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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Casablanca - Michael Curtiz

Hoy, creo, me ganaré algunos enemigos. Casablanca es considerada, por muchos, como la mejor película de la historia y, por casi todas, como una de las mejores. Yo he esperado 23 años y pico para verla y, lo cierto, es que aún pareciéndome una muy buena película, su reputación me parece exagerada. Muy exagerada.



Casablanca es una película sobre la concepción del amor y el honor de Rick. Lo cierto es que su eje argumental podría ser la base de un telefilm de sobremesa de Antena 3, están todos los personajes: el personaje oscuro y atractivo, la mujer hermosa y panoli, el esposo aburrido entregado a una causa (aquí ya tenemos el triángulo, que se relacionará —creo yo— de manera algo caótica y forzada) y, sus motivaciones, la verdad, me recuerdan bastante a ese tipo de películas. Así que, desde mi punto de vista, no es nada argumental lo que hace grande a esta película que, insisto, no me parece sobresaliente, ni mucho menos.

¿Qué aporta Casablanca? A mí me aportó imagen. Unas escenas cuidadas y plagadas de sombras en las que Ingrid Bergman destaca como una especie de ángel luminoso y una música envolvente y cálida. Sí, para mí lo grande de esta película han sido sus aspectos audiovisuales propiamente dichos. Muchos los valoran en Matrix, o en Iron Man, pues yo los he valorado en Casablanca, pareciéndome, con mucho, lo mejor de la película. Y no pretendo decir que ésta sea como Iron Man, no forcéis las comparaciones.

La película resulta entretenida y tiene una serie de virtudes intachables, no obstante me esperaba algo más; una sensación de brillo perfecto innegable, de luz guía y la más descarada maravilla. Pero no, no fue eso lo que me transmitiró: una buena película con un reparto de lujo, unas escenas cuidadas hasta la obsesión y una música de ensueño. Eso sí.

Nota: 7,5. Una buena película, sin duda alguna; aunque a mí no me pareció merecedora de tanta maravilla, fervor y resto del percal.