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lunes, 18 de noviembre de 2013

Downton Abbey (4ª temporada) - ITV

Downton Abbey es una de esas series que esperamos todos los otoños. Las desventuras de los Grantham se han convertido ya en un habitual de nuestros septiembres y octubres... y hasta de nuestras entradas de noviembre. Este año la tomé con cierto interés añadido tras los acontecimientos del especial de Navidad del año pasado (la marcha de Dan Stevens de la serie, vaya), que si bien muchos consideraban el inicio de un evidente declive, yo veía como una puerta de cambio y de nuevos enfoques. El tema con Jessica Brown Findlay había salido bastante bien, ¿no?


La abadía sin Matthew

Matthew ya se había ausentado durante la IGM. Fue en la segunda temporada, donde un montón de ires y venires temporales minaron la consistencia y atractivo de la serie. Aquel campo de batalla no era el suyo. La nueva marcha de Matthew se ajusta mejor: es un tema mucho más controlado que no requiere de cabriolas con la línea narrativa. Y se agradece.

El impresionante hogar de los Grantham da cobijo un año más a casi todos los personajes que ya conocemos. Las tramas de la familia mantienen el tipo con sus geniales diálogos y su inglesidad. Lord Grantham, lady Edith, Cora y la viuda lady Violet alternan grandes momentos, pero lo hacen a la sombra de lady Mary, que es la verdadera protagonista y alma de esta cuarta temporada.

Carson, más imponente y estirado que cualquiera de los nobles de la serie. True story.

En el otro plano de la serie, entre los bastidores del hogar Grantham tenemos unas historias que no acaban de funcionar. Entre la servidumbre nos encontramos con un par de triángulos amorosos completamente desastrosos, con el drama y el dolor que persigue a Bates o a quien se relacione con él (qué gafe tiene ese hombre, por favor...) y con las argucias, todavía sosas y algo insufribles, de Thomas. Lo poco que puede salvar este desaguisado de los criados son los fantásticos duelos entre Carson y Molesley, altivísimos y ultraelitistas, porque son criados, sí, pero señores ante todo. Muy divertidos incluso en los momentos más tensos. Quizá también podríamos salvar el deseo de medrar de Alfred, que lucha por abrirse camino, aunque se afea su trama por la participación en los infames triángulos amorosos antes mencionados.

Sin hoja de ruta

Pero me da la sensación de que el oscarizado Jullian Fellowes a veces exprime la gallina de los huevos de oro sin mucho acierto. Al enfoque historicoide (e histericoide, sí) de la serie debieron de pegarle un tiro en la Gran Guerra, seguro que protegiendo al petulante Matthew; porque en esta temporada ya está todo tan descafeinado, ya importa tan poco el ambiente que me costaría afirmar que existe. Puede que este problema venga de atrás y no lo viese, perdido entre el lujo de los escenarios y la ropa, entre los ingeniosos diálogos de la viuda y la sensual mirada de lady Mary. Sirva de ejemplo la historia (entera) de la insufrible lady Rose con su enamorado. Todo cuanto suscita son unas cuantas miradas y una conversación algo dura (y a pesar de todo indulgente) con lady Mary. O la historia de lady Edith. Parece que los Crawley no se enfadan ante nada. Ni siquiera Violet Crawley, ¿dónde está toda su mordacidad cuando hay que coger la sartén por el mango?

Lady Rose, has rivalizado con la inmundicia de los triángulos amorosos de los criados. Ahí lo dejo.

Como Downton se construye con multitud de pequeñas tramas, hay algunas que funcionan bien, por supuesto: todo lo que ha rodeado a lady Mary, su madurez social, su relación con Tom y su abanico de pretendientes, ha estado genial (y han sido partes muy importantes de la temporada), los problemas de lord Grantham han estado bien llevados, la historia de Molesley ha tenido su punto... Pero no permite ignorar las carencias que ha generado en otros frentes.

Si la quinta temporada se mantiene tan abierta, caótica y loca... creo que la dejaré a medias. La cuarta, desde luego, la acabé de ver por el embrujo de los ojos de Michelle Dockery. Bueno... siendo sinceros, no descarto que vuelva a pasar.

Poco se puede discutir ante esa mirada.

Nota: 6. La mitad de las tramas funcionan y la factura técnica es tan buena como siempre. Cuando consiguen resultar elegantes, Downton Abbey resulta grande; cuando pierden ese toque... se indigesta.

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