Baby Driver - Edgar Wright

Conocí a Edgar Wright con la fantástica Spaced, una serie de dos temporadas en la que ya tiraba de sus dos actores más queridos, Simon Pegg y Nick Frost. Después vino la trilogía del Cornetto, con la hilarante Hot Fuzz (que llegó a nuestro país como Arma fatal), Shaun of the Dead (Zombies Party —sin comentarios— en España) y The World’s End (Bienvenidos al fin del mundo), aunque antes de esta última se permitió dirigir Scott Pilgrim contra el mundo, una estupenda adaptación del cómic homónimo.



Y tras aquel cierre de la trilogía del Cornetto, que para muchos fue la mejor película del director (aunque no coincido en absoluto con esa apreciación), la nada. Cuatro largos años separan el estreno de aquella del de Baby Driver.

Corre, Baby, corre

Baby (Ansel Elgort) es un jovenzuelo que tiene mucha maña con el volante y vive de conducir en huidas de atracos. Lo hace al ritmo de unas canciones que suenan de forma casi constante en sus auriculares para mitigar un molesto acúfeno consecuencia del mismo accidente de tráfico que lo dejó huérfano. Pero un día Baby conoce a Debora (Lily James), se enamora y decide que debe dejar el mundo del crimen y disfrutar de la vida con ella.


Un montón de tíos creyéndose muy guays.
Photo by Wilson Webb - © 2016 CTMG, Inc. All Rights Reserved.

Baby Driver sigue la historia de Baby y nos presenta a varios grupos de atracadores y a la mente maestra tras los atracos, el infame Doc (interpretado por Kevin Spacey), y nos deja claro que hay ambientes más difíciles de dejar que el tabaco.

La película se apoya sobre un primer acto frenético y muy vistoso. En los primeros compases, con esa huida al ritmo de la música, Baby Driver deja claro que va a ser un espectáculo audiovisual muy gozable y Wright nunca olvida ese factor. No obstante, el ritmo se estanca en una serie de giros bastante grises, que a menudo no hacen avanzar la historia. El tercer acto arranca, tras un giro lamentable, con otra alocada y divertida persecución, pero acaba resultando algo cansino: el clímax parece que no va a llegar nunca y deja la sensación de tratarse de un segmento bastante estirado.


Los actos narrativos de Baby Driver siguen el paradigma con tanta fidelidad que Syd Field habría llorado de gusto.
Photo by Wilson Webb - © 2017 TriStar Pictures, Inc. and MRC II Distribution Company L.P. All Rights Reserved.


Desbancando a Ich Will

Ich Will es una canción del álbum Mutter, del grupo alemán de metal industrial Rammstein, cuyo videoclip se centraba en el atraco a un banco. Baby Driver no es la mejor película de mundo, ni siquiera la mejor sobre atracos; pero es una firme candidata a mejor videoclip sobre atracos. Al menos es el que más minutos buenos ofrece.

El cine de Edgar Wright siempre ha tenido un punto videoclipero muy marcado, fan como es de los montajes vertiginosos y del uso juguetón y explícito de la música en la narración; pero nunca ha sido tan evidente como en Baby Driver. Todo da la sensación de ser un videoclip: el chirrido de los frenos y el ruido de los disparos son parte inseparable de las melodías, y los pasos y los golpes se adaptan a ella con placentera perfección.


El chaval ya tenía cara de atontado antes, pero después de ver a Lily James casi tiene que ir a buscar una fregona para limpiar las babas del suelo.
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Conclusión

La parte que funciona de Baby Driver es estupenda, pero a veces la narración se pierde entre todas las luces, los tiros, las persecuciones y la tensión entre los personajes. La deliciosa fusión de la imagen con la música es una razón de peso para no apartar la vista de la pantalla, pero otros aspectos de la película parecen estropear lo que habría sido un magnífico videoclip.

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