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jueves, 27 de octubre de 2011

Alguien voló sobre el nido del cuco - Ken Kesey

Desde hace bastante, de hecho la había comprado en VHS, conocía la película. No tenía la menor idea, aunque Lau se aprestó a ilustrarme, de que se basase en un libro de culto de la literatura estadounidense. Un libro que arrasó, al parecer, en las comunas hippies de los años 60 y en el ambiente universitario.


Era la primera novela del señor Kesey y supo traer una historia potente, una narración clara pero evocadora y unas visiones realmente espeluznantes, inquietantes... tétricas. Supongo que se debió en gran parte a la participación del autor en un experimento sobre drogas psicodélicas que se llevó a cabo en un hospital de California, según Wikipedia como parte de la operación MK ULTRA de la CIA. No obstante, en mi opinión, también le faltó un poco la voz de la experiencia para atar o resolver mejor ciertas cosas.


El Jefe Bromden —el indio— es el que cuenta la historia, es su visión alucinada, desfasada y paranoide la que nos traer los hechos, muchas veces distorsionados terriblemente por su propia imaginación enferma. Conocemos a Bromden muy rápido, es un hombre directo y claro que manifiesta su opinión con reflexiones internas, dado que —como descubrimos muy rápido, al contrario que en la película— el indio finge sordomudez.  La planta de psiquiatría está custodiada por la enfermera Ratched, un demonio hecho persona, una de esas médico-del-ejército empeñada en dar órdenes, castigar e imponer. Hasta tal punto ha conseguido su propósito que los pacientes sienten un pánico absoluto, se sienten absolutamente desnudos e inermes en su presencia. Un día, no obstante, llega al hospital un pelirrojo irlandés bravucón, arrogante, rebelde y amoral, llamado R.P. McMurphy. Enfermera Ratched, la guerra ha comenzado.

La película y el libro se parecen mucho, es cierto. A la película le faltan las imágenes ilusorias de Bromden, esa imagen de Ratched que crece, que se deforma, cuya sombra lo abarca toda. Esa visión Lovecraftiana que le da su estado mental. Personalmente, creo que algunos pequeños detalles, como el del pronto descubrimiento de la falsa sordomudez del jefe, no son beneficiosos para el libro, aunque en general es bastante más completo y efectivo que la película.

En la novela, los pacientes parecen mucho más enfermos, y aún así parecen mucho más víctimas del trato de una despótica Ratched absolutamente pasada de rosca. Ratched es un monstruo, es El Monstruo; Ratched es ira y frustración y venganza. Es un extremo, como McMurphy, que es el otro extremo: rebelde y continuamente enfrentado hasta la obsesión. En todo momento uno es consciente de que el irlandés «juega con fuego», y que un solo error le echará abajo toda su cortina de humo de maestro de la discordia, de cabecilla de la revolución.


La estructura se divide en cuatro partes:
—Primera parte: llegada de McMurphy, valoración mutua de capacidades entre él y la Gran Enfermera, partidas de póker y las disputas por disponer del televisor para ver los campeonatos mundiales aunque sean fuera del horario habitual de uso del aparato.
—Segunda parte: la lucha entre los dos extremos se agudiza, formación del equipo de baloncesto.
—Tercera parte: lucha encarnizada, pelea con los negros, viaje en barco.
—Cuarta parte: la fiesta y el fin de la contienda.


El argumento se articula así en torno a un esqueleto de puntos clave, de cantos a la oposición al régimen establecido y manipulador, al Tinglado del que habla Bromden; ese organismo (casi)vivo, enfermo y diabólico que introduce sus malévolos hilos en todas partes y te persigue, te subyuga y te utiliza. Ese que a hecho que los poblados indios se vendan, que los jefes hayan caído y que la libertad personal haya muerto definitivamente. Es normal que, desde este punto de vista tan depresivo, tan desolador, Bromden sienta cierto apego irracional por McMurphy, que representa todo lo contrario. Aunque la reflexiones del final del libro lo definen mucho mejor que el tono heroico con el que se habla de él en otros momentos del libro; y es que el irlandés de rizos pelirrojos al que tan bien caracterizó Nicholson en la gran pantalla a pesar de su cortísimo y durísimo pelo negro. Cuando nos hablan de él con la heroica melancolía del principio, la ingenua épica de Bromden, Mack parece un payaso, un timador de medio pelo que se aprovecha de todo y de todos siempre intentando ganarse unos dólares o unas cajetillas de tabaco; sin embargo, cuando se reflexiona —prácticamente— con que solo era un títere de las circunstancias, que se sobrepuso mucho más allá de lo que podía aguantar, ya medio frito por los electroshocks, solo porque era lo que se esperaba de él... sí roza esa línea entre la estúpida rebeldía de la adolescencia nunca superada y el verdadero heroísmo. Es esa actitud la que da alas a los demás, unos sacos de inseguridades y miedos, muchos de los cuales ven todo mucho más claro tras la experiencia con Mack.

«Uno voló al este, el otro hacia el oeste, sobre un nido de cucos voló este.»

Y no puedo evitar decir que me parece FATAL que la portada sea ésa, con Nicholson y todo. Si el prota es un tipo de rizos pelirrojos, ¿que hace ese hombre ahí? ¡Que si no hubiera visto la peli pensaría que Bromden acaba con el gorro de Mack!

Nota: 8,5. Es un buen libro, aunque muchas veces la historia queda algo enfangada en la sobrecargada paranoia del personaje-narrador Bromden, en su obsesión con la niebla que lo cubre todo, con el Tinglado. Si bien al principio esa falta de dinamismo la hace flaquear un poco respecto a la película, el desarrollo posterior y ese pequeño mayor detallismo del final consiguen un efecto mucho más completo. En cualquier caso, muy recomendables ambos, libro y película.