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lunes, 14 de julio de 2008

Albos 5, pt.2

Poco a poco van llegando los restantes miembros de los Doce de Eirenar. Albos apenas conoce a la mayoría de los presentes aunque ha hablado con todos en el transcurso de la construcción de la torre. Rin recibe cortésmente a los que van llegando al segundo piso y estos toman asiento en los sillones. Cuatro mujeres y ocho hombres constituyen el grupo que Rin ha diseñado para decidir el destino del mundo. Todos tienen habilidades útiles a los propósitos de Rin y, seguramente, supone Albos, sus propios intereses. "Somos un grupo de tiburones esperando a que alguno empiece a sangrar", piensa.

- Buenos días, señores y señoras - comienza Rin con tono mesurado -, me alegra tenerles al fin por aquí. La espera ha sido larga, pero espero que el acabado de la torre les compense ese lapso de tiempo - dice mientras señala el lujoso salón con un gesto envolvente -. Quizá alguno se pregunte por qué tengo la creencia de que un grupo tan pequeño de personas puede tener algo que decir sobre el destino del mundo, por ello, aunque supongo que la mayoría de vosotros lo supondréis, lo explicaré: sois los mejores en vuestros respectivos campos o, al menos, sois lo mejor del mundo conocido, aunque espero que no os durmáis en los laureles, puesto que no sabemos a qué tendremos que hacer frente con exactitud y necesitamos estar preparados para los imprevistos. Tenemos grandes capacidades, incrementadas por el poder sinérgico que poseemos en grupo y del que, obviamente, carecemos como individuos: tenemos las mejores armas y la mejor magia, y sacarán más provecho esforzándose en cuidarse mutuamente que buscando el mayor logro individual. La individualidad será nuestra tumba, dado lo exclusivo y minimalista del proyecto. Recordadlo: somos muy pocos, no nos podemos permitir errores en los pasos que demos de ahora en adelante.

Los congregados asienten. Están en la Torre de Eirenar, rodeados por la flor y la nata del mundo de las armas y los arcanos, bajo las palabras de un gran orador que se deshace en halagos sobre las capacidades de su audiencia; y el mundo parece, durante un instante, arrodillado y deseoso de conocer los designios que este grupo de personas tiene para él. Durante ese instante, todo es perfecto.

Albos echa una ojeada a los presentes, que miran a Rin con interés. Una cabeza femenina se gira hacia él y sus miradas se encuentran. Albos sonríe y hace un pequeño gesto con la cabeza. Después, desvía la mirada de nuevo hacia Rin.
"Bonita mirada, realmente", piensa Albos. Y sonríe. Las cosas funcionan.

- Bienvenidos pues a la Torre. A vuestra Torre - está diciendo Rin en ese momento.