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jueves, 21 de abril de 2011

Mad Men (2ª temporada) - AMC

A veces me levanto escéptico y me pregunto cómo es posible que haya seguido viendo esta serie. Es cierto que está muy bien hecha, pero también es cierto que, cada vez, es menos Mad Men y más una cualquiera, una fulana en el mundo de fulanas que son las series de televisión; a lo sumo, quizá, una fulana muy bien maquillada.




¿Por qué? Mad Men empezó siendo una historia de publicistas, de publicistas que tenían familias, que tenían problemas personales, líos y ajetreos. Una historia de trabajadores con vidas normales. La obsesión por exagerar la masculinidad de Draper ha conseguido que la serie evolucione de otro modo, de una manera en la que gran parte de esta temporada y prácticamente la totalidad de las siguientes (he retrasado mucho esta reseña para dejar en frío mis ideas) se ha invertido. Ya no es una serie de publicistas que tienen una vida con líos y ajetreos; ahora es una serie de líos y ajetreos en la que, muy de vez en cuando, se pasan por la oficina y trabajan. Sinceramente, ya he entendido que Draper tiene un problema de promiscuidad y de obsesión sexual... es que ya no me aporta gran cosa. Prefería las campañas publicitarias, la verdad; ese factor es lo que diferenciaba, para mí, Mad Men de Gossip Girl. Eso y el humo del tabaco. Cada vez más parece que sólo le queda el humo del tabaco.

¿Es ahora una mala serie? No, en absoluto. Mad Men sigue contando con una puesta en escena elegante hasta, casi, la majestuosidad. Los personajes siguen siendo muy grandes, aunque ahora se dediquen, en general, a pavonearse de lío en lío. Reconozco que me gusta la evolución de Peggy Olson (que, en mi opinión, merecía un cambio y... una vida) y me gustan las tramas generales, tanto de ésta como las siguientes. No me gusta, insisto, la proporción de tramas/líos de faldas. ¿A eso se va reducir Mad Men? Hay tantas series para eso que, honestamente, me parece desaprovechar el potencial marcado por la primera, aquel enfrentamiento entre el macho y la hembra, la sociedad compulsiva y los trucos publicitarios.

Aún queda en esta segunda una pequeña reminiscencia de aquella primera, aún queda algún reclamo publicitario, pero me parece difícil no creer que son menos abundantes... y tal vez menos importantes. Supongo que una parte del público habrá agradecido el cambio de enfoque, pero a mí me molestó un poco. No obstante, sigue pareciéndome de lo mejor que ha hecho la AMC, después de Breaking Bad.

«Y si pienso, tal vez vuelva a ser el mismo de antes»

Nota: 8. La serie me sigue pareciendo muy buena, pero lamento un poco la pérdida de su fuerza inicial, aunque la evolución de algunos personajes y la tremenda realización técnica de la serie sigue siendo, sencillamente, magnífica.