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miércoles, 26 de octubre de 2011

El pacto de los lobos - Christophe Gans

Christophe Gans, quien 5 años después traería de su mano la adaptación cinematográfica de Silent Hill, sorprendía en 2001 (el mismo año de la Vidocq de Pitof —parece que los cineastas franceses se sentían inspirados a hacer un cine más o menos comercial de aventuras; España, aprende— aunque sin ser tan peculiar/personal) con El pacto de los lobos (Le pacte des loups).


El pacto de los lobos es una película más... normal que la de Pitof, parece más cercana al concepto habitual de cómo se hace una película. No hay primerísimos planos enfocando solo parte de la mejilla, o parte de un ojo y la nariz, en esa extraña composición de increíble color que es Vidocq; pero también es cierto que ciertas escenas las han arreglado más o menos de la misma manera: carreras con cámara al hombro, coreografías exageradas de lucha (que supongo que tomaban la moda de las películas asiáticas e intentaban emularla...), etc. Pero como no es mi intención hacer una comparación detallada entre películas, voy a pasar a centrarme en la del señor Gans.

Una misteriosa bestia ha matado a unas cuantas personas en la localidad de Gevaudan. Así que el rey envía al caballero de Fronsac y a Mani (su amigo indio, sí, en serio) a investigar el asunto y ponerle solución. A grandes rasgos, eso es la peli. Contado así, claro, parece cutre; en realidad lo es, como casi cualquier película del estilo, tampoco vaya a llevaros a engaño. Es una peli de aventuras y entretenimiento palomitero y NUNCA pretende ser más. Es sencilla, visualmente aparatosa, con un misterio retorcido y casi tan exagerado como los personajes de la película.

Pero me cae en gracia. Primero porque parece que Europa es el continente del cine serio, o algo así, y me alegro —aunque no sea mi estilo predilecto— de que alguien se pusiese a hacer películas que podrían ser perfectas películas de aventuras estadounidenses. El pacto cuenta con un gran reparto, entre los que están los conocidísimos Vincent Cassel y Monica Belucci; un, para mí, desconocido Mark Dacascos que resulta que participa en varias películas bastante conocidas y en unas cuantas series igualmente conocidas y Samuel Le Bihan, que aunque es el protagonista de la película, es el que menos consiguió interesarme, aunque parte de la culpa la tiene ese personaje que parece hecho para seducir jovencitas en Piratas (la infame serie española) o una obra del estilo.


Los personajes y sus actores son:
—Grégoire de Fronsac: el caballero interpreto por Samuel Le Bihan, un chulito incapaz de tener la boca cerrada que pasa el tiempo con miraditas de entre ligón adolescente y chulo de playa, o demostrando cuánto sabe de investigación y del arte de la espada.
—Mani: el indio amigo del caballero de Fronsac, interpreto por Mark Dacascos, un tío taciturno (es un punto a su favor, el silencio nunca molesta), que habla cuando tiene que hablar. Cuando se necesita algo raro... él sabe/puede hacerlo.

Como defecto de estos dos podríamos decir que la película se eterniza en esas interminables escenas de lucha (asian-style), golpe tras golpe tras golpe tras salto-pirueta tras réplica ingeniosa... un coñazo vaya.

—Jean François: que es tan tan malo que irradia chungueza ya de inicio. Es difícil no sospechar de un tío que se esfuerza tan poco en disimular que es un hijoputa, la verdad. Y que finalmente sea el malo es casi frustrante. Tiene lógica, claro, pero es que es TAN evidente... Lo que es innegable es que Vincent Cassel le va al pelo, cómo me gusta ese actor.
—Marianne: la hermana de Jean François, una monada hecha real por Émilie Dequenne. En el fondo es poco más que el mecanismo de avance de trama en momentos puntuales.
—Sylvia: el personaje no se sabe, no te fíes de la película, interpreto por la preciosa Monica Belluci.


El pacto de los lobos no es, ni mucho menos, una gran película; es absolutamente normalilla pero resulta entretenida, tiene una buena factura técnica (el vestuario es una pasada, los efectos especiales son bastante más que dignos aunque las coreografías son monótonas) y unas grandes actuaciones.

Y aunque la peli mantiene el tipo correctamente durante casi las dos primeras horas, según llega a su último octavo, se hunde; con especial mención para el brazo frankensteinico y la espada de Ivy la de Soul Calibur. Pero vamos a ver, ¿cómo se os ocurrió? ¿Qué añadisteis al tabaco?


Nota: 6. La peli se deja ver, sobre todo si no tenéis problema con las largas escenas de patadas a lo Jackie Chan (yo sí lo tengo) y con el tono de película clásica y sencilla de aventuras un poco oscurilla y si podéis perdonarle los últimos 20 minutos. Con un poco más de seriedad podría haber molado bastante más, pero es lo que hay. Los inicios siempre son duros.


Edición 27/10/2011: según me informa Boris Tajadovski de El rincón de Alkoholi Kuin en los comentarios de esta publicación, la película está basada en un caso real, del que Wikipedia tiene bastante información.
¡Gracias, Boris!