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lunes, 10 de septiembre de 2012

El secreto de los hermanos Grimm - Terry Gilliam

La verdad es que no sé cómo llegó esta película a nuestras manos, pero allí está, en la estantería, rodeada de muchas otras. Terry Gilliam era un nombre a tener en cuenta, es verdad; es un hombre raro capaz de cosas geniales y de cosas un poco lamentables, pero se merece el beneficio de la duda. Lo que yo no sabía (no me había fijado, si os soy sincero) es que esta vez el guionista era otro. Y qué otro. El secreto de los hermanos Grimm (The brothers Grimm) está guionizada por Ehren Kruger. Supongo que a muchos no os dirá nada ese nombre. No os perdéis gran cosa. Ese es el nombre tras Scream 3, Transformers 2 y 3, The Ring 1 y 2 y otros bodrios que no veo necesario nombrar porque son, creo yo, algo menos conocidos.


El secreto de los hermanos Grimm nos presenta a estos conocidos autores de cuentos, Jake y Will Grimm, que viajan por Europa engañando a la gente: les cuentan historias de fantasmas, demonios y demás, y luego simulan salvarlos con exorcismos y efectos especiales. Hasta que un día llegan a un pueblo en el que algo-está-pasando-de-verdad. ¿A que no os lo esperabais? En este pueblo están desapareciendo niñas y algún tipo de magia maligna se palpa en el ambiente.


¿Para qué hacer las cosas bien?


Los hermanos Grimm, por cierto; y supongo que esto era uno de los puntos fuertes de la película, son Matt Damon y Heath Ledger. Unos Damon y Ledger bastante sosos y forzados que no parecen creerse los papeles que interpretan en ningún momento. Los acompañan Monica Bellucci, Jonathan Pryce, Peter Stormare (pobre, habiendo hecho Fargo acabar aquí...) y Lena Headey. Bastante decepcionantes todos, aunque unos más que otros.

Ahí están, el hermano pardillo y el hermano chulito.

La primera mitad de la película, sin ser especialmente buena, es entretenida y cumple con el espacio divertido y sin complicaciones que parece querer ofrecer. El problema viene después. Y es que desde que se centran en El Caso (así, con mayúsculas y voz ominosa), la película se desinfla a toda prisa. La última hora se hace muy larga, y la última media hora en concreto se hace eterna. Y es que todo lo bueno de esta película se queda en mera intención.

A veces uno cree reconocer destellos de genialidad del viejo Gilliam, en ese humor cutre, en esos escenarios que gritan cartón-piedra a los cuatro vientos y en esa cobardía inicial de los personajes. Pero todo eso desaparece poco a poco dejando una película sin alma, una película en la que a grandes rasgos conocemos cada uno de sus elementos y cómo han de resolverse (el conflicto entre hermanos, la torre, el mal, la salvación de las cautivas, etc.) y en el que únicamente momentos puntuales de humor absurdo suponen cierta frescura para el espectador.

Al menos, en esta película Cersei sí es una leona.

A un guión aburrido, previsible y lleno de escenas para el olvido, debemos añadir el mal efecto del reparto. En gran parte, supongo, un mal (muy mal) casting, pero también cierta desgana por parte de los intérpretes, del director y de todo el mundo. Parece que nadie, salvo los productores, supongo, quería sacar este híbrido (híbrido por el irreconciliable tándem Gilliam-Kruger, me refiero) adelante. La película se tambalea, se sigue tambaleando, parece que no encuentra ni la historia que quería contar, ni el modo ni el punto de humor, y, finalmente, se echa a dormir.


¡Pero Gilliam es Gilliam!


O algo así parece que quiso gritar el director. Y es que, aunque dentro de su estilo que siempre parece justillo (quizá «justillo» sea un poco optimista) de recursos, los escenarios de la película, la forma de grabar algunas escenas y todo lo que conforma la atmósfera de la película, está muy bien. Las rocas, los árboles, las raíces, el barro y el aire son más destacables que el argumento, el reparto y los gags. Sí, si nos ponemos tiquismiquis es verdad que es un poco triste, pero al menos (dentro de lo malo) hay secuencias enteras que se hacen bonitas de ver. Toda la fría amenaza que no consigue transmitir la historia o la reina mala, la transmite el paisaje.

La verdad es que no puedo evitar pensar que se basaron en esta reina mala para Once Upon a Time.

Pero Gilliam es Gilliam también para lo malo. Y es que en una película en general tan caótica como esta, con momentos de verdadera muerte rítmica y argumental, sus momentos más absurdarmente humorísticos, si bien suelen caer como agua fresquita, a veces son una losa de hielo que resultan algo cargantes. Y es que ni siquiera a ese respecto la película encuentra el punto. No se hace un hueco. Falla.


Nota: 4. La película es un quiero y no puedo. Hacer una historia de fantasía tiene una serie de dificultades añadidas. El guión tiene que conseguir transpirar una cierta forma de realidad, bien porque es poco fantástica, bien porque da las bases para aceptar la realidad de su mundo. Esta película no lo consigue. La historia es más de cartón-piedra que algunos de los muros y más, incluso, que los trucos de feria que usan los Grimm en sus representaciones. El esfuerzo visual es loable y en ciertos momentos en los se concatenan varias escenas cumplidoras uno llega a creerse que, tal vez y solo tal vez, el filme haya encontrado el punto y a partir de ahí transcurra certero. Pero siempre es mentira.