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jueves, 11 de noviembre de 2010

El primer gran asalto al tren - Michael Crichton

Así se llama la película en castellano. Con guión y dirección del señor Crichton, El primer gran asalto al tren nos presenta a Sean Connery en el papel de Pierce, a Donald Sutherland en el papel de Agar (su cerrajero y compinche) y a Lesley-Anne Down (que en el 79 era absolutamente preciosa) en el papel de Myriam.



La película no es demasiado fiel a la novela aunque cuente la misma historia, y aunque el guionista y director sea el escritor de la misma. Los cambios no afectan... «demasiado», aunque ciertas escenas pecan, aquí, de ridículas. En cualquier caso, lo cierto es que el visionado resulta muy entretenido, los personajes están bien encarnados y la serenidad de Connery-Pierce, el carisma de Agar-Sutherland y la belleza y recursividad de Lesley-Myriam, le da una potencia sobrada para hacerse un hueco en nuestras apretadas agendas.

Otras partes del reparto también han sido muy bien elegidos, destacando a la hija de los Trent, de quien en el libro se insiste en que es poco agraciada; sus padres (estos son sencillamente fantásticos) y el propio Fowler. No obstante, aquí, en este punto exacto, llega el primer tirón de orejas que le doy a Crichton (o que le daría si hubiera tenido ocasión): ¿y Barlow? ¿Dónde coño está Barlow? Lo cierto es que en el libro no tiene un papel demasiado... constante, pero todo lo que hace es importante. E imponente. ¡Dioses, si seguro que la mitad de los personajes que se lo encuentran en el libro tuvieron pesadillas posteriormente con él! ¡Con la cicatriz blanca de su frente, con su sombrero calado! Una lástima que no aparezca casi nunca y nunca de cerca...


La recreación del robo es muy similar a la del libro, aunque algunas partes están cortadas o malamente aceleradas. No es un cambio demasiado negativo, aunque sí le falta la definición y perfección del otro. Los personajes y sus actuaciones no parecen tan justificadas como en la novela, es un hecho.

El juicio, sin ninguna duda, es menos carismático. Pierce no hace sus mejores declaraciones y el juicio pierde, con ello, casi toda su gracia. Sigue siendo relevante, por supuesto, pero Pierce no parece la misma persona. Aunque es arrogante, le falta la prepotencia de quien se cree vencedor, de quien cree que lo tiene todo en su mano y de que quienes le rodean no hacen más que bailar cómo indica él con los hilos. No, esta parte falla.

Por lo demás, fiel o infiel, mejor o peor; la película resulta sumamente entretenida, los actores convencen y uno se queda con la sensación de haber visto una buena película. No una gran película, pero sí una buena película.

Nota: 6,5. Está bien. No es como el libro, pero las adaptaciones suelen perder. Es un buen reparto, tiene unas buenas puestas en escena y todos los detalles del tren están muy conseguidos.