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lunes, 6 de agosto de 2012

Prometheus - Ridley Scott

Ridley Scott me parece un hombre terriblemente irregular. Nunca sé qué esperar de él y, normalmente, me lo encuentro en una zona de gris mediocridad que ni me gusta ni me disgusta. A veces, evidentemente, se sale de ella, como hizo con Los Duelistas y con El Octavo Pasajero, dos películas impecables; y otras... se sale por el otro lado, como Hannibal y El reinos de los cielos. Por eso, ir a ver Prometheus fue terrorífico desde unos días antes. Me encanta El Octavo Pasajero y no estaba seguro de querer afrontar el riesgo de un nuevo experimento de Scott en el universo Alien. Pero allí fui, día del estreno, para bien o para mal.



Distintas culturas humanas de distintas épocas que no han tenido ningún tipo de contacto entre sí incluyen entre sus pinturas unas muy similares, hombres adorando a un homínido gigante que señale un patrón en el cielo. Un patrón de estrellas. Un mapa. Dichas estrellas no son visibles desde la Tierra, lo que prueba que algo (o alguien) está detrás de ese mapa. Y los investigadores consideran este hallazgo una invitación a visitar a estos seres, a los que llaman Ingenieros.

Weyland industries reúne un equipo de científicos y exploradores y los envía a la luna LV-223 sumidos en una estasis supervisada por David (un robot con apariencia humana) en un viaje de algo más de dos años a bordo de la nave Prometheus.

La Prometheus aterriza cerca de una gigantesca estructura artificial y el equipo se dispone a investigarla.




El poder de un gran legado


El Octavo Pasajero fue el inicio de la serie Alien. Scott tuvo entonces muchísimas decisiones acertadas (algunas voluntariamente, otras no, y otras de forma antivoluntaria, pues su intención era completamente distinta). Entre estas decisiones acertadas están: haber contratado al magnífico diseñador que es ese alocado suizo llamado Hans Rudolf Giger para crear al xenomorfo, haber puesto al frente y como tipo duro a una mujer (¡y qué mujer!), no haber escatimado en el componente sangriento más terrible y terrorífico (qué muerte tan espantosa la del hombre en la mesa), usar un ambiente claustrofóbico, un robot siempre ambiguo y eficaz, y usar el punto necesario de ciencia ficción para contar la historia y sumergir en ella al espectador sin la necesidad de ahogarlo con detalles que no le interesan. Y Jonesy, claro.

Intenta ser Ripley. Y ni Shaw es Ripley ni Rapace es Weaver. Es lo que hay.

Algunos de estos elementos, como el punto justo de ciencia ficción, Jonesy, el ambiente claustrofóbico y la mujer protagonista que sobrevive a todo se convirtieron en constantes de las películas. Bueno, Jonesy solo un poco (Alien, Aliens y Alien vs Predator 2, aunque en la última solo se lo menciona). Otros, como Giger, pasaron a un segundo plano incomprensible, se seguían usando diseños de la primera, pero él ya no participaba en el nuevo imaginario. No sé en qué pensaba esa gente, pero creo que Alien debe mucho al inquietante talento de ese diseñador... y volver a contratarlo para el equipo artístico de Prometheus se cuenta, sin duda, entre una de las virtudes de la película. Pero ya volveremos a esto con más detalle.

Scott y los suyos crearon para El Octavo Pasajero al monstruo perfecto. En aquel ambiente, en aquel contexto, era una criatura realmente temible, era rápida y sombría, implacable y con cierta inteligencia (Spielberg repitiría todas estas ideas con sus velocirraptores en Parque Jurásico y, de hecho, repitiría éxito). El legado estaba ahí y Ridley recogió su propio testigo: pasillos medio orgánicos asifixiantes, mucho líquido exudado y la sombra de algo más allá que nos quiere muertos.


Ese robot es Magneto, chicos


Charlize Theron, en el papel de la fría y maquinal Meredith Vickers (me pasé gran parte de la película dudando de si era humana o no, sobre todo contando el terrible parecido físico que se gasta con David, el robot) tiene el mando de la nave, que capitanea Janek, interpretado por un siempre serio y eficiente Idris Elba, aunque esta vez le han dado un abanico de frases pseudograciosillas típicamente hollywoodienses que le quedan un poco raras; aunque se defienden gracias al carisma inmenso de este hombre.

