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martes, 10 de julio de 2012

Crossing Midnight - Mike Carey

Conocí al señor Carey gracias a Laura, que insistió en que tenía que leer Lucifer, un spin-off de The Sandman, porque era mejor que este. A mí no me pareció tal cosa, ni de lejos, vaya; pero lo cierto es que el airecillo a Sandman estaba ahí, se notaba que Carey escribía emulando a Gaiman y no solo cogiendo sus personajes y haciéndolos bailar a su propio son. Confirmando mis sospechas llegó Crossing Midnight.


Este cómic lo leí hace un par de años y recordaba de él precisamente eso, que era «muy Carey» o, indirectamente, «muy Gaiman». La relectura no ha cambiado esta opinión. Carey nos presenta un Japón de pesadillas, un Japón de Mundo de Tinieblas en el que unas cuantas criaturas sobrehumanas (Kami) mantienen apasionantes disputas. Los protagonistas de la historia serán dos mellizos, uno de ellos nacido antes de la medianoche y la otra después. Ella es inmune al daño cortante, él anula la magia. Ella es la presa de Aratsu, el Kami de las espadas, y, si acepta, será su próxima servidora.

La gracia del cómic, así de claro, es lo que hay alrededor de la historia principal. De la historia de los hermanos enfrentados, de la historia de Aratsu traidor. La gracia está en la presencia de los Kami, en el terror invisible, en la muerte y en la presentación de la cultura japonesa. Todo es muy, muy oscuro, triste y violento a un tiempo; mágico y terrible. Y exótico.


Crossing Midnight, probablemente, tuviese menos impacto sin el choque cultural. La japonesa es una cultura muy diferente a la nuestra, y no hablo solo de los Kamis, esas presencias naturales y sobrehumanas (casi todas las mitologías tienen criaturas poderosas y muchos pueblos las adoraban antes de que se les empezase a quemar por herejes. Los monoteistas, ya sabéis, que son cerrados-cerrados) que pululan entre nosotros, ni dioses, ni demonios, ni mortales. Hablo más bien del tratamiento sobre la depresión y el aislamiento social que da la obra, en el que los personajes se muestran sorprendidos pero no especialmente. Se trata con mucha más normalidad, con un trato más cercano. Y es llamativo. Y por supuesto la pseudoprostitución infantil, a la que Carey dedica una página de aclaraciones para poner al lector occidental en situación. ¿Por qué el prefijo «pseudo»? Bueno, al parecer el fenómeno se llama «Enjo Kosai» y resulta que las chicas de instituto que quieren ofrecer «citas recompensadas» tienen muchas facilidades para ello. Estas citas, supuestamente, no tienen por qué acabar en sexo; y la chica ofrece dichas citas (supuestamente) de forma voluntaria, etc. El caso es que parece ser que en Japón esto no se estigmatiza especialmente, ni a las chicas que ofrecen las citas ni a la gente que les paga. En Crossing Midnight tampoco se demoniza esto. Kai, el protagonista, refunfuña un poco porque le parece algo inmoral, pero en todo momento se achaca a que eso se debe a que es de Nagasaki y no entiende cómo se piensa en Tokio. Y es algo realmente sorprendente, tan distinto... sobre todo contando lo mal visto que es el tema en occidente.

«No vivo en una granja. Nagasaki es una ciudad. Lo que la diferencia de Tokio es que no está llena de pedófilos y pirados.»


Además de esto, que puede llegar incluso a molestar a cierta gente (de hecho si te sientes demasiado escandalizado quizá debieras ahorrarte el cómic, porque una de esas chicas es un personaje importante de la misma y tienen un capítulo dedicado al tema), el tratamiento del mundo mágico en general es realmente precioso. Quizá La Recolectora (la muerte, como una bestia horrible que arrasa con todo) fuese lo peor de todo, pero desde luego Aratsu y Nidoru (la espada y la aguja), las tijeras oníricas, los anzuelos, las criaturas que se alimentan del dolor que se filtra por las paredes, el protector de la inocencia o el conjurador de ojos saltones que dibuja trazos en el aire tienen ideas muy interesantes a sus espaldas. Cada vez, casi, que aparece un nuevo personaje mágico es distinto a los anteriores, está bien caracterizado (por poco que aparezca) y tiene su gracia. Bien por Carey. Y por la mitología japonesa.


El otro gran atractivo son los personajes secundarios: Puño de Hierro, magnífica; Mimi Oguno, la vieja gloria del cine porno, Yamada, Loretta o Nidoru, la que nunca perdona. Las participaciones de algunos de ellos son más abundantes y las de otros menos, pero lo cierto es que consiguen resultar interesantes y amenas casi siempre, cualquiera que sea el rumbo de la historia en el momento.

«Cada kilómetro que te alejas de Tokio supone alejarte 10 kilómetros y 10 años del mundo moderno. Así que para cuando una llega a la privincia de Shimane ya está en el fin del mundo y de vuelta en en la puta edad de piedra.»

El dibujo cambia con cada capítulo y como pasa siempre con estas cosas, unos gustan más y otros menos. Mi favorito es el del capítulo en que Toshi, ya sierva de Aratsu captura a su hermano y lo tortura ante las lesbianas. Un trabajo increíble, para uno de los capítulos argumentalmente más tensos de Crossing Midnight.


Nota: 8. Un gran trabajo siguiendo la estela de The Sandman, algo más terrorífico y mostrando muchos rasgos en común con Lucifer. El señor Carey, manteniendo el pedestal de los guionistas de cómic británicos y añadiendo, si cabe, un nombre. Puede que no a lo más alto, pero sí, desde luego, a un puesto muy honorable.

Otras obras de Mike Carey:
Lucifer.