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lunes, 27 de septiembre de 2010

Lost in translation - Sofia Coppola

Este fin de semana vi una película y acabé dos temporadas de series, así que tengo bastante que escribir. Empiezo por la película. Lost in translation, de Sofia Coppola, narra una historia aburrida en la que sólo destacan las bragas de Scarlett Johansson que aparece mucho más guapa de lo normal, con menos artificio, con más naturalidad. El resto es aburrido hasta la náusea.


He de reconocer que tanto Bill Murray como Scarlett hacen unos trabajos magníficos. Que el personaje de Murray sólo es grande en la medida en que es grande el actor que subyace y que, con el personaje de Scarlett, tres cuartos de lo mismo. Y es que los personajes son bastante planos y cutres. La historia... casi mejor no mentarla: el argumento es infame, el guión se ampara en lo estridente de Japón y en lo cutre que es su televisión para rellenar metraje.

No sé si decir de qué va la peli porque en los primeros 10 minutos se ha contado toda la trama. No hay nada más. Sólo un lento devenir repetitivo en el que, en realidad, no está sucediendo nada; hasta que cae, casi tropezando, el final mal traído de la película.

La música está bien, no me parece maravillosa pero está bien. La imagen... está bien: sobre todo ésta:
Bueno, escena larga del culo de Johansson aparte, le hacen lucir los muslos cada aproximadamente 10 minutos para que el público masculino hetero muestre cierto interés. O algo.

El resumen más resumen, y con todo os cuento casi toda la película es que al personaje de Murray le mola el de Scarlett y viceversa, pero ambos tienen sendas parejas formales con las que tienen problemas, así que la cosa no se desarrolla con la fluidez que tanto ellos como nosotros —pobres espectadores— desearíamos.

Nota: 3,5. La película es excesivamente aburrida e insustancial, pero la actuación de Murray es memorable. Supongo que sólo salió adelante por llevar el apellido Coppola a cuestas, aunque, igualmente, creo que es una película más disfrutable por mujeres que por hombres. Sí. Así de poco igualitario soy. Un monstruo, oigan.