Entre los científicos destacan Charlie Holloway (Logan Marshall-Green) y Elizabeth Shaw (Noomi Rapace), una parejita de arqueólogos. Él se mete mucho con ella porque sus creencias ponen en duda muchas de las cosas que él da por sentadas, ella lleva una cruz e insiste varias veces en que «es lo que ha decidido creer». De hecho, siempre que se queda sin respuesta sale con la misma milonga.

La verdad es que Noomi Rapace sale muy guapa en la película y, pese a no ser Ripley, cumple de sobra. Y Logan... bueno, está ahí.

El otro gran personaje de la película (otro clásico de este universo) es el robot de la nave. David, interpretado por un Michael Fassbender intachable (creo que ha sido el robot de Alien que más me ha gustado) es el que sabe de qué va el asunto. A través de su expresión sutil y poco variada, aunque suficiente; a través de sus diálogos, algunos de los cuales se cuentan entre los mejores de las películas, destacando el que mantiene con Charlie Holloway cuando lo convierte en su rata de laboratorio, y a través de sus pasos siempre claros y concienzudos, que contrastan tantísimo con el devenir errático del resto de personajes de la película, es David el que acaba guiando la película.


Imágenes para el recuerdo


Y es que el apartado visual de Prometheus es para darle de comer aparte. No es que sea bueno, ni siquiera muy bueno; es que se trata de uno de los trabajos más lucidos del señor Scott y, probablemente, de uno de los más apabullantes que se hayan hecho últimamente. Desde la primera escena de la película, con el Ingeniero solo y desnudo, con esos paisajes vastísimos y llenos de magia y ese... suicidio envenenado, la veloz consunción del cuerpo, su material genético que empieza a recombinar a velocidad de vértigo en el agua... ¿Es la Tierra? ¿Es el Creador? ¿Scott nos trae una retorcida versión alienígena de la teoría de la panspermia? El caso es que intenciones aparte, esa breve escena es increíble. El cuidado que transmite, la desolación... las puertas que abre. De las mejores secuencias de inicio de ciencia ficción que he visto nunca.

Paisajes de ensueño en Islandia. Cerca, en algún sitio está Invernalia.

A partir de ahí, y en cuanto a imagen se refiere, todo ha recibido el mismo trato cuidadoso. La nave Prometheus, con esos pasillos y estructura tan característica de la Nostromo, el detallismo gore desapasionado, la tecnología alienígena muy humana y muy ajena a un tiempo...

Y aquí volvemos a hablar de Giger. Giger, esta vez fue un colaborador y un asesor del equipo; pero la sombra de este hombre es larga como la figura del xenomorfo y es difícil no ver las reverberaciones de su arte en los detalles, en el estilo y el acabado de la película. Con toda esa apariencia viva, de hueso y vísceras.

Miradla... sin casco. ¿Posibilidad de patógenos desconocidos? Tonterías.

Las construcciones colosales, el vestuario, el casco de los Ingenieros, que es épico (aunque es difícil no ver cierta similitud con el que Morfeo va a recuperar en los primeros números de The Sandman) los «cachorros» del geólogo y su mapeado terrible (que seguro que pusieron los dientes largos a todo dungeonero), la escena del despliegue de información (que seguro que fue uno de los intentos por potenciar un poquito el 3D, o al menos tenía pinta de ser una de las escenas con más profundidad de imagen detallada). No importa qué y no importa cuánto dure, el apartado visual de Prometheus es, sencillamente envidiable.

Aunque, cabe decir, la aparición del xenomorfo me dejó un sabor algo agridulce. No me parece que tenga un diseño tan elegante como el original. No es una de esas aberraciones horribles de Alien Resurrección pero no sé, le falta algo. O le sobra. Quién sabe.

Con la música me pasó algo muy raro, y es que durante la película apenas conseguí prestarle atención. Por un lado era la fuerza de la imagen, que me parecía arrolladora y me saturaba ligeramente. Por otro, creo, se debió a lo perfectamente entretejida que la música estaba con el vídeo; que solo le permite cobrar presencia en escenas muy determinadas donde el volumen de la música se elevaba mucho sobre el del resto de la película.

