Google+

lunes, 2 de julio de 2012

Habibi - Craig Thompson

La preciosa edición de este cómic llamó mi atención (en las pasadas navidades, por si a alguien le interesa el dato): un tocho en tapa dura de casi 700 páginas en un blanco y negro salpicado de motivos árabes, con tapas marrones y letras doradas y una joven acompañada de un niño en el interior de una roseta muy arábiga también. Dos cosas me echaron para atrás en aquel momento. La primera, lo admito, fue el precio: 39 eurazos (que sí, que la edición mola un puñado, que el papel es bueno y el trabajo del dibujo, sobre todo en cuanto a los fondos se refiere, tuvo que ser brutal; sí, vale, pero son 39 euros, que se dice rápido pero es una pasta. De hecho, la edición en tapa dura en inglés se puede adquirir en Amazon.es por 14,46; echad cuentas...) y la otra fue el autor. Conocía a Craig Thompson de una obra anterior bastante famosa que se llama Blankets. Dicho cómic tiene una reputación fantástica, todo el mundo (bueno, todo no) lo adora, dicen que es una de esas perlas del noveno arte, que es intimistamente maravillo... pero es todo mentira. Blankets me pareció la sosez hecha cómic, un canto a la vacuidad adolescente y, encima, más aburrido que un partido entre italianos. Así que si sumamos los factores del exageradísimo precio y mi opinión previa del autor, la verdad... es que Habibi tenía mucho en contra. No obstante, Melo, de Banda Deseñada, nuestro vendedor de cómics favoritos, me dijo que aunque caro era muy bueno, que tampoco tenía una gran opinión de Blankets pero sí de este, y como no se corta un pelo a la hora de indicarnos cuándo un cómic no merece ser comprado, le hice caso y lo marqué en pendientes. Días después Laulau me lo trajo como regalo de navidad (¡gracias!).

Y no me arrepiento.


Habibi cuenta una triste historia de amor. No solo de amor entre dos personas. Habibi habla del amor a uno mismo, del amor al medio que nos rodea, de amor a los cuentos y de amor a una entidad creadora. Y sí, toda ella es triste, cada pedazo de ella. Habibi me parece que canta a la desesperanza; prácticamente cada una de sus páginas es deprimente. Hay amor en ellas, es verdad, pero un amor pisoteado, destrozado y humillado; hay un amor que duele, que traiciona y que destruye.


Habibi nos cuenta la historia de Dodola. Nos cuenta la historia de la Dodola niña, vendida en matrimonio cuando la sequía asola los campos a un escribano. De la Dodola desvirgada por su marido y raptada por unos ladrones que asesinan a este, que le estaba enseñando a leer y escribir. De la Dodola que tres años después se fuga y se va a vivir al desierto con Habibi, un niño negro al que reclama como su hermano aunque no lo sea, solo para que no se deshagan de él. De la Dodola que se prostituye con los hombres de las caravanas para conseguir comida con que mantenerlo vivo una vez en el desierto. De la Dodola que acaba como primera del harén del Sultán de Wanatolia y del resto de Dodolas. Pero Habibi, también nos cuenta la historia de Habibi. Nos cuenta la historia del Habibi niño cuidado por Dodola. Del Habibi que en su adolescencia la devora con la mirada. Del Habibi que se siente traicionado al descubrir cómo sobreviven. Del Habibi que tiene que buscarse la vida cuando Dodola desaparece. Del Habibi que quiere, que necesita reencontrarse con ella y del resto de Habibis.


Craig Thompson se apaña para recrear una historia en la que la mayor parte de las veces parece que se encuentra en algo parecido a la Edad Media, hasta que una moto, un coche sesentero o unas gafas de sol nos devuelven a un periodo cercano a la actualidad. Esa oscuridad que rodea a menudo a la época se entremezcla a la perfección con el texto hecho imagen... o con la imagen hecha texto. Ríos que se transforman en caracteres árabes, árboles, imágenes que atraviesan viñetas, capítulos cícliclos, capítulos vacíos. El juego tan hermoso que el señor Thompson consigue hacer con el aspecto visual de Habibi es, sin duda, uno de los elementos más importantes del cómic. De hecho fue en lo que Melo centró mi atención cuando me lo recomendó, y lo cierto es que se trata, sencillamente, de un trabajo impresionante.


Nota: 8,5. Un trabajo emotivo, sentido, triste, hostil, crítico. Y aunque desaconsejo Blankets, que me parece la sobrevaloración hecha cómic, no puedo dejar de recomendaros este. Un cómic realmente precioso. Tanto, de hecho, que incluso puede que relea Blankets a ver si, años después, mi opinión sobre él mejora.