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viernes, 1 de febrero de 2008

El típico nuevo día

Se despertó con el penetrante ruido del despertador y vaciló aún entre las sábanas. "¿Me levanto o no me levanto?" - pensó - "me quedaré un ratito más en cama...". Abrió los ojos para levantarse y vio la hora "mierda, mierda..." - se dijo mientras se levantaba rápidamente y cogía la ropa preparada la noche anterior preparado para correr hacia la ducha mientras se convencía a si mismo: "no hay frío, no hay frío, no hay frío; sólo está en tu mente".

Tras la ducha reparadora y el acicalamiento vario se pone su ropa: es fundamentalmente negra y contrasta bastante con su piel. Se peina rápidamente, y no con demasiado esmero y se prepara para desayunar y salir de casa.

El desayuno consiste en tostadas y café con leche que termine de despertar la parte de él a la que no ha llegado la ducha, eso es, al córtex cerebral. Ya con el telencéfalo dopado se dispone a salir de casa con más ropa de abrigo... azul o negro, el tipo es todo color.

"Maldita luz" - pensó al encararse con la luz del Sol - "Malditos ojos azules" - concluyó, dando por sentado que el Sol ya brillaba en el cielo cuando sus cromosomas decidieron dotarlo de homocigoto recesivo. Caminó buscando las sombras mientras meditaba sobre las variopintas ideas que surcaban sus neuronas en este momento, barajó simultáneamente sus estudios, las historias que estaba leyendo, las que estaba creando, su situación... "socioemocional" en cuyo centro estaba "Ella", y es que siempre hay un "Ella" demoníaco y consumidor; y siguió andando mientras empezaba a sonar la música del mp4 que acababa de encender.

Concentrado en la música y en el murmullo del cúmulo de ideas que bullían encabritadamente y que, como en la mayoría de casos, iban más allá de su voluntad caminó sin un rumbo claro, más por estirar las piernas y pasear tras un cierto tiempo de estudio. Meditó, esta vez sí de forma voluntaria, acerca de su actitud, de su sinceridad hiriente y poco controlada, acerca de la arrogancia de la que, a menudo, hacía gala, y acerca de todo el contrapunto con el que era capaz, pese a todo, de mostrar coherencia a los demás.

Aún iba a tener razón su mejor amiga cuando decía que no estaba segura de su correcta estabilidad mental...