Google+

viernes, 24 de junio de 2011

Mujeres Desesperadas (3ª temporada) - ABC , Marc Cherry

Tras el bache de la segunda temporada, tomé ésta con menos ganas. Craso error. La tercera temporada de la serie es magnífica, divertida e hilarante como ninguna de las anteriores, tan sólida como la primera pero con menos muertes rítmicas. Además, el capítulo  «Mi marido, ese cerdo», merece una mención aparte.



Esta vez no hay un misterio concreto, ¿o sí? El misterio es una serie de pequeñas intrigas que rodean a la graciosa, increíble y misteriosa persona que es Orson Hodge, magníficamente interpretado por Kyle MacLachlan, anteriormente conocido como Paul Atreides en la Dune de David Lynch, quien debió de ser uno de sus grandes adalides, puesto que lo metió en varias de sus obras. Uno empieza la temporada con dudas sobre él, sobre Hodge; lo cierto es que es un personaje que alterna lo artero y ladino que nos ha enseñado, con sus graciosos trastorno obsesivo compulsivo que lo hacen, realmente, el marido perfecto para la señora Van de Kamp, desde luego. Además, su peculiar sentido del humor ácido y amargo a partes iguales, lo hacen un personaje realmente divertido. Susan, en cambio, vive un nuevo drama, dividida entre Mike Delphino, al que la segunda temporada dejó tirado en el suelo y que vive en coma; e Ian Hainsworth, un ricachón inglés cuya mujer también está en coma. Eddie Britt vive su oportunidad dorada con Delphino, aprovechando la vacilación de Susan. Carlos y Grabielle deciden tener un hijo, pero como la cosa no marcha, toman a su criada como madre de alquiler.

Esta temporada, como las demás, tiene un apartado visual cuidado al milímetro, en el que la luz y los colores resultan muy agradables y hogareños, lo idóneo para un barrio residencial, claro. La música, perfecta como siempre, como ya he dicho en anteriores ocasiones. No obstante, hay algo más. Esta temporada empieza a brillar.

 «Algunas manchas son tan indelebles que nada podrá lavarlas... » 

Para empezar,  «Mi marido, ese cerdo»  (3x16): es un capítulo especial, especialidad que sale a relucir tan pronto empieza el episodio y por primera vez no nos acoge la voz de Mary Alice Young, sino la de Rex Van de Kamp, el marido muerto en la primera temporada de Bree. Rex hace una narración divertida y cínica sobre su familia, mientras se sucede uno de los capítulos más divertidos de la serie.

Continúo con la que tal vez haya sido la mejor escena que he visto nunca en la serie, que se puede ver en el episodio siguiente,  «Big dress» (3x17), en la que tras una gran metedura de pata de Eddie Britt, ésta se desnuda física y psicológicamente, se sincera y entrega como nunca antes. Y todo en esta escena es perfecto, sus frases, las miradas entre los actores, el tratamiento de la desnudez y recién mostrada fragilidad de la siempre dura Britt. Todo. Una pasada.

La última gran escena, en mi opinión, es la de la desesperación de Lynette, mientras su marido, al otro lado de la puerta del baño le dice que ya todo está bien, y que pronto volverá a trabajar y ella, oculta tras esa puerta y el ruido de los grifos, llora desconsoladamente. Déjalo, Lynette, que sois una pareja lamentable .


Nota: 8,5. Esta temporada es lo que siempre debería haber sido la serie. Un buen ritmo, un buen trato de personajes, una buena historia y además interesante y alguna que otra escena para enmarcar. Muy recomendable, aunque para llegar a ella uno deba tragarse la muy mediocre segunda temporada.

Otras temporadas: