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domingo, 28 de febrero de 2010

The wire, 1ª temporada

The Wire es una serie de corte realista y policial. Aquí no hay un equipo CSI fantástico, ni una antropóloga forense, ni siquiera un gran equipo policial que resuelve todo en tres patadas, ni nada. Aquí son personas corrientes haciendo su trabajo con mayor o menor acierto y que encaran un caso. Nada más.


La primera temporada trata de cómo la policía de Baltimore se enfrenta a las bandas de narcotraficantes y tienen que cambiar los medios para atajar el problema, porque los que venían utilizando ya no les sirven. Y, sobre todo, de cómo evolucionan unos y otros. En la serie no hay personajes paradigmáticos, son todos muy grises, como la calle que los cobija. La serie refleja una realidad violenta y sombría, y lo hace bien. Muy bien. Los policías no son necesariamente mejor que los tipos a los que combate y el espectador se siente, en muchas ocasiones, tan unido al más normal de los policías como al más violento de los narcotraficantes.


Está conformada por 13 episodios de una hora de duración que atacan directamente contra lo que, a día de hoy al menos, se da por sentado en las series del estilo. Aquí los testigos tienen miedo y no hablan, la gente se retracta, los análisis fallan, los policías llegan tarde, se equivocan, se corrompen, los jueces ven más por sus culos que por la justicia. Se propagan las amenazas a las carreras contra quienes intentan profundizar demasiado en las investigaciones, pues podrían llegar a nombres importantes. Sí, en The Wire la policía no es un organismo fantástico traído del mundo de las hadas que quiere arreglar todos los males del mundo; aquí sólo quieren hacer su trabajo.


Debido a este enfoque opuesto respecto a otras series policiales, The Wire comienza con un ritmo sorprendentemente lento que puede echar para atrás a los que se pongan a verla. Sí, The Wire parece contravenir el convenio de cómo se hace una serie policial, pero qué coño, lo contraviene de puta madre. A partir del capítulo tres, el ritmo se va acelerando de forma casi imperceptible. Se acumulan los datos, las pistas, las escuchas, los nombres... y todo se mezcla en una sopa deliciosa y perfecta.

Nota: 9,5.

La temporada es magistral, el tono es perfecto, las actuaciones son intachables, el guión es lucido e interesante. El realismo técnico encaja de forma soberbia con el realismo argumental, con la suciedad de las calles y la mezquindad humana. Fantástica, sencillamente genial.

Ese -0,5 se debe a ciertas crisis de ritmo (demasiado lento cuando aún no te ha cautivado, fue una apuesta arriesgada, en mi opinión) que muestra en los tres primeros capítulos, hasta que empieza a reponerse en Casos antiguos.