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lunes, 22 de febrero de 2010

Aladdin, el juego de los 90


En su momento no me terminé este juego. Como con casi todos los juegos de la época, la partida no se guardaba de ninguna manera y superar las fases a la primera era harto improbable – a veces pasaba y uno se sentía un super crack de los videojuegos – y sólo restaba seguir el método científico: prueba y error hasta que pareciesen demostrados los pasos que se repetían. Así, uno repetía una y mil veces el mismo escenario hasta que conocía todas las sorpresas y todos los quebraderos de cabeza y, entonces, llegaba al final del juego y veía el telón de créditos.

Ahora, con los emuladores que permiten grabar partidas, los juegos son – desde luego – mucho más sencillos (aunque siempre podemos no usar esa vil opción). Yo, personalmente, como me aburro en seguida de prácticamente todo, agradezco horrores esta posibilidad y la utilizo como si de un juego actual se tratase. El caso es que la duración de un juego nunca me pareció un factor demasiado importante, me importaba lo que me divertía. Hay juegos que me he acabado media docena de veces y juegos que he dejado por la mitad. Algunos de los que me he dejado por la mitad son juegos largos que me han dado casi tantas horas – y eso que no me los terminé – como esos que me jugué cinco o seis veces. ¿Sabéis a cuáles les doy mejor nota? A los que me divirtieron tanto como para jugarlos varias veces, es evidente. Actualmente parece que no se hacen juegos para volver a disfrutarlos. Se hacen juegos para jugar miles de horas en red, para jugar 50 horas en casa (los rpg) o para jugar 4-5 horas en un jugador (como los de tiros... que o juegas online o tienes una tarde de juego).

Hace 15 años, los juegos se hacían con otro enfoque. Volvían a ser jugados una y otra vez, y seguían divirtiendo. No sé si cambió el público o si cambió la manera de hacerlos, tampoco importa demasiado. Supongo que nadie me discutirá esto. Creo que lo más parecido a un juego de MegaDrive/SNES que jugué en la generación siguiente fueron el Pandemonium y el Crash Bandicoot, y lo cierto es que tras Portal, COD4, Crysis, Witcher y demás, he agradecido volver a la simplicidad y diversión de los juegos de mi infancia.

El primer elegido ha sido Aladdin, que me ha durado dos horas y pico. Un plataformas en 2D, los plataformas estaban muy de moda en la época, con intros basadas en dibujo más texto sacadas directamente de la película y con una jugabilidad y un control bastante alto de los saltos y la movilidad de Aaddin. Las posibilidades del personajes son: tirar manzana (ataque a distancia), espadazo (ataque cuerpo a cuerpo) saltar y moverse. El resto lo hace solito: engancharse a las cuerdas o coger los objetos al pasar por encima. Y sí, os aseguro que con esas tres simples acciones, el juego resulta divertido y, en muchas ocasiones, desafiante. Evidentemente, el que más y el que menos, a día de hoy – de ese grupo de personas al que le puede interesar jugar a juegos de principios de los 90 – ha jugado a un número tal de juegos que los procesos de acostumbramiento a los desafíos de aquella época no llevan, en absoluto, tanto tiempo como llevaban entonces.

En cualquier caso, un juego divertido, amable y, probablemente, uno de los mejores juegos con licencia Disney.

Nota: 8. Unos buenos gráficos, un buen control, la historia de Aladdin – que no es especialmente mala – y muy divertido. Un buen juego, sin duda alguna.