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miércoles, 8 de junio de 2011

Tierra de bisontes - Alberto Vázquez Figueroa

Y con esta me pongo a ritmo de publicación, al fin. Esta vez, el escritor canario nos lleva con su también canario cabrero a América del Norte, a un tiempo anterior al Salvaje Oeste, recorriendo el continente de este a oeste con gran número de giros, desvíos y toda clase de problemas. 


Al principio de la novela, Cienfuegos, que vive plácidamente con Ingrid Grass y con Araya, acompañado de muchas otras familias que han rehecho sus vidas al oeste del Atlántico, está pescando en una barca cuando, de pronto, algún pez cabronazo le inyecta alguna ponzoña que lo tiene semiinconsciente. Así, el pobre protagonista acaba navegando a la deriva en Dios sabe qué dirección, hasta que despierta un día muy lejos de casa, abotargado y medio muerto.

La gran constitución del cabrero, y su conocimiento y adaptablidad, le permite reponerse del mal trago y seguir adelante, queriendo siempre volver a su hogar. Y es que Alberto Vázquez Figueroa se niega a dar tregua al pobre gomero.

Lo cierto es que cogí el libro con cierto temor. La historia estaba perfectamente terminada con el anterior y proseguir una historia terminada, con 15 años de tierra sobre su ataúd me parecía un error. No obstante, acepto que el nuevo libro está bien. Sin más. La nueva entrega no mejora nada de lo pasado ni añade gran cosa. Sí, claro, presenta un nuevo lugar y nuevos pueblos, lo que poniéndonos puristas, puede que sea la esencia misma de Cienfuegos y, además, el cabrero sigue anhelando volver a casa, a los brazos de Ingrid, como en los primeros libros de la serie. Sí, es cierto, pero no es lo mismo. La última novela es entretenida y amena y la historia, además de leerse con comodidad, resulta instructiva e interesante, como las anteriores; pero ni el cabrero mola tanto como siempre, siendo un personaje ya algo más acabado (cuando gran parte de la gracia de estos libros era el toque casi indianajonesco) ni los secundarios llegan a la suela de los zapatos a los de las entregas anteriores. Lo único que contribuye a salvar el equipo es la grandiosidad de la salvaje América del Norte, la extensión de sus accidentes geográficos, la brutalidad de algunos pueblos o la fría indiferencia de otros y, como siempre, el choque cultural del europeo.



«País de locos», es la frase más repetida y, en mi opinión, la más idónea para Tierra de Bisontes. 

Algunas construcciones como «¿qué tan lejos...», aunque el panhispánico de dudas dice que era de uso común en español medieval o clásico y podría ser una licencia; o el abusivo uso de «pendejada», que es un americanismo que siempre me ha desagradado al oído, son algo que me echó un poco para atrás a la hora de leerlo, y me sorprendió porque era algo que no pasaba en anteriores entregas.


Nota: 6,5. Está bien y se deja leer, pero ni a la serie le sienta especialmente bien que se le añadan cosas (con lo bien, en cambio, que sienta un buen final en el momento preciso), ni aporta gran cosa a la historia, a los personajes o al lector.