Google+

lunes, 24 de septiembre de 2012

The Shield (6ª temporada) - FX

Algo me decía, y creo que a Laura también, que The Shield había tocado un techo en el que no sabría mantenerse. La quinta temporada, es verdad, fue increíble, mantuvo toda la esencia de la serie y fue capaz de darle más tensión, más drama y más desarrollo del habitual. ¡Y en solo 11 capítulos! De hecho, una de las pocas cosas que me hacía ver con cierta (no mucha, pero algo sí) esperanza la sexta temporada, era que tenía 10 episodios. Quizá Shawn Ryan y los suyos habían optado por hacer 10 capítulos de órdago, sin un respiro, sin un solo minuto de relleno, una historia redonda... No fue el caso.


La sexta temporada tuvo la difícil tarea de conectar una temporada anterior perfecta con la que cerraría la serie, y eso la forzó mucho. Su destino estaba sellado y, tal vez, la libertad de acción (sobre todo si tenían el final de serie más o menos apuntalado) no fue la que los guionistas necesitaban.


Un puente en dos actos


Lo que tenemos aquí es una mera conexión entre lo que la precedió y lo que debe pasar. No es que sea mala, es «solo buena» y tiene algunos momentos que resultan algo anodinos. Por un lado, en la primera mitad, nos encontramos ante la resolución de las tramas de Jon Kavanaugh, al que ya se le ha ido la olla completamente. Tenemos aquí a un Kavanaugh desatado, obsesionado enfermizamente con acabar con el corrupto Vic Mackey, cumpliendo la ley o saltándosela a la torera. No me convenció especialmente la evolución del personaje en la anterior temporada, aunque era muy divertida y tensa; pero aceptando los hechos de la anterior, su descenso al abismo era, prácticamente, la única vía lógica ahora mismo.

La segunda mitad trata, en cambio, algo que pensé que quedaría para la séptima y última. Y eso me ha sorprendido mucho. A mitad de temporada, decía, Shane se derrumba. Ya se había derrumbado ante su mujer, Mara; pero ahora lo hace ante Vic. Shane confiesa. Shane reconoce haber matado a Lem. Y aquí se lía la de Dios es Cristo, evidentemente.

¡El equipo de asalto estuvo aquí!

El resto de las tramas son, a mi parecer, un tanto erráticas y, a veces, algo absurdas. La capitanía de Claudette funciona, pero la pareja Wagenbach-Billings resulta tediosa (Billings es un personaje absurdamente cansino e infantil. Que sí, que tiene que haber trabajadores así, pero el personaje tiene gancho nulo o negativo).


Todo vuelve. ¿Todo? No.


The Shield, al igual que casi cualquier serie que despunta sobre las demás, aprovecha muy bien sus viejas tramas para no tener que presentar todo constantemente y para dar una sensación de mundo vivo, de continuidad y de evolución. No es que sea una revolución, pero siempre es algo bueno. Y lo hacen bastante bien. Gracias («gracias» es una forma de decirlo) a Shane, esta vez, vuelve la trama armenia. Quizá alguno piense, ¿no llegaba con la que lió en la quinta? No, Shane aún no daba todo el asco que podía; pero los guionistas se encargaron de que eso cambiase.

Y mola. Es genial ver cómo todo lo que hicieron en la primera mitad de la serie se empieza a caer sobre ellos, a desmoronar a velocidad de vértigo en la segunda mitad de temporada mientras surgen pequeños problemas nuevos, aunque no sean nada comparado con la ola que el mar ha traído de vuelta desde el pasado.

Hay que ver para todo lo que ha dado esta escena.

Pero también es algo extraño ver que hay temas que parecen haber quedado completamente en el olvido, a veces de forma muy absurda. Por ejemplo, Jon Kavanaugh investiga todo lo concerniente a Mackey y a los suyos para intentar tumbarlo. Bien. Cada vez es más hostil, asedia a la familia, a su antiguo jefe, investiga todo lo posible sobre Terry Crowley, etc.; pero sorprende ver que no se molesta en entrevistarse con Tavon Garris. ¿Para qué? Accidente supuestamente drogado tras toda la tensión con el resto del equipo que casi todo el mundo ha podido ver. La liamos parda, falseamos pruebas, estamos loquísimos ya, pero de ese tío pasamos, que total pa' qué. Pues vale. Otro punto que no me gustó demasiado es que Monica Rawling se queda a vivir en el barrio, tras la que lió, pero no hay más noticias de ellas. Ni buenas ni malas. Entiendo que, tal vez, pagar el caché de Glenn Close para un pequeño papel se escapaba de las posibilidades de FX, o algo así; pero ¿ni una sola referencia? Para eso que se hubiera ido del barrio. Lo tenían fácil, fácil; pero hacer que desaparezca del mundo en el centro de la acción me parece, sinceramente, un poco cutre.


Nota: 7. La temporada es buena, no quiero llevaros a engaño. Es buena-buena, incluso, pero muestra un perfil más bajo que el de las demás temporadas. Espero que, al menos, sea un requisito de una temporada final de impresión. Eso la redimiría sin duda.