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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Gran Torino - Clint Eastwood

Atraído por el magnífico sabor de boca que me dejó la cruda y contundente Million Dollar baby, me animé a ver el siguiente éxito de Clint como director y actor a la vez: Gran Torino, un peliculón de principio a fin.



El ritmo de la historia es, dentro de las narraciones lentas, adecuado. Lleva un tempo sosegado que permite disfrutar de cómo suceden las cosas, que permite al espectador disfrutar de su inmersión en el mundo del que nos habla Clint. Walt Kowalsky es un trabajador de Ford jubilado que pasó media vida en la empresa y que combatió en Corea. Odia los cambios y desprecia a sus vecinos. El barrio en el que vivió toda su vida es ahorra territorio Hmong pero él no quiere dejar su casa, prefiere seguir criticando, insultando y amenazando amarillos. El caso es que su esposa muere y su último deseo es que se confiese, aunque Walt parece poco colaborador respecto a ese punto. Su vida, por lo demás, se mantiene prácticamente idéntica hasta que Thao —su vecino, que tiene pinta de alelado— es presionado por una banda de hmongs para robarle a Walt su Gran Torino del 72. Un Ford ideal para macarras y para yankees en edad de ser abuelos o fans de los coches. A partir de ese momento, Thao y Walt empezarán a tener una mayor relación y esto acercará al señor Kowalsky al mundo de los Hmong, al mundo de las pandillas y, a su manera, le devolverá la novedad de un día distinto al anterior.

El tono es tranquilo y cautivador, las escenas son fuertes, el papel de Eastwood es grandioso; la historia triste, violenta y oscura igual que el ambiente que la rodea; la música está mejor que en Million Dollar Baby y, al parecer, viene de la mano del hijo mayor de Clint, Kyle.

El final, elegante y majestuoso es un perfecto broche para esta dura historia sobre un hombre intransigente, anclado, que lo ha perdido todo y que ya no desea nada.

Nota: 9. Personajes, historia, interpretación, frases memorables... lo tiene prácticamente todo. Aunque esa última canción en la que canta Clint (supongo que es él, al menos; y Lau lo daba por supuesto) y ese doblaje que pone a la fiera pandilla hmong las voces de unos chuletas amalotados madrileños como si de El Canto del Loco se tratasen, son un tanto terribles.