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martes, 25 de septiembre de 2012

Fringe (3ª temporada) - FOX

Creo que en el paso de la segunda a la tercera fue la primera posibilidad de cancelación grave que tuvo Fringe. Me había costado mucho entenderlo en su momento. Era un caso-Firefly. Algo muy raro. La segunda temporada de Fringe era una pasada, era magnífica... ¿qué diantres le pasaba a los espectadores? La tercera, recuerdo, me pareció igualmente genial. Recuerdo que en su momento me gustó más la tercera que la segunda, aunque ahora, volviendo a ver la serie, todo sea dicho, no veo cómo fue posible. Lo de ir viendo un capítulo por semana engaña mucho, supongo.


¿Y tú a quién quieres más?


Y es que la tercera temporada de Fringe, aunque está muy bien, carece, creo yo, de la grandeza de los capítulos magistrales de la segunda (de los que ya hemos hablado) y tiene, para más inri, un desarrollo habitual algo más mediocre. En la segunda temporada nos presentan el otro universo, sí; pero no es hasta su season finale cuando este se muestra de verdad. En la tercera el otro universo es un terreno habitual de juego y esto favorece al transcurso de la temporada. ¿Por qué? Resumidamente... el otro grupo es mucho más ameno. A mí otra-Olivia me cae mal, así, personalmente, pero lo cierto es que el equipo Olivia-Charlie-Lincoln es mucho más divertido que el tándem Olivia-Peter con estelares momentos de Walter. Su Astrid y ese rollo de Mentat de Dune, su Broyles... El otro lado mola más. ¡Si hasta tienen zepelines surcando sus cielos! Pues eso, pasa que el otro universo es mucho más interesante. Ha habido casos de nuestro universo que eran más interesantes que nada de lo que pasó en la tercera, pero dentro del contexto de esta temporada, lo que nos ofrece el otro universo es mucho mejor, más interesante, más divertido y más tenso que lo que nos ofrece el nuestro. Mal, guionistas, muy mal.


La historia se continúa desde el momento final de la segunda. Nuestra agente Dunham ha quedado prisionera al otro lado y falsOlivia ha sido enviada al nuestro. El espectador ya lo sabe, pero no pasa nada —se dice, ingenuo él—, está con los tíos más avispados del mundo. No va a durar ni medio telediario. Bueno, pues el caso es que dura bastantes telediarios la fulanita. Su comportamiento ha cambiado por completo, ha tenido unas cuantas meteduras de pata... pero no vamos a sospechar porque, al fin y al cabo, salimos ganando, ¿no, señorito Bishop? Ya desde los primeros episodios mola más el otro lado. Con la historia de Olivia intentando huir y la aparición de Henry (André Royo, Bubbles en The Wire), un simpático taxista. Luego la temporada avanza y se ve que esto ya es un rollo más duro y más terrible que el que hasta ahora ha movido la serie (que se dice rápido). Y desde que las Olivias vuelven cada una a su mundo, la trama se precipita en dirección al eje argumental que guiará la serie a través de las temporadas siguientes. Se centra. Hemos estado escalando de dato en dato media serie... y ahora queda la segunda mitad. Paso de Ecuador. ¡Allá vamos!


Un reparto en constante mejora


Cuando empezó Fringe uno ya podía percibir con claridad que John Noble, que interpreta a Walter Bishop, era un actorazo.  Bueno, también destacaba ya desde el principio la increíble Blair Brown con su malrollera Nina Sharp. ¿Y los demás? Bueno, la verdad es que los demás cumplían: Anna Torn (Olivia Dunham) cumplía; igual que Lance Reddick (Phillip Broyles) y Jasika Nicole en su papel de Astrid Farnsworth, Kirk Acevedo, Joshua Jackson, Mark Valley... Pero con el paso de los capítulos bien han mejorado como actores o bien han conseguido hacerse más con el personaje. Para empezar sobra decir el contraste que ofrece tener dos mundos en el que los personajes sufren variaciones a veces un poco extremas (caso Farnsworth), a veces muy pequeñas (caso Broyles) y a veces esperables (caso Dunham). Y los tres interpretan muy bien el cambio. Caso muy especial el de Olivia Dunham con su forma de hablar mucho más alegre cuando hace de otra-Olivia y con su imitación de la voz de William Bell cuando este se cobija en su interior.


Anna Torv se merece más reconocimiento que esos tres premios Saturno y tus nominaciones a los Teen Choice. Me sorprende que no tenga ni una nominación a un Emmy, sinceramente. ¿Era una serie demasiado alternativa o algo? En fin... Y John Noble, que tiene un Saturno por ahí perdido y un par de nominaciones sueltas (tiene más premios, pero son casi todos por haber estado en el reparto de El Señor de los Anillos), creo que se merece una mayor recompensa a su increíble trabajo. ¡Qué injustos los premios!


Luces y sombras


La temporada no es técnicamente mala. Supongo que los casos son más o menos como siempre, pero hay cosas que no me gustan. Para empezar, hasta el cambio de Olivias nos encontramos con un montón de casos que apelan a las memorias de los cambiaformas, que llevan una especie de minidisco duro en las lumbares... y todos los capítulos acaban, casi, con falsOlivia impidiendo de algún modo que el equipo Fringe obtenga la información. No es que esté mal, pero cuando pasa más de una vez, aburre.

6B es un capítulo que empieza siendo mediocre y acaba siendo infame. Abre una puerta inmunda para lo que ha sido Fringe hasta el momento. Un capítulo entero para el olvido, la peor cota de Fringe incluso por debajo del episodio de las personas que explotan en la primera temporada.


Para compensar, todo sea dicho, hay unas cuantas cosas muy interesantes. Paciente 13, continuación directa del perfecto capítulo Peter (hasta repiten la maravillosa intro retro), Os (de Osmio) un capítulo elegante y redondito muy del estilo de Terrícola de la segunda temporada y, esta vez sí, el capítulo especial: Dietilamida de ácido lisérgico, con la parte en dibujos animados, el toque paranoico y todo.



Nota: 8,5. Un poco en la línea de la primera temporada pero con la idea mucho más clara. El juego de los dos universos se consolida como una buena puerta para la serie y el momento final, con la conversación entre los Observadores, auguraba un inicio de cuarta temporada increíble. ¿Al otro lado de la balanza? Unas cuantas cosas aburridas o aborrecibles. Una lástima.