y razones. Es esta inmensa caracterización la que hará que en torno a las escasas acciones de la obra, la historia se desenvuelva, crezca y nos arrastre a ese viaje sucio, violento, trastornado y triste.

Esta es, exactamente, la edición que leí, la de Isabel Vicente, en la que pone, una y otra vez, "en fin de cuentas". Brrr. Y repite una y otra vez las mismas palabras, y a veces redacta las cosas de forma que al lector castellano le chirría por todas partes. Pero bueno, es lo que hay, para otra vez haré caso a mis amigos traductores y me leeré la traducción al gallego.


La novela se presenta en 6 partes (cada una de ellas subdividida a su vez en capítulos) y un epílogo. En la primera de ellas tiene lugar el crimen completo. Su planteamiento, su justificación inicial —si es que alguien lo quiere considerar verdaderamente justificado, porque incluso Rodion Romanovich Raskolnikov tiene sus dudas durante el transcurso de la historia, aunque no quiera reconocerlo— ; en las siguientes, hasta el capítulo final, poco antes del epílogo, de hecho; asistimos al conflicto interno de Raskolnikov, su debate moral, sus intentos de justificación, sus complicadas creencias éticas, las fantásticas-geniales-perfectas (estas son la esencia misma del libro) discusiones que tiene con Razumijin, Svidrigailov y —sobre todo— con Porfiri. De hecho, las conversaciones entre estos dos —Porfiri Petrovich y Raskolnikov, aunque reconozco que algunas de las aportaciones de Svidrigailov son geniales también— son las que dan alas al libro, las que más encauzan la historia. Los demás ayudan a dar profundidad a las cosas, a llenar a los personajes de matices; pero es la sagaz oratoria del juez de instrucción la que va conduciendo la historia hasta su punto final. Es este la horma del zapato del inteligente pero arrogante, brillante pero obcecado, Raskolnikov; Porfiri es una araña  vieja y paciente y poco a poco, entorpecido a veces por un azar casi maligno, va tejiendo su tela. Magnífico, insisto. Grande como pocos.

Esta es, sin duda, una obra de personajes. En realidad poco importa la historia, que es poco más que una justificación para presentar el cuadro, para enseñar la pobreza, el dolor y la suciedad del lugar y del alma; para ahondar en Raskolnikov, en su serenidad y su locura, en su forma de ver las cosas; para enseñarnos a Razumijin, fiel y apasionado; a Avdotia (Abdocia en otras versiones, según parece) hermana de Rodion, por quien siente correspondida adoración;  a Piotr Petrovich, un hombre absolutamente obsesionado por el dinero, que se presenta, casi, como el salvador de la familia Romanov, con una escena increíble en la cuarta parte; a toda la desgraciada familia Marmeladov, con el padre borracho, la esposa tísica, la hija que se prostituye para mantener al resto y los pequeños —una de las escenas que más me gustaron del libro, concretamente, es la muerte del señor Marmeladov, donde la tensión y el dramatismo se respiran en cada línea. ¡Pelos como escarpias!—; y por supuesto a  los grandes Porfiri y Svidrigailov.

Todas las escenas son visualmente muy potentes y fáciles de ver. Dostoievski recrea con detallismo cada escenario y cada gesto. Crimen y castigo no es rápida, eso por descontado, es un libro muy parado en el que cada cuartucho gris y sucio. El autor nos lleva por donde quiere, desde la saturación de la carta de la señora Romanov —que admito que me pareció casi insoportable— hasta los momentos más terribles, donde cautiva con las escenas enfermizas y morbosas.

«No me he arrodillado delante de ti, sino delante de todo el sufrimiento humano»

La teoría de Raskolnikov, que es la que motiva la novela, es que la humanidad se divide en dos grandes grupos: los Ordinarios y los Extraordinarios. Los primeros son la gran mayoría (son la Masa de Ortega), los segundos son los individuos especiales que pueden cambiar el sistema, hacer avanzar al mundo. Los primeros deben cumplir la ley, porque es la forma de tenerlos controlados y de que el mundo sea habitable; no obstante los segundos están autorizados y moralmente legitimados para quebrantarla, porque es la única manera de que el mundo avance, progrese... mejore. Pero como dice Porfiri, es demasiado tentador sentirse un Extraordinario si se cree en dicha teoría.

Y ahora, centrándome en las cosas que no me han gustado, hablaré de dos. En general toda la novela me gustó mucho, aunque no la carta de Puljeria —como ya he dicho antes— por excesivamente larga y escasamente interesante y el epílogo del libro. El epílogo me pareció ridículamente amable:
aunque no me gustaba que a Rodion le rebajasen la pena a solo 8 años, eso puedo aceptarlo. Se entregó él, Porfiri cumplió su promesa haciendo que el caso siguiese tan oscuro e irresoluto como antes, etc.; bien, vale, sí, aceptamos barco. Que Sofía (Sonia) decida acompañarlo porque lo quiere, me pareció un poco más forzado. No me gustó. Nada. Pero pude soportarlo estoicamente. El hecho de que cuando ella enferma y deja de ir a visitarlo unos días, Raskolnikov se sorprenda añorándola y descubra que la ama, y luego tengan un momento pasteloso y sepan que se aman para siempre, que se van a esperar y que los petirrojos nunca han tenido el pecho más rojo... no lo soporto. Al igual que Goethe en su Fausto, me dio la impresión de que Dostoievski se había encariñado demasiado con su personaje, que cuando tenía que terminar el libro pensó: «joder, no puedo hacerle esto al pobre; bastante ha tenido ya por matar a esa mierdas usurera», o algo así. Y no me gusta. Redenciones cutres de última hora no, gracias.

Nota: 9. El final no me gusta, me parece mal traído. Así de simple. Ni clásico universal ni pollas. Mal Dosto, mal final. Pero el resto es sencillamente envidiable. Dostoievski estaría siempre acuciado por las deudas, escribiría sin tiempo y amenazado por el hambre, pero ¡qué puto talento tenía!


¿Alguno lo ha leído? ¿Qué os ha parecido? ¿Qué opináis sobre la teoría de las masas y los extraordinarios de Rodion?