Es una música llena de agudos coros con graves retumbantes y que combina por momentos un sonido épico con mucha cuerda frotada, que me recuerda al que dio Williams a Jurassic Park, aunque más lento. Otras piezas en cambio, y este marca el segundo estilo de sonido predominante en la película, es un poco inhumano y me recordó muchísimo a las bandas sonoras de Michael Giacchino, con esos momentos horrísonos estremecedores y esos sonidos completamente antinaturales, esos chirridos...


Esos locos científicos


Una de las cosas que peor consideración está teniendo entre el público (y eso que la película no está cosechando demasiadas alabanzas en general) es la actitud completamente alocada, irracional y estúpida de los científicos. Admito que me pasé casi toda la película pensando lo mismo, pero según David iba desarrollando su papel la cuestión se iba aclarando sola.

David os está viendo. Y sabe más que vosotros. De todo. Incluso de vosotros.

Cuando aparece Weyland, de hecho, la cuestión, creo yo, termina de explicarse. Está muy claro por qué han cogido a gente tan asquerosamente inútil para la expedición. En primer lugar porque no supone ningún perjuicio para la ciencia en la Tierra, puesto que son unos inútiles me refiero. Añado que, en tanto que son unos insoportables, probablemente poca gente los echará de menos. Pero aún va más allá la cosa. En primer lugar, lanzar una expedición a otro planeta sin enviar un equipo de científicos se vería muy raro (muy, muy raro), probablemente encomendar todas las labores de investigación a un robot también se viese muy raro y se criticase; así que la solución de empresas Weyland me parece completamente justificada. Enviar un equipo de científicos a los que no nos importe sacrificar (de hecho, visto lo visto, esos tíos se sacrifican solos) para tener contentos a los medios de comunicación y a la opinión pública y manejar el resto del asunto en la sombra. Nada que replicar.

Miento, nada que replicar en cuanto a la selección de personal. Pero aún así, aunque me parezca completamente razonado que hayan elegido a una panda de cabestros que merecían todo lo que les pasa en LV-223; no creo que algunas de las acciones que emprenden tengan el más mínimo sentido. La más flagrante de todas ellas es una escena en la que el geólogo se pierde dentro del montículo artificial. Contando que son sus «cachorros» los que la han mapeado y que es él quien iba guiando al grupo por los claustrofóbicos pasillos. La otra es la nula previsibilidad de peligro biológico, ¡biólogo incluido! Ambiente desconocido, sí, pero la gente se quita los cascos que es una pasada de rápido. Y me frustra. Panda de irresponsables... ¿Qué, Scott, tanto costaba darle una mínima pátina de cultura científica a los irresponsables esos? En fin..


Mi otra gran queja sobre la película, en cualquier caso, es la tecnología que se muestra en la misma. No me gusta que el estilo de tecnología de la información elegido no se corresponda con el de las películas que conformaban Alien, rompen el todo y renuncian a una continuidad que no tenían razón alguna para perder. Entiendo que esta nave es la vanguardia de la tecnología y que la Nostromo... bueno, y que la vieja Nostromo es la vieja Nostromo; pero es que la diferencia es muy, muy abismal. ¡Y eso que lo de la Nostromo sucede 30 años después! No es un gran fallo, quizá; pero es algo que me escamó toda la película. Rodeado, además, por una factura tan preciosista, detallista y maravillosa, ya en plan recochineo, resulta demasiado disonante. No me gusta. Cuidado y mimo sí, pero por favor, cuidado para todo, gracias. Quizá fuese intencional, pero es algo que no me gustó.


Nota: 8. Una dirección impecable envidiable, buen ritmo (salvo momentos muy puntuales: esa conversación que acaba en charla sobre la infertilidad es un poco raruna y romperritmos), buen reparto (Fassbender magnífico, personaje y actuación) y considerable cuidado y respeto —en general— por el universo Alien. ¿Tiene problemas? Los tiene. Alien nunca ha tratado especialmente bien a los científicos (humanos, los robots sí), pero en esta película tienen un plus de estupidez muy, muy inquietante. ¿Hay algo, señor Lindelof, que quiera contarnos?