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jueves, 26 de julio de 2012

El jovencito Frankenstein - Mel Brooks

Hay películas que envejecen mejor y otras que lo hacen peor. Y volver a ver esas que me gustaban de niño y a las que perdí la pista en la última década me da, casi, miedo. A veces el resultado es bueno (Jumanji o En busca del valle encantado), a veces es aceptable (Aladdin, Critters) y a veces es inmundo (y no vamos a dar ejemplos). Suponía que este no iba a ser un caso de los últimos, pero no tenía ni idea de en cuál de los dos primeros sacos entraría. Por fortuna entró en el primero.


Las películas de Mel Brooks envejecen de formas muy distintas. Algunas pierden parte de su fuelle (algo que, en mi opinión, le pasa a La loca historia de las galaxias que, para acabar de rematarla, es moderadamente reciente), pero otras se mantienen... incorruptibles, en un apacible descanso hasta que volvemos a verlas. Este es el caso de El jovencito Frankenstein.

El director, productor, actor, guionista (es un hombre para todo) estadounidense lleva a cabo una divertidísima parodia de Frankenstein, convirtiendo el horror en carcajadas a tiempo completo. Desde el mismo inicio de la película en que el profesor Frankenstein está dando una clase a sus alumnos hasta el final de la película. A veces un humor muy absurdo, a veces un humor algo más retorcido; pero siempre hilarante. El jovencito Frankenstein es una inteligente muestra de arte.

El arte de la exageración


Esta peli tiene cosas muy buenas, pero uno de sus grandes aciertos, sin ninguna duda, fue su teatral exageración. Gene Wilder no solo es un digno doctor Frankenstein, heredero de la fama de los horribles experimentos de su progenitor, sino que con su actitud dramática y con su ultragesticulación se come la pantalla desde el inicio de la película. Ahí lo tenemos, irreprochable, inverosímil; pero arrebatador.


«No, se pronuncia "Fronkonstin".»

Y uno podría pensar que cualquier otro actor, que cualquier otro personaje estará condenado a vivir a la sombra de este teatrero titán tragicómico. Nada más lejos de la verdad, como se encarga de demostrar un asombroso Marty Feldman pletórico, con un Igor al que le sobran las grandes frases y las agudas réplicas. A veces cae un poco en algo que me consta que criticamos, casi, día sí y día también; en esas frases que pretenden ser lapidarias y dar fin a una escena determinada con cierta gracia y no tienen el efecto deseado. O no parecen tenerlo; pero la gracia natural del personaje y del actor compensan esas cuantas frases.


«¿Dice usted también "Frodorick"?»

Y queda por presentar al monstruo, interpretado por Peter Boyle, que curiosamente se encarga de representar al más humano y normal de los personajes. Mel Brooks y Gene Wilder (que coguionizó la película) parece que tenían claro qué querían hacer exactamente con la película, por la naturalidad con la que van entrando los temas y la personalidad de los personajes, que de tan exagerada la de la mayoría resulta muy estable, posicionada contra viento y marea.

El arte de separar la paja del grano


Hay escenas enteras que se eliminaron a pesar de ser realmente hilarantes y ser considerablemente breves. Hay otras que se eliminaron pese a su cierta relevancia argumental porque eran demasiado extensas, demasiado arrítmicas. La película resultó, pues, en esos 106 minutos —una duración más bien escasa— que permite que El jovencito Frankenstein disponga de un ritmo envidiable, de diversión casi sin pausa correctamente salpicada, además de algunos momentos musicales muy divertidos y bastante bien pensados. Mel Brooks ya había sorprendido a todos con un musical en su llegada al cine, la también muy divertida Los Productores.

Como ejemplo os dejo con un par de momentos musicales:
Y la grandiosa Join the family business.

Mel Brooks decide dar a la película el tiempo que se merece. Podía haber optado por hacerla más larga y seguiría siendo buena. En los extras del DVD queda claro que tenía escenas divertidas con las que añadir metraje. De hecho, una de mis escenas favoritas resultó eliminada, la de la conversación sobre la velocidad de la luz entre el profesor y la guapa Inga.


Nota: 8,5. El jovencito Frankenstein es una divertidísima película a la que apenas ha afectado en absoluto el paso de los años. Algo más de 1:40 horas repletas de humor, música y... ¡terror! Bueno, en realidad no hay mucho terror. Pero hay un monstruo.