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lunes, 1 de marzo de 2010

Viejas glorias: Atomic Runner

Como ya he dicho, he vuelto a jugar a los videojuegos que marcaron mi infancia, especialmente a aquellos que en su momento no fui capaz de terminar.


Imagen de Objectif Sega

Los elegidos inicialmente fueron Aladdin, Atomic Runner y Comix Zone.

Sobre el primero ya hablé hace unos cuantos posts y luego me puse con los otros dos. He de decir que Atomic Runner y Comix Zone, cada uno en su estilo, perdieron muy poco tal como yo los recordaba. Ambos son muy buenos juegos, con uos gráficos que, en su época, me parecieron rompedores. Sobre todo los del segundo. Las animaciones eran muy fluidas, los colores reflejaban muy bien la estética y la sensación de juego era maravillosa.

En fin, procedo:
Atomic Runner es un juego de 1992 que, al parecer, fue bastante problemático. En Japón se llamó Chelnov /cherunobu/, que es como ellos leen Chernobyl y el juego va de que un minero sobrevive a la explosión de una central nuclear y se convierte en un superhombre y entonces se tiene que enfrentar a unas criaturas malvadas que quieren usar sus cualidades en su provecho y rescatar a su hermana.

Bien, básicamente, el juego es un scroll lateral en el que la pantalla se mueve sola y nosotros podemos correr hacia la derecha o quedar quietos hasta que nos alcanza el extremo izquierdo de la pantalla, que nos empuja. Dado que salen enemigos por ambos lados de la pantalla, estar demasiado cerca de uno de los bordes es, sencillamente, un suicidio.

Los enemigos habituales mueren con un único impacto de cualquiera de las armas disponibles (un rayo láser, un boomerang un abanico de bolas - no encontré fotos en internet, pero es un arma nefasta, de verdad-, una nube de estrellitas ninja - es con la que el tipo del vídeo de abajo se pasa casi todos los bosses -, o unos aros de fuego) y son las propiedades asociadas a estas armas las que hacen que sean mejores o peores. La mejor, sin duda, es la nube de estrellitas ninja, porque con que cualquier estrellita impacte, se considera daño y, así, se hacen verdaderos estropicios. Mi consejo es que en cuanto se tenga la nube de estrellas se evite coger cualquier otra arma, salvo que se tenga una gran puntería, que entonces el rayo láser inicial hace un buen trabajo igualmente. Mi voto para las estrellas, que conste.

En cada fase, por la mitad de la misma, aparece un enemigo mucho más fuerte de lo normal; generalmente con un diseño más trabajado, y que nos llevará muchos más impactos matarlo. Varias veces son sierpes voladoras que se dedicarán a hacernos la vida imposible mientras tenemos que cuidarnos de no precipitarnos al vacío, ni ser impactados por los disparos del miniJefe ni de cualquier criatura menor que pulule por la pantalla. De verdad, a veces este juego se convierte en un agobio brutal y produce una sensación de imposibilidad agobiante - como tantos otros juegos de su época, para qué negarlo - que es, en cualquier caso, lo que posibilita que no se terminen a la hora de empezar a jugarlo.

La destreza más difícil de adquirir en el juego es base y clave para poder concluir el mismo: es imprescindible controlar el "darse la vuelta". La pantalla avanza hacia la derecha salvo contra el jefe final. Los enemigos salen de ambos lados y tendremos que girarnos para poder disparar hacia un lado u otro. Este giro se hace presionando C+sentido al que queramos dirigirnos en el mando de la MD. Puede parecer una tontería, pero es difícil acostumbrarse, hacerlo bien y no morir en el intento, sobre todo en mitad de un salto, porque variamos el punto de caída y suele tener un final funesto.

Por lo demás, no veais este vídeo salvo que os quedéis atrancados con algún jefe final y os parezca imposible. El tío lo hace parecer más fácil de lo que en realidad es, pero también hay que decir que es fácil encontrar patrones con los que encarar a los jefes viendo cómo se los toma.



La música del juego es pegadiza, con ese sonido de los videojuegos de finales de los 80, principios de los 90. Los escenarios combinan ruinas perdidas con detalles futuristas creando una atmósfera que en la época fue la leche (al menos... visto por un niño pequeño, claro) y que aún hoy me parece interesante. El control, aunque difícil al principio, se vuelve bastante dominable con cierta práctica y se pueden llegar a hacer verdaderas virguerías combinando saltos, disparos y cambios de dirección.



Nota: 9. El juego es dinámico y adictivo como el solo. La música y los escenarios molan. Los jefes finales tienen su pequeño componente estratégico. Los gráficos estaban muy bien para su momento - al menos, tal es mi recuerdo.


Y para otro momento queda el magnífico Comix Zone.